Jueves, 08 de diciembre de 2022

Religión en Libertad

Blog

Crítica escrita por el Dr. Martín Ibarra

«La persecución religiosa en la Archidiócesis de Toledo. 1936-1939». Tomo primero

por Victor in vínculis

Me parecía un poco pedante publicar una reseña en mi propio blog sobre uno de mis libros... Intento usar lo menos posible el "yo". Pero, primero, me parece un esfuerzo más que notable el realizado por el Dr. Ibarra -que tanto y tan bien ha escrito sobre los mártires de Barbastro- al analizar en esta extensa reseña sobre el primer volumen de este Martirologio, para que quedase guardada en un carpeta del escritorio de mi portátil. Y segundo, porque esto no va de mí, ni de lo que yo he hecho [obedecer y seguir la senda ya caminada de mis predecesores: Juan Francisco Rivera Recio, Miguel López Santana y Jaime Colomina Torner], sino de los mártires asesinados en la ciudad de Toledo a la sombra del episodio heroico de la defensa de El Alcázar toledano. Y tercero, de nuevo aprovecho para poneros el enlace que podéis descargar gratuitamente para poder leer y ver -incluso ampliándolas- las fotos de este trabajo.

toledo_1936_1939_tomo_primero.pdf (cardenaldonmarcelo.es)

Jorge López Teulón, La persecución religiosa en la Archidiócesis de Toledo. 1936-1939. Tomo primero. En la ciudad de Toledo, Arzobispado de Toledo, Talavera de la Reina 2019, 607 págs.

Con inmensa alegría he acabado la lectura del primer tomo sobre La persecución religiosa en la Archidiócesis de Toledo 1936-1939, centrado en la ciudad de Toledo. Inmensa alegría por la labor realizada; por la excelente presentación y maquetación; por el esfuerzo en hacer comprensible lo sucedido; porque se trasluce perfectamente el espíritu que animaba a los mártires; por la visión global de la persecución en la archidiócesis y en toda España; por tener claro que se trata de una lucha ab initio, que hunde sus raíces y su explicación más íntima en la Teología y en la Historia de la Iglesia.

Su autor es el sacerdote diocesano don Jorge López Teulón, capellán del Colegio Compañía de María de la Orden de Hijas de María Nuestra Señora en Talavera (1996), Postulador de la Causa de los Mártires de la persecución religiosa para la provincia eclesiástica de Toledo y de la diócesis de Ávila desde el año 2002. Cuenta con un prólogo del (entonces) arzobispo de Toledo y Primado de España don Braulio Rodríguez Plaza. En él escribe: “Pero sobre todo agradecemos al autor su interés y esfuerzo por enardecer nuestro corazón con el deseo que debe estar presente en todo cristiano, el deseo de la entrega a Cristo y a la Iglesia. Nuestros hermanos mártires nos dan una lección, sobre todo, de humildad porque con su muerte aceptan gozosos la voluntad de Dios sobre ellos despojándose del primer y más valioso don que nos hace el Creador, que es la propia vida, para alcanzar la vida de Dios” (5-6). A este prólogo le sucede una página del Vicario para el Clero don Álvaro García Paniagua (8) y otra del Deán del Cabildo de la SICP de Toledo monseñor Juan Miguel Ferrer Grenesche (9).

El autor realiza este trabajo “en memoria de los sacerdotes de la Archidiócesis de Toledo que alcanzaron la palma del martirio en la ciudad imperial en el trágico verano de 1936” y se lo dedica “a todos los sacerdotes de Toledo”, a “la orden de Hijas de María Nuestra Señora del Colegio “Compañía de María” de Talavera de la Reina” y al “Hogar Nido Jesús Niños de Guatemala” y a su familia. El libro se acabó de imprimir el 29 de septiembre, festividad de los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael.

