Parece que sobre los niños de Kiev y su destino ha caído un silencio ensordecedor después de que su foto circulara por toda la red, conmoviendo al mundo y haciendo comprender, ¡por fin!, la abominable práctica del vientre de alquiler.

Por parte de las instituciones italianas no ha habido respuesta. El llamamiento lanzado por L'Occidentale y firmado por distintas asociaciones y centenares de vecinos no ha recibido respuesta. Y aún así los niños están ahí. Algunos sí que han sido "recogidos" por quienes "los encargaron", otros no.

Para dar voz a estos niños y visibilizar la condición de las mujeres que prestan su propio cuerpo, L'Occidentale ha entrevistado a monseñor Radoslaw Zmitrowicz, O.M.I., obispo auxiliar de Kamyanets-Podilskyi (Ucrania occidental) y responsable de la Delegación para la Familia y la Vida de la Conferencia Episcopal romano-católica de Ucrania.

-Excelencia, el mes pasado circularon por toda la red las terribles imágenes, desde Kiev, en las que se veían a 46 niños nacidos por subrogación (pero hoy el número ha crecido con los nuevos nacimientos) y abandonados en un hotel por los "padres clientes" que no podían ir a Ucrania a "recogerlos" debido a las restricciones impuestas por la pandemia del Covid-19. ¿Cómo se ha llegado a esta moderna forma de esclavitud que explota los cuerpos de las mujeres y reduce los niños a meros objetos?

-La respuesta es muy simple: como siempre, la causa de cada esclavitud es el pecado original, por el cual el hombre está herido. De esta situación, el hombre puede ser liberado sólo por la acción salvadora de Dios, Jesucristo. Aún así, muchas veces, el hombre está cerrado al contacto con Dios. "Si Dios no existe todo está permitido" diría Dostoievski. Y esta historia es sólo un ejemplo. Todo esto es lícito porque en Ucrania no existe una legislación que prohíba o regule la cuestión de la maternidad subrogada.

-Pero con el llamamiento común entre la Iglesia greco-católica y la conferencia de los obispos latinos, la Iglesia ucraniana ha lanzado un grito no indiferente contra esta práctica abominable...

-Sí, ha sido una voz muy importante, pero son necesarios más trabajo y más oraciones para que se emprenda una acción concreta.

-Recientemente, en el Parlamento ucraniano se ha presentado una propuesta de ley dirigida a regularizar y facilitar la transparencia en las actividades llevadas a cabo por las clínicas especializadas en maternidad subrogada. ¿Está cambiado algo? ¿Cómo valora esta propuesta de ley que, en su patria, ha sido bastante criticada? 

-Queriendo ir a la raíz, para parar esta terrible práctica la mejor solución es una prohibición absoluta de la fecundación in vitro. Repito: creo que un cambio verdadero será muy difícil. Los lobby ideológicos y financieros que tienen intereses en mérito son muy poderosos. Lo que es interesante es que en Ucrania existe una ley que prohíbe la propagación de la ideología comunista...

-¿Y cómo se relaciona esta ideología con la subrogación?

-El comunismo tiene una antropología propia, una idea sobre qué es el ser humano, y es la misma ideología que está en la base de la maternidad subrogada y de toda la ideología LGBT. El comunismo ha causado un daño terrible a pesar de los eslóganes cautivadores de sus banderas. Hoy vemos lo mismo en los argumentos que se exponen sobre la maternidad subrogada y la cuestión LGBT. Las consecuencias son y serán terribles.

-En su opinión, ¿el trasfondo económico ucraniano influye sobre la difusión de la práctica del vientre de alquiler?

-La maternidad subrogada está estrechamente vinculada al dios de este mundo, que es el dinero. Jesús dijo que no se puede servir a Dios y al dinero. Si alguien no ha experimentado que Dios es su Padre, está obligado a creer sólo en el poder del dinero. La difícil situación en Ucrania facilita la explotación de las mujeres. Ellas quieren vivir, necesitan dinero y entregar el propio cuerpo es tentador porque conlleva un beneficio. También quienes organizan la maternidad subrogada ganan mucho y son capaces de convencer a políticos y gobiernos para que no hagan nada. Además, está la dimensión de las ideologías ultra-liberales modernas, cuyos defensores gastan también cantidades ingentes de recursos para desmoralizar al hombre.

-En nuestro país se han levantado varias voces de denuncia. L'Occidentale ha sido uno de los primeros en hacer un llamamiento para pedir al Gobierno italiano que actúe para encontrar una solución para estos niños. Un camino que se puede recorrer, por ejemplo, es el de la adopción internacional, que implicaría la nulidad de los contratos de la maternidad subrogada. ¿Usted qué piensa?

-Una cosa está clara: estos niños necesitan unos padres, es decir, una madre y un padre que los acojan y los amen. En primer lugar, se debería preguntar a las mujeres que los han parido si quieren quedárselos, porque son ellas las que han gestado en su vientre a estos niños durante nueve meses y la ciencia misma nos dice que muchas cosas pasan, justamente, en virtud del vínculo materno. En el caso de que estas madres rechazaran a su hijo, se podría abrir un procedimiento de adopción nacional y, si fuera necesario, internacional. Lo que más me urge, como hombre y como pastor, es que estos niños puedan conocer el amor de Jesucristo. Solo su amor les permitirá, cuando sean adultos, reconciliarse consigo mismos, con sus padres biológicos y con toda su historia.

-Algunos países extranjeros, también europeos, han concedido a algunas parejas de clientes un salvoconducto para poder entrar en el país; otros incluso han organizado vuelos estatales. ¿Cuánto influye la diferencia político-cultural y de los sistemas jurídicos en lo que atañe al enfoque sobre el fenómeno del vientre de alquiler, en la batalla universal para la prohibición de la maternidad subrogada? Es una batalla de civilizaciones que, para salir victorioso, hay que combatirla desde varias partes...

-Sí, es una lucha entra la civilización de la vida y la civilización de la muerte. Sabemos de qué parte estará la victoria, porque Dios se ha hecho hombre, ha muerto y ha resucitado y es el Señor de la Historia. Esto tiene que motivar también a los cristianos comprometidos que, como ciudadanos responsables, deben contribuir a aumentar la conciencia y a trabajar para el bien común. Los cristianos tienen un papel clave y nosotros, por ejemplo, estamos agradecidos por la colaboración que podemos tener con la Federación de las Asociaciones Familiares Católicas de Europa (FAFCE). Subrayo también que son necesarios todos los tipos de compromiso: desde la oración y los sacrificios personales, a la predicación del Evangelio, hasta informar qué es realmente la fecundación in vitro, el mejoramiento de la situación económica y una buena legislación.

Traducido por Elena Faccia Serrano.