Miércoles, 18 de septiembre de 2019

Religión en Libertad

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Lo que los protestantes nos pueden enseñar

por José Alberto Barrera

Me piden una crónica de lo que viví en el Concierto de Hillsong que tuvo lugar en el Palacio de Vistalegre el sábado pasado;  gustoso me pongo a ello, y lo voy a hacer a corazón abierto.

Pero antes de la crónica periodística al uso, déjenme empezar con una provocación, ¿qué tendrán estos protestantes de Hillsong para congregar a 6.500 jóvenes en Madrid y ser la envidia de todos los católicos que fuimos?

En el concierto me crucé con dos sacerdotes conocidos y estoy seguro de que no son los únicos que fueron, atraídos por algo cualitativamente tan distinto de lo que acostumbramos en la Iglesia católica que es difícil de conceptualizar para los que lo desconocen todo del mundo musical de hoy en día.

La fuerza de Hillsong estriba en muchos factores. Su música es tan buena técnicamente que ocupa los primeros puestos de las listas seculares, cada nota de sus canciones, cada voz, cada instrumento,  transmite a Dios, y lo más impresionante es que mueven a los jóvenes a una oración contemporánea, no exenta del compromiso por Cristo que incansablemente predican.

Pero músicos así no se improvisan, ni en lo técnico ni en lo espiritual. Son el fruto de un esfuerzo y una dedicación al tema de la música como alabanza a Dios e instrumento de evangelización, que viene de años atrás por parte de las iglesias protestantes.

Para quien conozca bien el mundo protestante, sabe la revolución teológica que supusieron realidades como La Viña (Vineyard music), nacida de un músico de los Everly Brothers metido a pastor, John Wimber, que quiso adorar a Dios alabándole de tú a tú.

 El resultado nos ha traído hasta hoy, una época en la que el único lenguaje que entiende la juventud posmoderna es el de la música, y Hillsong sabe interpretarlo a las mil maravillas.

¿Quieren una crónica?

Las colas eran larguísimas, y estaban toditas llenas de jóvenes jovencísimos -yo creo que los únicos viejos éramos los católicos y los promotores del evento- y la gente estaba ahí desde horas antes para asegurarse un buen puesto.

Se veía una gran proporción de latinoamericanos, lo cual responde perfectamente a la radiografía de las iglesias protestantes españolas. Lo  impresionante es que los que venían eran desde adolescentes hasta veinteañeros, precisamente la franja de edad que tenemos perdida en nuestra Iglesia.

De vez en cuando uno se cruzaba con alguien de la Renovación, y se veía que la gente venía de todos los lugares de España, como los maravillosos hermanos de Fe y Vida, la “última gran héroe” de las comunidades laicales en España radicada en Cantabria.

Por supuesto también se acercaron católicos de otros países que conocían a Hillsong. Un dato interesante es que en Latinoamérica los grandes conciertos de gente estilo Marcos Vidal, Marcos Barrientos y Marcos Witt atraen a tantos católicos, que  luego éstos son mayoría a la hora de consumir sus discos. Quizás por eso Hillsong ha sido galardonada en los Billboard latinos.

Ya dentro, la plaza de toros se echó a temblar con los primeros compases de la banda. Con Hillsong se canta a pleno pulmón, se salta incansablemente, se alaba a Dios con los brazos en alto y a una sola voz.

Como en cualquier concierto de hoy en día, se veían innumerables pantallas de cámaras y móviles que estaban encendidas como las velas de antaño, para no perderse una instantánea.

A mitad del concierto se para todo y aparece Gary Clarke, el pastor senior de Hillsong Londres, quien a sus más de cincuenta años fue capaz de dar en diez minutos el kerigma, llevarse de calle a los jóvenes presentes, e invitar a la conversión a todos los alejados.

Algo por otro lado muy protestante, en lo que nos dan sopas con onda, pues tienen un sentido afinadísimo de la necesidad de conversión de la gente, y llaman a ella con valentía y desparpajo.

¿Cómo se hace esto?

 Muy sencillo. Se explica a la gente que Cristo murió por ellos, que si ponemos nuestra fe en él somos salvos, y se invita a todos a hacer una oración de acción de gracias, arrepentimiento y aceptación de Cristo como Salvador y Señor.