  1. Inmensa labor realizada.

No es la primera vez que el autor se acerca al tema martirial y de la archidiócesis de Toledo. Recordaré únicamente algunos de sus títulos, comenzando por Los mártires de Hitler. Víctor in vínculis. Altísimo Señor, bendice también a mis enemigos, Toledo 1995, fruto de su viaje a Polonia en 1991 y de posteriores lecturas. Toledo 1936, ciudad mártir, Madrid 2008, un libro de historia novelado, que hace asequible al gran público lo sucedido. El mártir de cada día, Madrid 2013, obra en dos tomos publicada por Edibesa, de divulgación de alta calidad. Llamados a la santidad. Mártires seglares de la persecución religiosa en la Archidiócesis de Toledo, Toledo 2013, obra imprescindible, que hace justicia a los laicos ejemplares de esta Archidiócesis. 1931. Cardenal Pedro Segura, Toledo 2018, una crónica sencilla, bien documentada e ilustrada, muy ágil de leer. En 2019 publicó el libro que completa la reseña que realizamos: Tomo Segundo. Vicaría de Toledo y Talavera, Toledo 2019, con prólogo del cardenal Robert Sarah. Por último, este año 2022 ha publicado con Editorial San Román, Inspirados por Satanás, libro en que se conjugan con maestría la narración y las ilustraciones.

También López Teulón ha creado la página www.persecucionreligiosa.es y es colaborador habitual en un blog dentro de la página www.religionenlibertad.com Colabora como ponente en las Jornadas Martiriales de Barbastro desde su creación en 2013.

El libro que analizamos ahora trata de un estudio pormenorizado de los sacerdotes diocesanos que sufrieron la persecución religiosa en la archidiócesis de Toledo, a los que se suman cinco seminaristas. El autor ha consultado todas las fuentes disponibles en el proceso de beatificación, la bibliografía existente, el Anuario Diocesano de Toledo, publicaciones parroquiales, la revista diocesana Padrenuestro y el diario El Castellano (1904-1936). Empero, no hay que olvidar las abundantes citas del Siglo Futuro, La Hormiga de Oro, ABC, El Alcázar y otros muchos, también revistas de arte.

Entre la bibliografía, es preciso destacar los libros fundamentales: Juan Francisco Rivera Recio, La persecución en la diócesis de Toledo, Toledo 1958; Sebastián Cirac Estopañán, Martirologio de Cuenca. Crónica Diocesana conquense de la época roja, Barcelona 1947; Gregorio Sedano, Del Martirologio de la Iglesia abulense en 1936, Ávila 1941; Andrés Sánchez Sánchez, Mártires de nuestro tiempo. Pasión y gloria de la Iglesia abulense (edición de José Antonio Calvo Gómez), Ávila 2003. A estos libros se añaden otros muchos, entre los que destacamos los de Jesús Fernández-Gallardo López, Los conventos toledanos en 1936. Sus azares y avatares, Toledo 1999; Eduardo Sánchez Butragueño, Toledo Olvidado, Toledo 2015.

De los periodistas que ofrecen información de primera mano, hay que destacar a Luis Moreno Nieto, que conoció a muchos de los mártires, escribió numerosos artículos y publicó su Diccionario Enciclopédico de Toledo y su provincia, donde aparece mucha información. Otro periodista toledano, Adoración Gómez Camarero, fue director del diario El Castellano de Toledo y después colaborador de El Alcázar. Sus crónicas son utilizadas con frecuencia.

A esto se añade el esfuerzo gráfico, que complementa, explica y clarifica el texto, procedente sobre todo del material acumulado en la Postulación para las Causas de los Mártires del Arzobispado de Toledo, del fotógrafo Eduardo Sánchez Butragueño y de la colección de Luis Alba.

De una manera especial deseamos hacer mención de la correspondencia, tanto activa como pasiva, de los mártires. Resulta un elemento imprescindible, que da relieve a su personalidad. Se citan docenas de cartas, normalmente en un color y una tipografía diferente.

Después del prólogo del arzobispo, comienza la introducción general a esta magna obra, que se desarrollará en diferentes tomos. El autor habla de la Archidiócesis de Toledo en 1930 (11-12) y en 2015 (12-15), ofreciendo un listado de los 298 sacerdotes mártires, por vicarías y arciprestazgos (16-49). Añade información sobre sacerdotes vinculados a la archidiócesis y trabajando en otros destinos (49).

En la página 50 comienza propiamente lo relacionado con este tomo primero: “Martirio en las calles de Toledo. 61 días, 108 mártires”. Los precede una breve introducción (53-4) en que explica que ha elegido como la mejor manera de narrar lo sucedido ajustarse al callejero de la ciudad de Toledo en los lugares donde los mártires sufrieron martirio, además de seguir un orden cronológico. Conforme vaya citándolos, elaborará una breve biografía sobre los mismos. A continuación, presenta un índice (55-62) en el que día a día, comenzando en el 22 de julio de 1936, refiere los lugares martiriales y los mártires, que irá desgranando posteriormente (63-564). Esto se completa con cuatro apéndices: “1. Cinco sacerdotes más” (564-578); “2. Sacerdotes en Madrid” (579-583); “3. El cardenal Isidro Gomá” (584-591); “4. Via crucis del Señor” (592-599). Finaliza con un índice por apellidos (601-5).

