Jueves, 23 de septiembre de 2021

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Aquel enero de 1571

Aquel enero de 1571

por Sólo Dios basta

Cuando se mira hacia atrás y se descubren grandes obras uno queda admirado. ¿Cómo harían esta catedral o este palacio o este puente? Pero si pasamos de la obra material a la espiritual la maravilla es mucho más impresionante y deslumbrante. Las piedras en piedras se quedan, pero los que viven entre esas piedras que muchos miran con atención son los que dan vida, luz y calor a esa casa, castillo o convento. Y nos quedamos en un convento: el que funda Santa Teresa de Jesús en Alba de Tormes el 25 de enero de 1571.

Vamos a recordar lo que sucede hace justo 450 años. No es cuestión de repetir lo que ella con fino pincel retrata en el capítulo 20 del libro de sus Fundaciones. El que quiera saber por qué se funda, con quién se funda y cómo se funda que lea a la doctora de la Iglesia. Lo que es bueno recordar es esa otra historia, la obra espiritual que tiene lugar y que no está escrita en ningún documento. Me refiero a lo que vive Santa Teresa en esos momentos de la mano de su gran apoyo y confidente que es fray Juan de la Cruz.

Algunos igual no saben que San Juan de la Cruz acompaña a la Santa de Ávila en dos de sus fundaciones. Ahora nos quedamos en Alba de Tormes, muy cerca de Salamanca, a la vera del río Tormes, bajo la mirada del castillo de los Duques de Alba. Alba de Tormes es un lugar para recorrer con toda paz y conocer sus iglesias, sus calles, lo que queda del castillo ducal y sobre todo la obra que la Madre Teresa de Jesús y el Padre Juan de la Cruz han dejado para siempre: ¡la fundación de un convento carmelitano!

Santa Teresa de Jesús está en Salamanca en su reciente fundación. San Juan de la Cruz cerca de Alba, en Mancera de Abajo, a donde se ha trasladado el primer convento de frailes carmelitas descalzos de Duruelo. Los dos se han conocido en Medina del Campo, han pasado un tiempo en Valladolid, se han visto de paso en Duruelo y ahora se encuentran de nuevo. El lugar no puede ser más propicio: la villa de Alba de Tormes. Fray Juan, sin llegar a los 30 años, quiere acompañar a la madre Teresa que a sus 55  años no para de fundar conventos. Este es el octavo y todavía le quedan varios por fundar.

Juan de la Cruz acaba de empezar una vida nueva, el Carmelo Descalzo. Es lo que quería, y ella también. Los dos se sienten llamados a dar vida a la Iglesia desde esa llamada dentro de la llamada: renovar la vida religiosa que parece que deja de tener ese encanto especial para que los jóvenes que acuden a Salamanca, Alcalá y otros ciudades universitarias se encuentren con un modo de vida que les atraiga para decir que quieren seguir los pasos de esos frailes que empiezan a verse por las calles con un hábito marrón. Es lo que ha vivido el mismo fray Juan siendo fraile y que al encontrarse con Santa Teresa en Medina ha trastocado sus planes. Los dos sueñan con un Carmelo nuevo, vivo y lleno de Dios. Las monjas ya tienen varios conventos, los frailes sólo alguno.

En este ambiente se funda el Carmelo de Alba de Tormes. Fray Juan de la Cruz acude para ayudar de la Santa de Castilla en esta obra. No se conforma con una visita de paso, que va. ¡Va a mancharse, a cansarse, a dar todo lo que puede y más en aquello que es su vida: el Carmelo Descalzo! Hay que verlo como peón terminando de preparar las casas compradas para darles cuerpo de convento. Sabe lo que es tirar un muro, cargar con espuertas, tragar polvo en abundancia y lo que una obra supone. Lo ha hecho desde pequeño y lo seguirá haciendo allí donde funda convento de frailes, en Segovia, y sobre todo por su querida Andalucía. La obra de piedra forma parte de la vida de este Santo. Es un hecho que nos ayuda a conocer mejor al fraile místico de Fontiveros.

Entre piedras y maderas también dedica tiempo a la otra obra, la espiritual, la de atender espiritualmente a las monjas que allí se encuentran. Los carmelitas descalzos nacemos para acompañar en la vida espiritual a nuestras hermanas, las carmelitas descalzas, y entre frailes y monjas llevar la presencia orante del amor de Dios allí donde hay una casa de los hijos de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. Es la esencia, el carisma, la identidad; hay otras realidades que complementan, pero si esto se pierde, se pierde todo, se pierde el sentido y se pierde la unión con los fundadores del Carmelo Descalzo. Es la obra espiritual que la mística doctora propone al fraile de Fontiveros para llevarla adelante. ¡Por eso fray Juan va a Alba! ¡Ese tiempo en Alba entre los dos es clave! ¡Ahí tenemos que entrar!

¡Qué de ratos pasarían juntos en oración, en diálogo, en confidencias, en miradas al futuro, en repaso de lo hecho hasta el momento, en buscar soluciones a problemas que empezaban a nacer, en dar gracias a Dios por ver a jóvenes que se deciden a seguir a Dios como frailes y monjas y dar gloria Dios con sus vidas, en…!

La fundación llega a feliz término. ¡Y lo más curioso es que allí quedan la Madre Teresa de Jesús y fray Juan de la Cruz para siempre! Sí, Santa Teresa sigue su camino de fundadora y fray Juan con la misma tarea. Con el paso del tiempo se funda también un convento de frailes en Alba de Tormes y la iglesia se convierte en la primera que se dedica a este fraile que con sus manos levanta parte del convento de las monjas y con su alma, llena de Dios, enciende en el amor divino a monjas y vecinos de Alba de Tormes. En el convento de las monjas reposan los restos de Santa Teresa ya que aquí, en Alba de Tormes, entrega su alma a Dios la noche del 4 de octubre de 1582. Allí es visitada, venerada e invocada por peregrinos de todos los lugares del mundo. Soy testigo de ello, y emociona mucho, muchísimo. Ver cómo vienen gentes de lugares tan lejanos a encontrarse con Santa Teresa de Jesús.  San Juan de la Cruz muere en Úbeda y luego es trasladado a Segovia. Y ahora, al celebrar los 450 años de la fundación del monasterio de monjas carmelitas descalzas en Alba, un busto de bronce con la recomposición del rostro real de este gran santo que tanto ayuda en esta obra a la Madre Teresa, ha llegado a esta fundación teresiana en recuerdo de esa gran labor física y espiritual que fray Juan de la Cruz lleva a cabo en la villa de Alba de Tormes.

Para fray Juan de la Cruz esta vivencia tan especial es la primera salida fundacional en compañía de la Madre Teresa, es el primer apoyo directo a la nueva orden religiosa que da sus primeros pasos y es el primer momento para compartir lo que los dos habían soñado y que comienza a ser realidad dejando de ser un sueño. Hay que contemplar esta escena entre los dos santos, dejarlos que hablen, que sueñen y que sigan dando vida a su obra, el Carmelo Descalzo. De estas intimidades que han acontecido casi en penumbra se cumplen 450 años. Es hora de sacar a la luz esta convivencia y dar gracias a Dios por todo lo vivido entre la Santa de Ávila y el Santo de Fontiveros en Alba de Tormes durante aquel enero de 1571.

 

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