Sábado, 08 de mayo de 2021

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Del santo patrono de la familia, San José

por En cuerpo y alma

 

 
            Leo estos días la propuesta realizada por el Presidente de la Conferencia Episcopal de El Salvador, Mons. José Luis Escobar Alas, de nombrar a San José, “modelo de esposo, de padre, y tutor de los jóvenes” y “defensor de los derechos de la mujer y de los niños” según afirma, patrono universal de la familia. Momento que me ha parecido idóneo para preguntarme por la situación “patronal”, si se me permite la palabra, de San José, el casto esposo de María y padre “según se creía” (Lc. 3, 23) de Jesús.
 
            Y para mi sorpresa, lo primero que me encuentro es que de facto, San José es ya el santo patrono de la familia. No porque lo diga yo, no, sino nada menos que ese gigante del s. XX que fue San Juan Pablo II, quien con ocasión de la famosa visita que realizaba a Cuba, y por cierto, en español, así lo afirmaba el 22 de enero de 1998 en la ciudad de Santa Clara, donde se despedía de los cubanos con estas palabras:
 
            “Lleven mi saludo a todos y llévense a sus hogares, además del recuerdo de esta bella celebración, el afecto y el cariño del Papa. San José, patrono de las familias, y Santa Clara, cuyo nombre lleva esta ciudad, estarán contentos por ustedes e intercederán ante el Señor. ¡Que Dios los bendiga a todos!”.
 
            No es el único patronazgo que ejerce San José. Entre otros muchísimos más o menos oficiales, tanto gremiales como locales, Santa Teresa lo declara santo patrono del Carmelo en 1621, siendo autorizada en 1689 la fiesta del patronato el tercer domingo de pascua. El Opus Dei también se emplaza bajo el santo patronazgo del esposo de María.
 
            Es igualmente santo patrono de los obreros: el 1 de mayo del año 1955, en el discurso que dirige a los obreros reunidos en la Plaza de San Pedro de Roma, y en la intención de dar un sentido cristiano a la festividad del 1 de mayo, el Papa Pío XII instituye, de hecho, la fiesta de San José Obrero, cosa que hace con estas palabras:
 
            “Sea para todos los obreros del mundo [San José], especial protector ante Dios, y escudo para tutela y defensa en las penalidades y en los riesgos del trabajo”.
 
            Ocasión en la que, por cierto y una vez más, aprovecha para ratificar la especial vinculación que une a San José con la familia, y el patronazgo que ejerce sobre ella:
 
            “El humilde obrero de Nazaret, además de encarnar delante de Dios y de la Iglesia la dignidad del obrero manual, sea también el próvido guardián de vosotros y de vuestras familias”.
 
            Pero por encima de todos, existe un patronazgo solemne e universalmente proclamado que convierte al padre putativo de Jesús en patrono de la Iglesia Católica, y que es el que realiza Pío IX cuando el 8 de diciembre de 1870, en plena fiesta de la Inmaculada y en plena celebración del Concilio Vaticano I, lo declara santo patrono de la Iglesia Católica, algo que queda solemnemente ratificado en el Decreto “Quemadmodum Deus”, firmado por el Cardenal Patrizi, Prefecto de la Sagrada Congregación de Ritos, en estos términos:
 
            “Y puesto que en estos tiempos tristísimos la misma Iglesia es atacada por doquier por sus enemigos y se ve oprimida por tan graves calamidades que parece que los impíos hacen prevalecer sobre ella las puertas del infierno, los venerables obispos de todo el orbe católico, en su nombre y en el de los fieles a ellos confiados, elevaron sus preces al Sumo Pontífice para que se dignara constituir a san José por patrono de la Iglesia. Y al haber sido renovadas con más fuerza estas mismas peticiones y votos durante el santo concilio ecuménico Vaticano, Nuestro Santísimo Papa Pío IX, conmovido por la luctuosa situación de estos tiempos, para ponerse a sí mismo y a todos los fieles bajo el poderosísimo patrocinio del santo patriarca José, quiso satisfacer los votos de los obispos y solemnemente lo declaró Patrono de la Iglesia Católica. Y ordenó que se su fiesta del 19 de marzo se celebrara en lo sucesivo con rito doble de primera clase, sin octava por motivo de caer en cuaresma. También dispuso que esta declaración se publicara por el presente decreto de la Sagrada Congregación de Ritos en este día de la Inmaculada Concepción de la Virgen madre de Dios y esposa del castísimo José”.
 
            Y sin más por hoy queridos amigos, que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos. Seguimos mañana.
 
 
            ©L.A.
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