Son frecuentes las citas de documentos o de artículos ya publicados. Algunos de ellos son de los propios mártires, como el que recoge del beato José Polo Benito sobre el “Museo Parroquial de Toledo”, publicado en la revista La Hormiga de Oro de 2 de mayo de 1929. Forma parte del deseo del autor de explicar y hacer comprender lo sucedido, más que de mostrarse como un autor original.

  1. Excelente presentación y maquetación.

No es fácil publicar un libro de estas características, de buena presentación, buena organización de contenido, abundancia de ilustraciones, limpieza de las páginas y casi ausencia de erratas. Las numerosas fotografías que presenta, muchas de ellas poco conocidas, resultan oportunas y clarificadoras sobre lo que se está hablando, bien sea lo relacionado con las biografías bien con el martirio. La mayor parte de los siervos de Dios aparecen retratados o dentro de fotografías publicadas en la prensa. Algunas de estas fotografías a página entera, a sangre, resultan espectaculares. Citaremos algunas. La primera, del cardenal Isidro Gomá, arzobispo primado de Toledo, en la puerta del Hotel Castilla el 3 de octubre de 1936. La segunda, publicada por Eduardo Sánchez Butragueño en su libro Toledo olvidado es una parodia de los milicianos que habían ocupado el palacio episcopal y robado el solideo y otros objetos personales del cardenal. Uno se disfrazó del cardenal e impartía la bendición a los demás milicianos (196).

Resulta interesantísima la información y las fotografías del documental sobre la Segunda Guerra Mundial, titulado WWII in Colour: Spanish Civil War, en el que aparecen imágenes de Toledo, en el arranque del paseo de San Cristóbal. Aparece un vehículo que asciende, y el cadáver de un fusilado, que el autor piensa que podría tratarse de don Rufino Ortiz-Villajos Plaza, capellán del Asilo Provincial de Toledo (264-270). Son también numerosas las fotografías de los lugares donde se hallan enterrados, como en el cementerio municipal de Toledo (290-1).

Se agradece mucho el empleo de los títulos en rojo, a diferente tamaño, que clarifican y ordenan la lectura. Es este color, el rojo, uno de los más empleados, tanto en la portada como en los títulos o rodeando algunas ilustraciones: no en vano es el más representativo del martirio. Son también abundantes los recortes de periódicos, con noticias o escritos de los mártires; así como algunos carteles de los procesos de beatificación y portadas de folletos o libros sobre los biografiados. Esto requiere un trabajo muy considerable. Así, resulta de gran interés que recoja documentación de periódicos extranjeros, como el aparecido en Il Mattino Ilustrato en otoño de 1936, con el episodio de un profesor del Seminario de Toledo (Beato Guillermo Plaza).

  1. Esfuerzo en hacer comprensible lo sucedido.

El autor explica en las notas de pie de página aquello que es necesario para la comprensión del texto, no tanto para demostrar su erudición: personas, instituciones, conventos, cambios de nombre y de circunstancias. Cuando menciona a la Asociación Católica de Propagandistas, explica su nacimiento, objetivos, desarrollo y relación con Toledo. También explica todo lo relacionado con las fuentes que emplea y los documentos que cita. Este es el caso del documento titulado “Los Jesuitas y la revolución” (185-194).  O al mencionar el Día de la Prensa, nacido el año 1916 (292) o a la Confederación Española de Sindicatos Obreros (303). Esto lo hace citando también algunas fuentes del Frente Popular, como la revista Estampa de 3 de octubre de 1936, que reproduce por completo en una página. A continuación, refiere el testimonio de las religiosas Agustinas de la Purísima Concepción, que contradice por completo lo allí escrito.

