Miércoles, 11 de diciembre de 2019

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El Símbolo como herramienta de comunicación

El Símbolo como herramienta de comunicación

por La divina proporción

¿Para qué necesitamos los símbolos en un siglo donde la comunicación es tan inmediata y rápida que podría se utilizada para explicar en vivo cualquier cosa? Los símbolos parecen algo del pasado. Parecen algo que no terminamos de comprender. Muchas personas se preguntan ¿Por qué no decir las cosas claras y dejarnos de “tapujos” y “misterios”. ¿Para qué necesitamos los símbolos en pleno siglo XXI? 

El ser humano es un ser simbólico que utiliza una diversidad de herramientas y métodos para comunicarse con otras personas. Entre estos métodos-medios de comunicación están los símbolos. En el cristianismo, los símbolos se utilizan para comunicar Misterios. Es decir, aquello que supera la capacidad de comunicación verbal inmediata y para penetrar en ello, necesitan símiles, acercamientos, pistas, que tendremos que reflexionar durante toda la vida. Los símbolos no son elementos estáticos, muertos o cotidianos. 

El símbolo comunica al hombre su contenido que, precisamente porque es vivo y ligado a la vida, se presenta al principio como un fluido, como algo dinámico, palpitante pero acategorial. Sólo en un segundo tiempo empieza a interpelar a todo hombre y le pide una colaboración, pidiendo ser descifrado, descodificado, pensado, reflexionado, precisado, también racionalmente. El símbolo exige, por lo tanto, una participación activa a quien se deja implicar en el proceso que pone en acto. (M. I. Rupnik. Teología de la Evangelización desde la Belleza, Consecuencias para la Teología y la Acción Pastoral, 3) 

La Nueva Evangelización debería incluir una fuerte alfabetización simbólica, empezando por las personas participamos y estamos comprometidos con la Iglesia. ¿Cómo vamos a comunicar que existe algo más allá del activismo, sentimentalismo y racionalismo, si no tenemos la capacidad de comunicar los símbolos que fundamentan la transcendencia? 

En nuestra época estamos viendo qué sucede cuando reducimos el cristianismo a lo inmediato y  aun tipo de activismo fuerte o leve. Por ejemplo, reducir el cristianismo a gestos solidarios es olvidarnos que Dios es Caridad y la Caridad es mucho más que solidaridad. Reducir la Liturgia a ceremonias rutinarias es olvidarnos que podemos orar comunitariamente con nuestros gestos y actitudes. 

Este cristianismo inmanente, superficial, activista convierte la fe en una cultura más, dentro de las decenas que hay dentro de nuestra sociedad. Una cultura socialmente útil, mientras no pongamos en señalemos públicamente que existe algo más detrás de nuestras acciones y eventos. Mientras dejemos la fe en casa y nos dediquemos a ahorrar dinero a los estados, no tendremos problemas. 

Si perdemos la capacidad de entender y comunicar los símbolos, los evangelios dejarán de ser entendidos. Les pongo un ejemplo: la parábola de la Perla Preciosa y la pregunta que hacía Cristo en el evangelio del pasado domingo ¿Comprendemos todo esto? ¿Qué significa el comerciante de perlas? ¿Qué es “venderlo todo”? ¿Qué significa comprar la perla? ¿Nos quedamos en una explicación socio-marxista de lo que nos dice Cristo? ¿La ponemos en duda por la poca solidaridad del comerciante? ¿Qué tiene que ver esto con el Reino de Dios? ¿Para qué atesorar si lo que tenemos que hacer es compartir? ¿Por qué Cristo decía las cosas de forma tan complicada y no hablaba con claridad? 

Estas y otras muchas preguntas seguramente pasaron por la mente de las personas que estuvieron atentas al Evangelio del Domingo pasado. ¿Cuantos pastores se dieron cuenta de la oportunidad introducir el concepto de Misterio a los fieles asistentes? Me temo que pocos, ya que “en tiempos de melones, cortos los sermones” y hacer reflexionar a las personas es más complicado de darles una explicación superficial y sencilla. Sin duda se apoyarán en  la frase evangélica “Te doy gracias, Padre, porque has ocultado estas cosas a los grandes y sabios y se las has revelado a los sencillos” (Mt.13, 25), asimilando, erróneamente, la sencillez a la ignorancia. Sencillos fueron los pastores que se acercaron a visitar el portal de Belén, pero igual de sencillos fueron los Magos de Oriente, que supieron leer en las estrellas el mensaje de Dios. 

Los símbolos son como archivos comprimidos: pequeños, eficientes y capaces de conservar su contenido intacto para quien aprenda a abrirlos. Esperan décadas, siglos o milenios a que quien aprenda a utilizarlos, obtenga el tesoro contenido en su interior. Pero claro, hacernos con ellos requiere vender toda la soberbia y las apariencias sociales que nos impiden ahondar en el Misterio que llevan consigo. Cada símbolo es una perla escondida que sólo el comerciante experto sabe valorar.

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