Domingo, 26 de mayo de 2024

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Tu matrimonio como Dios lo pensó

Acepta las condiciones. Comentario para Matrimonios: Juan 20, 19-31

por ProyectoAmorConyugal.es

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EVANGELIO

A los ocho días, llegó Jesús.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 19-31.

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
- «Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
- «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
- «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
- «Hemos visto al Señor».
Pero él les contestó:
- «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
- «Paz a vosotros».
Luego dijo a Tomás:
- «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».
Contestó Tomás:
- «¡Señor mío y Dios mío!».
Jesús le dijo:
- «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto».
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Palabra del Señor.

Acepta las condiciones.

La misericordia del Señor es tan grande, que no sólo no reprocha, sino que acepta las condiciones de Tomás para que crea. Algo tan íntimo e incluso humillante como que meta la mano en Sus heridas.
El resultado que obtiene el Señor de Tomás es una preciosa confesión de fe: Señor mío y Dios mío.
El resultado que obtenemos todos los demás es una nueva bienaventuranza: Bienaventurados los que crean sin haber visto.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Ramón: Una cosa que estoy aprendiendo de las actitudes de Jesús como Esposo es que, ante los agravios, dudas y desplantes de Su Esposa, responde amándola más para sacar de cada situación una posibilidad de que se convierta y crezca en el amor mutuo.
Ana: Supongo que lo dices por la respuesta ante la incredulidad de Tomás en el Evangelio de hoy.
Ramón: Sí, yo estaría molesto porque no hubiera confiado en lo que tantas veces le había dicho de que iba a resucitar y más todavía cuando los demás discipulos ya daban fe de que había sido así. Me encanta aprender del Señor a ser mejor esposo.
Ana: Y a mí, pero tenemos tareíta por delante. En fin, para no repetir lo de Santo Tomás, no desconfiaremos del poder del Espíritu Santo sobre nosotros.

Madre,

Contigo le decimos al Señor: Señor mío y Dios mío. Alabado sea por siempre.

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