Resulta muy interesante lo que escribe sobre “El martirio del arte: las trágicas fotos de Pelayo Mas” (316-9) y los pies de fotos de muchas de las fotografías donde se comprueba la destrucción del patrimonio arquitectónico, escultórico, pictórico o bibliográfico de la Iglesia. Sus explicaciones sobre lo sucedido con la custodia de Arfe, el ostensorio de la custodia, el manto de las 80.000 perlas o la Biblia de San Luis, nos ayudan a comprender lo sucedido, la destrucción de unas cosas y el robo y saqueo de otras. En algunos casos como los presentes, las tribulaciones que sucedieron hasta su recuperación (520-8). También se extiende al hablar de la profanación de la tumba de santa Beatriz de Silva, con abundantes ilustraciones que nos muestran cómo algunos milicianos se convirtieron en profanadores profesionales de las tumbas de los conventos de religiosos (366-373). Una muestra del odio satánico.

Cuando hace referencia a acontecimientos del pasado, como el Congreso Eucarístico Nacional, explica bien en qué consiste, lo mismo que la festividad de Cristo Rey. E igual con el monumento al Sagrado Corazón de Jesús de la Vega de Toledo, cuya primera piedra se colocó en febrero de 1931 (478-481). Con mucha frecuencia utiliza textos de los propios mártires, con lo cual los conocemos más; y vamos comprendiendo mejor por qué años más tarde se les persiguió y asesinó. Al explicar la destrucción del Rosario Monumental de la Virgen del Sagrario, explica todo lo relacionado con la Cofradía-Esclavitud de Nuestra Señora del Sagrario fundada en 1924, con sus faroles monumentales de los que ofrece numerosos ejemplos (430-9).

Por último, hay que mencionar un recurso que es de agradecer. Con frecuencia cita lo relacionado con la devoción de los mártires, donde reposa su cuerpo en la actualidad. En la amplia biografía del deán don José Polo Benito, incluye una fotografía de la capilla donde se venera su cuerpo incorrupto, en la que se ve al cardenal Cañizares el 6 de noviembre de 2008 (429). Lo mismo sucede con las lápidas de algunos de los canónigos asesinados que reposan en el Cementerio de los Canónigos (442-4).

  1. El espíritu que animaba a los mártires.

Partimos de la veracidad de la información y de los martirios que narra, gracias al importante volumen de información recogida, a su labor como postulador y a las numerosas publicaciones anteriores. También presenta las dudas que hay sobre el martirio de algunos sacerdotes; o la falta la información necesaria, como es el caso de don Antonio López de las Hazas o Casimiro Contreras Ropero, para determinar las circunstancias de su martirio (50).

Resulta muy de agradecer que el estudio del autor nos muestra en numerosísimas ocasiones el espíritu que animaba a estos mártires. De algunos conservamos correspondencia del año 1933 en que muestran su disposición al martirio, como es el caso de don Fausto Cantero Roncero, beneficiado de la SICP de Toledo y capellán del convento de Santa Clara: “No podemos merecer en el mundo mejor suerte que la de ser perseguidos y despreciados por amor a Jesucristo. ¿Qué mayor dicha que la de que sintamos en nuestro corazón el temple de los leales a Jesucristo? ¿Y qué mayor gloria que la de que podamos presentar piel de mártires? ¿Mártires? Sí. ¿Por qué temerlo? No de palabras. ¡De verdad! Aspiremos a merecer esta dicha con una vida muy de Dios” (472).

Recordamos cuando describe el martirio del beato Pedro Ruiz de los Paños y de don José Sala Picó en el Paseo del Tránsito el 23 de julio. Escribe ampliamente de los días previos al martirio, la noche del 22 de julio y la carta que el beato Pedro dirige a sus hermanos el día 22: “Pidiendo al Señor en la capilla hemos estado los días últimos a fin de que a todos los aplacase. No hemos podido hacer más. Pero ahora, con la calumnia propalada, será difícil salir del Seminario y no sé lo que sucederá. […] Yo no tengo más deseo ni más esperanza que Jesús, de manera que allí os espero” (85-97).

O el caso del siervo de Dios Juan Carrillo de los Silos, capellán de Reyes Nuevos de la Catedral de Toledo. El 31 de julio por la tarde llegan los milicianos a su casa y le piden que les acompañe vestido de paisano. Su hermana Eloísa le adapta uno de los trajes de su marido. Don Juan se despide de ella: “Sé buena: te pido por favor que los perdones, no los mires mal; si algo te queda, repártelo con sus hijos” (257).