Sin entrar en temas teológicos que como católicos tenemos que tener bien claros-  y en el bien entendido de que estamos en un concierto de alabanza y adoración, no en el sustituto de una misa con la que no se pretende competir-  si pudiéramos librarnos de nuestros lentes de católicos y ver que sencillamente se está llamando a la conversión, nuestros discursos para los jóvenes de hoy serían transformados.

Perdónenme por decir lo que sigue: un puñado de conciertos programados como actos culturales pero sin kerigma en la JMJ y unas catequesis que son un peñazo ininteligible para los somnolientos jóvenes que las tienen que aguantar como pueden, no son el sustituto de un anuncio serio, sencillo, breve y claro del kerigma, con una invitación a dar un paso al frente y poner la vida a los pies de Cristo.

Y es que los católicos de hoy en día ponemos la intensidad en el lugar equivocado, y pecamos de pesados, aburridos e incomprensibles para los jóvenes de hoy…y viendo a Hillsong uno se da cuenta de que es posible hacer las cosas de otro modo.

La intensidad de Hillsong empieza a nivel de conversión y luego sigue a nivel de compromiso cristiano. Yo me he hartado, literalmente, de ir al Dominium Theater en Londres- donde se reúne Hillsong todos los domingos-  para que machaconamente me prediquen la necesidad de entregarme a Dios y darle todo lo que tengo.

Siguiendo con la crónica, los propios cantantes de Hillsong quedaron impresionados, porque nunca habían visto un público  que cantara tan fuerte sus canciones. Se puede ver en este video y fue tal el clamor que en muchas ocasiones se tuvieron que callar porque no se les oia pues los 6.500 coreaban a gritos las letras que salían en las pantallas. (Las canciones son todas en ingles pero tienen traducción y hasta hay algún álbum publicado en español)

Yo no podía evitar pensar en la Salve Rociera que nos marcamos el millón de personas reunidas para la misa con Juan Pablo II en Colón a una sola voz, la cual me puso los pelos de punta y el corazón en un puño, como el perfecto ejemplo de lo que hace cantar algo que está en el corazón del pueblo.

¿Es tan difícil comprender que los jóvenes de hoy necesitan cantar y alabar a Dios en su lenguaje, el que les es contemporáneo y actual? ¿Por qué preferimos un coro superpitifláutico a tener a dos millones de jóvenes cantando a una voz? ¿Por qué insistimos en músicas desfasadas  y que sólo gustan a los mayores?

Al final mi conclusión es que lo que no demos en la Iglesia, la gente lo va a encontrar en otro lugar, llámese Coldplay, Beyonce, Eminem…y al revés, si en la Iglesia damos algo mejor que lo de “fuera”, la gente no irá a otro lugar a encontrarlo, y eso es exactamente lo que hace Hillsong.

¿Les suena la historia? ¿Se acuerdan de cuando la cristiandad producía arte, música, arquitectura y toda ella estaba basada en Cristo y era para Cristo? Cuando el rostro del arte era el rostro de Cristo, y todo lo que se contaba y transmitía era la historia de la salvación…

Eso es lo que hace Hillsong, pero nos cuesta reconocerlo, porque nos hemos quedado anticuados y no entendemos ni aceptamos que la juventud y la sociedad de ahora tenga otro lenguaje y otra filosofía, y seguiremos pegándonos contra un muro si pretendemos traerlos de  vuelta a la modernidad…

...porque la historia, en cristiano, es una historia lineal, y cada época tiene su manifestación de Dios, y en todas avanzamos hacia ese gran final escatológico y esa perpetua alabanza que será el cielo.

Y del cielo es de lo que hablaban mi mujer, nuestros acompañantes y todos los católicos que nos juntamos. Decían que el cielo sería así: todos alabando y exaltando a nuestro Dios, al cordero, y derramándonos en adoración….

Por eso los cantantes de Hillsong bajaban la cabeza y señalaban al cielo cuando la gente aplaudía entre canción y canción…algo tan distinto de la gloria que los cantantes del mundo buscan para sí…

"La banda de música hoy sois vosotros y el público es Dios" nos dijo Reuben Morgan, y así nos sentimos durante dos horas en Madrid…

 

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