Viernes, 29 de mayo de 2020

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De Adolf Eichmann, el criminal nazi colgado por los israelíes en 1962

por En cuerpo y alma

 
            Era la culminación de una operación sin precedentes. Todo empezaba a finales de los años 50 cuando Karl Adolf Eichmann era localizado por agentes del Mossad (o por el conocido cazanazis Simon Wiezental), utilizando un nombre falso, Ricardo Klement, en la localidad de Bancalari en la Zona Norte del Gran Buenos Aires, residiendo en una calle, Garibaldi, que dio nombre a la inaudita operación por su audacia y por su precisión.
 
Adolf Eichmann,
oficial nazi
Adolf Eichmann,
en Jerusalén

            El 1 de mayo de 1960 un equipo de “nokmin” (“vengadores”) del espionaje israelí dirigido por Rafael Eitan llegan a Buenos Aires. Sólo diez días después, el 11 de mayo, esperan a Eichmann en una calle fingiendo que su coche estaba roto, a su llegada en el ómnibus (como llaman los argentinos al autobús) de la línea 203. Cuando Eichmann llega, uno de los agentes, tras decirle en español: “un momento señor, ¿puedo preguntarle algo?”, se le abalanza encima. Aunque Eichmann gritó, el motor del coche amortiguó sus gritos y se consumó el secuestro. Los cuatro hombres del Servicio Secreto israelí lo trasladaron a un piso franco donde lo interrogaron, y en el que finalmente,  reconoció ser Eichmann.
 
            La misión era llevarlo a Israel en un avión de la línea El Al que por motivos burocráticos, demoró hasta una semana en entrar en Argentina. El 20 de mayo finalmente, el avión aterriza y Eichmann es conducido semiinsconciente al aeropuerto internacional de Ezeiza, donde con identidad falsa, vestido como mecánico de la aeronave y simulando ebriedad, pasa los controles de seguridad para ser conducido a Israel.
 
            El gobierno argentino presidido por Arturo Frondizi protestó severamente la grave violación de la soberanía y el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas apoyó la reivindicación argentina, pero Israel nunca entregó a su prisionero, a quien por el contrario, inició un juicio en Jerusalén, hallándolo el jurado culpable de un delito de genocidio. El juicio finaliza el 15 de diciembre de 1961 con una condena a muerte en la horca, la cual se cumplió poco antes de la medianoche del 31 de mayo de 1962 en la prisión de Ramla, hace escaso minutos pues, exactamente cincuenta años.
 
            El magnífico “Diccionario biográfico de nazismo y III Reich” escrito por mi buen amigo Fernando Navarro dice sobre Eichmann:
 
            “Teniente coronel de las SS y jefe de la oficina de asuntos judíos de la Gestapo encargada de ejecutar la Solución Final. Nació en Solingen el 19 de marzo de 1906, en el seno de una estricta familia protestante. […] No terminó sus estudios de ingeniería. […] El 1 de abril de 1932 se unió al Partido nazi austríaco […] En julio de 1933 [se unió] a la Legión austríaca en el exilio en donde durante catorce meses fue adiestrado militarmente. En septiembre de 1934 entró en el Servicio de Seguridad (SD) de Himmler […] A principios de 1935 era oficialmente responsable de los “asuntos judíos” en el cuartel general de la SD de Berlín, especializándose en el movimiento sionista. Aprendió un poco de hebreo y yiddish y visitó Palestina en 1937 para estudiar la viabilidad de una deportación de los judíos alemanes. […] Desde agosto de 1938 estuvo a cargo de la Oficina de emigración Judía de Viena instalada por las SS como la única agencia nazi autorizada para emitir visados de salida a los judíos austríacos. […] Eichmann se convirtió en experto en “deportaciones forzosas” (en menos de 18 meses unos 150.000 judíos abandonaron Austria) […] En marzo de 1939 ya organizaba deportaciones forzosas a Polonia, y en octubre de ese mismo año fue nombrado consejero especial para la “evacuación” de judíos y polacos. En diciembre de 1939 Eichmann fue transferido a la Amt IV (Grupo IV investigación de oponentes) de la Gestapo de la Oficina principal de Seguridad del reich (RSHA) en donde asumió el mando de Sección IVB4 (“asuntos judíos y evacuación”)
            Durante los siguientes seis años, la oficina de Eichmann fue la base para el desarrollo de la llamada Solución Final. […] En el verano de 1941 su oficina de reubicación comenzó la construcción de campos de exterminio y a desarrollar técnicas para gasear y transportar a los judíos europeos hasta los campos de la muerte. En 1941 Eichmann visitó por vez primera Auschwitz y en noviembre de ese mismo año fue ascendido a teniente coronel de las SS.
            Durante la Conferencia de Wansee de 20 de enero de 1942, consolidó su posición como especialista judío de la RSHA y Heydrich (organizador de esa espeluznante reunión) dejó en sus manos formalmente la ejecución de la Solución Final. Su afán y dedicación al asesinato masivo que le había sido asignado quedaron patentes por sus continuas quejas ante los obstáculos que iba encontrando para cumplir con sus objetivos de exterminio, en su desasosiego al conocer probables vías de escape de judíos de la Francia de Vichy o por la falta de entusiasmo de los italianos.
            En marzo de 1944 ya en Budapest, este criminal burócrata se convirtió en una personalidad pública actuando al descubierto y siendo el principal protagonista de la masacre de judíos húngaros. En agosto de 1944, el “Gran Inquisidor” de los judíos europeos pudo informar a Himmler de que aproximadamente cuatro millones de judíos habían muerto en los campos de exterminio y que otros dos millones habían sido asesinados por las unidades de exterminio móviles. Aunque fue arrestado al final de la guerra, por aquel entonces su nombre no era muy conocido y en 1946 consiguió escapar de un campo de prisioneros americano y huir a Argentina, camuflado bajo el nombre falso de Ricardo Klement […]”
 
            Durante el juicio que se le siguió en Jerusalén, Eichmann dejó testimonios como el siguiente:
 
            “No perseguí a los judíos con avidez ni con placer. Fue el gobierno quien lo hizo. […] Acuso a los gobernantes de haber abusado de mi obediencia”.
 
            La filósofa Hannah Arendt publicará en 1963 su estudio “Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal”, en el que la autora se admira de que Eichmann no mostrara rastro alguno de antisemitismo, y de que todo hubiera venido provocado por un mero deseo de mejorar su carrera,
 
            Peter Malkin, uno de los agentes que detuvo a Eichmann en Buenos Aires, declaró sobre él:
 
            “Lo más inquietante de Eichmann es que no era un monstruo, sino simplemente un ser humano”.
 
 
            ©L.A.
            encuerpoyalma@movistar.es
 
 
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