Muy bien recogió este espíritu el cardenal Isidro Gomá: “Vedlos a la hora de morir. El asesino les intima que renieguen de su fe; o sencillamente dispone la pistola o la ametralladora para taladrar sus cuerpos con el plomo mortífero. Yo no sé si en aquellos momentos un escalofrío de muerte recorrería sus miembros, si un movimiento espasmódico sacudiría lo más entrañable de su ser, que no en vano se encara un hombre con la muerte cierta en la plenitud de su vida. Pero sí sé que, en la mayoría de los casos, una sola palabra de transacción con los principios revolucionarios, un solo gesto de compenetración espiritual con sus verdugos, una sola blasfemia les hubiese librado de la muerte, tal vez les hubiese abierto horizontes de vida placentera. Y no quisieron: sostuvieron y superaron aquellos momentos con el corazón impávido” (281).

  1. Visión global de la persecución.

Lo expresa con claridad en su introducción, recordando lo escrito en su novela histórica de 2008: “lo que nos disponemos a narrar no es más que uno de los muchos capítulos en que se divide el libro de la cruel persecución religiosa que se vivió en la España de los años 30, y que se concentró de manera salvaje en el segundo semestre de 1936, coincidiendo con el inicio de la guerra civil española” (53).

Queda patente en la lectura de estas páginas que el autor es conocedor de todo lo sucedido en la archidiócesis. Realiza numerosas explicaciones y contextualizaciones al hablar de cada martirio, así como una recapitulación de lo sucedido conforme pasan las semanas de julio y agosto en la ciudad de Toledo. Son muchas las precisiones que hace. Valga como ejemplo el de los sacerdotes fundadores de las Marías de los Sagrarios de Toledo: “los tres primeros sacerdotes que trabajaron por instaurar la Obra de las Marías de los Sagrarios sufrirían el martirio durante los días de la persecución religiosa” (515). O al narrar los asesinatos del 10 de agosto: “la ciudad de Toledo se convirtió en una auténtica ratonera. De los 68 sacerdotes que componían el clero catedralicio fueron asesinados 44 (el 65 %). Los canónigos eran 23 y martirizaron a 12; los beneficiados eran 22 y cayeron 14. Había 4 adscritos y mataron a 2. De la Capilla de Reyes de 10, 7 fueron asesinados. Finalmente, los 9 canónigos mozárabes murieron mártires en los trágicos meses de julio, agosto y septiembre de 1936” (398).

Lo propio sucede cuando habla del martirio del capellán de las Madres Jerónimas del convento de San Pablo, don José López Cañada. Recoge una relación que estas monjas realizaron, comenzando por la Segunda República, en que todo comenzó a cambiar: “¡Oh Jesús mío! ¡Cómo cambió todo! La gente ya no venía a la iglesia y los niños tampoco. Todo se volvió al revés. Cuando veían a nuestro Capellán, no hacían sino insultarle sin parar; tanto era que, a su propia casa y a nuestro monasterio, no paraban de tirar muchas piedras” (129-130). En 1932, “el capellán, como nos empezaron a quemar la puerta de nuestra iglesia, entró el Santísimo al coro, donde lo velamos de día y de noche” (130). Y es que, aunque no sufrieran martirio, las comunidades religiosas sufrieron una crudelísima persecución, no solo en tiempos de la Segunda República, sino durante toda la Guerra y el autor deja constancia de la misma. Su martirio incruento queda patente en el martirio del arte de sus conventos (124-7).

Todo tiene su contexto histórico. Por ejemplo, al referir lo sucedido el 18 de septiembre, escribe: “La muerte martirial del siervo de Dios Petronilo Vargas Ovejero tuvo lugar en la jornada en que se pretendía hacer saltar por los aires el Alcázar” (541). La Biblioteca Digital Hispana conserva fotografías del Seminario Conciliar de Toledo, de su saqueo y de los nombres de los milicianos que quedaron en él hasta el último momento, que le prendieron fuego. “La foto nos muestra un texto en una pared del seminario, entre las siglas de la FAI (Federación Anarquista Internacional), de UHP (Uníos Hermanos Proletarios) y otras frases ilegibles, en el escrito realizado”. El miliciano responsable de la defensa era Manuel Gómez, de Izquierda Republicana de Madrid (559). 

  1. Una historia de Salvación.

En el libro que don Jorge López Teulón escribió sobre los mártires seglares, Llamados a la santidad, tiene una introducción luminosa, en la que define el martirio y ofrece las definiciones que del mismo ofrecen los papas Juan Pablo II, Benedicto XVI y el Catecismo de la Iglesia Católica.  Recuerda luego, que la traducción exacta de la oración del Padre Nuestro es: líbranos del Malo, líbranos del Maligno, es decir, de Satanás. Y concluye: “Cuando llega el martirio, se evangeliza derramando la sangre. Es la vida de nuestros mártires. Y mientras llega o no, debemos evangelizar dando la vida en cada cosa, cada día. San Pablo dice que nuestro enemigo no es la carne ni la sangre, sino los espíritus del mal”.

Ante la voluntad de Dios, caben dos posturas: el serviam, serviré, del arcángel san Miguel; el non serviam, no serviré, de Satanás. Desde ese momento, al no recibir un castigo inmediato, Satanás intenta subvertir los planes de Dios.

El martirio es visto por el autor siempre de forma positiva. Al narrar el martirio del José Agustín del Santísimo Sacramento, OCD, el 22 de julio en la calle de Alfileritos, escribe: “Mientras nuestro estudiante camina por la calle Alfileritos, le reconocen y cae abatido por una ráfaga de fusil. Suerte venturosa la de este mártir. Tenía que haber venido otro estudiante desde Salamanca, pero, al no poder hacerlo por motivos de salud, enviaron a José Agustín a Toledo para que hiciera de organista en el convento, muy en especial para las grandes fiestas de la Virgen del Carmen. Y así le encontró la muerte, y se enriqueció con el martirio” (72). Ha citado la carta que el beato José Agustín había escrito el 5 de julio de 1936 a los suyos con motivo de su profesión solemne: “¡Qué consuelo se experimenta al pensar seriamente que se deja el mundo para siempre por seguir a Cristo Jesús, que es el Camino, la Verdad y la Vida, que lleva a la vida eterna! Trabajemos un poquito para ganar el cielo. Todo lo demás pasa en celeridad espantosa” (71).

“Los historiadores más prestigiosos de Europa reconocen que, en ningún momento de la historia de Europa, o tal vez incluso del mundo, se mostró un odio tan apasionado por la religión y todas sus obras” (370). “Manteniendo la idea propuesta sobre que la persecución religiosa abarca el período del 11 de mayo de 1931 (quema de conventos) al 7 de febrero de 1939 (martirio del beato Anselmo Polanco, obispo de Teruel)” (372).

Se conserva una fotografía del colegio de los Maristas de Toledo, en la que se lee: “Colegio Maristas. Inscripción hecha por los milicianos rojos con sangre de las personas de orden fusiladas” (378).

La sangre de los mártires es semilla de cristianos, como dijera Tertuliano. Faustino Moreno, al hablar del sacerdote don Petronilo Vargas Ovejero asesinado el 18 de septiembre escribe “al que debe mucho la Diócesis de Toledo, incluida la vocación del obispo Anastasio Granados”. Efectivamente, don Anastasio era sacerdote de la archidiócesis de Toledo desde 1934 y posteriormente será obispo auxiliar de Toledo y de Palencia (541). Sí, también en la actualidad la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos.

  1. Unas observaciones.

Esta visión tan positiva de este libro, que naturalmente recomiendo, ha de tener alguna observación.

La primera es que aquellos que no conozcan Toledo como la palma de su mano se encontrarán un poco perdidos. Hubiera costado poco hacer un mapa general de la ciudad y otros sectoriales. Sería de mucha utilidad.

La segunda, se echa de menos algún gráfico sobre los mártires, los confesores de la fe, el total de sacerdotes y religiosos. El total de víctimas.

La tercera, hubiera sido de agradecer una somera cronología de los hechos bélicos acaecidos en la ciudad de Toledo, para que fuera fácil situarse en el día a día de los martirios.

Por último, estoy convencido de que el autor ha manejado abundantemente la Causa General y los diferentes Archivos relacionados con la Guerra de España. Me parece que, de manera intencionada, ha reducido las notas y las citas. Sin embargo, como historiador, he de decir que en alguna ocasión hubiera agradecido mucho su cita. Porque no siempre coinciden con los escritos posteriores o porque, a menudo, son la base de estos mismos escritos.

 

Martín Ibarra Benlloch.

Pueyo de Santa Cruz (Huesca), 15-X-2022.

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