Irlanda, gobernado por el Fine Gael, un partido de origen democristiano pero embarcado en una deriva "progre" radical, anunció el pasado martes 5 de noviembre que celebrará un referéndum sobre el "matrimonio" homosexual a mediados de 2015. 

Pero antes que los irlandeses se pronunciarán los croatas: el 1 de diciembre de 2013, y en su caso será para reformar la Constitución de forma que deje claro que el matrimonio es explícitamente la unión entre un hombre y una mujer. 

Son dos casos distintos entre sí, pero con un común denominador: se deja votar al pueblo, algo que la élite política en España, Francia, Nueva Zelanda o Gran Bretaña nunca permitió al redefinir desde sus despachos una institución milenaria y pre-política como es el matrimonio.

De hecho, exceptuando un par de Estados en EEUU, allí donde se ha implantado el matrimonio gay ha sido por la vía de jueces activistas o por decisiones de partidos, nunca por decisión popular.

Por eso, el caso irlandés y el croata son especiales.


En Irlanda gobierna el Fine Gael (forma parte del Partido Popular Europeo) en coalición con los laboristas (socialistas). 

Los laboristas han defendido insistentemente la legalización del matrimonio gay. Su líder y viceprimer ministro, Eamon Gilmor, se refirió a este debate como "la cuestión de derechos civiles de esta generación". Y el Fine Gael ha entrado en el juego, convocando un referéndum que esperan ganar para implantar el matrimonio gay. 

No está tan claro que lo consigan. Por un lado, hay irlandeses que no quieren tener "lo mismo que los ingleses".

Por otro lado, hace pocos meses el referéndum en el que el pueblo supuestamente debía aprobar con docilidad la eliminación del Senado se saldó con un voto rebelde por parte del pueblo: el Senado debía mantenerse.

El caso croata un año y medio antes puede marcar un precedente: un pueblo europeo que de forma popular decide reforzar la protección legal del matrimonio.

Y por último, el tejido social pro-vida y pro-familia en Irlanda se está robusteciendo y rebelando al sentirse traicionado por el Fine Gael que era habitualmente su partido más afín.

Así, el Instituto Iona, pro-familia, ha denunciado que  "ahora está claro que prácticamente todos los partidos políticos en Irlanda están dispuestos a cambiar radicalmente a peor la institución social centrada en los niños más importante que tenemos". 

En Irlanda, además, es bastante más fácil para un diputado rebelarse contra las cúpulas de su partido, debido al sistema electoral (el diputado depende de sus constituyentes, sus votantes, no de la cúpula) y debido a que se trata de un país más pequeño donde la gente se conoce.  
 
Esto ya lo ha visto Enda Kenny, el hombre que está convirtiendo al Fine Gael en un partido de "derecha progre", cuando varios -pero no muchos- de sus diputados se le rebelaron cuando en junio de 2013 les quiso obligar a votar a favor del aborto mediante el coladero de "abortar para prevenir suicidios".

Croacia: "en el nombre de la familia"
En Croacia, la iniciativa "En el nombre de la familia", que pedía un referéndum para reformar la Constitución protegiendo al matrimonio, logró sumar 700.000 firmas, una cifra muy significativa en un país de apenas 4 millones y medio de habitantes.

Se prevé que el "sí" ganará el referéndum de este país balcánico, con lo que se cerrarían las puertas al matrimonio gay en este país de la UE, que sentaría un precedente de opción popular y democrática firmemente expresada. 




François Hollande, el presidente socialista al que muchos consideran "el Zapatero francés", se negó a recibir a los grupos pro-familia que le llevaban 700.000 firmas pidiendo que no redefiniese el matrimonio sin consultar a los franceses en un referéndum. 

Hollande lo rechazó
 y la ley se aprobó sin consulta el 23 abril a pesar de 3 manifestaciones multitudinarias y una gran movilización social en contra que siete meses después aún continúa con infinidad de actos de protesta popular ante alcaldías, en cualquier acto con presencia de ministros, o allí donde Hollande acude a presidir actividades. 



En España la legalización por Zapatero en 2005 también generó una profunda división social. El presidente socialista tampoco consultó a la población. La ley del matrimonio gay se impuso por "rodillo" y sin ningún consenso. En junio de 2005, el Senado español (una cámara que también representa a los españoles) voto contra el matrimonio homosexual (131 senadores de cuatro partidos contra 119). Senadores socialistas (Francisco Vázquez, gallego; Mercedes Aroz, catalana) hablaron contra el matrimonio gay. El diputado socialista Ramon Espasa en Catalunya Radio declaró que llamar "matrimonio" a las uniones del mismo sexo requería mayorías realmente amplias.

Se expresaron contra la redefinición del matrimonio el Consejo de Estado (dictamen 2628/2004), la Real Academia de Legislación y Jurisprudencia, el Consejo General del Poder Judicial, 700.000 firmas avaladas por la Junta Electoral Central y una manifestación de 700.000 personas (según la prensa italiana, por ejemplo) que colapsó Madrid con el lema "La familia sí importa". 

Zapatero ignoró todo eso, eliminó los conceptos de "padre y madre" y "esposo y esposa" de la legislación y cambió el matrimonio. Y el gobierno posterior del PP, con Mariano Rajoy, ha dado por buenas las políticas de reingeniería familiar de Zapatero.


Por su parte, el "conservador" británico David Cameron también implantó este año en Inglaterra y Gales la redefinición del matrimonio.

Al menos, Cameron, al contrario que Zapatero, Hollande o Kenny (con el aborto) dio libertad de voto a sus diputados. Esta libertad permitió visibilizar el rechazo de la mitad de los parlamentarios tories, si bien Cameron ya contaba con el apoyo imprescindible de los laboristas y liberaldemócratas del Parlamento... aunque no todo: 22 laboristas y 4 liberaldemócratas votaron en contra. Es una pluralidad y libertad que en la partitocrática España no se vio.
 
En abril de 2013 el Parlamento de Nueva Zelanda implantaba también el matrimonio homosexual después de un debate en el que se negó la posibilidad de un referéndum y en el que, como denunciaron las asociaciones pro-familia, apenas se habló nunca de los niños y sus derechos.

El Parlamento se decidió por 77 votos frente a 44 en contra (aquí analizábamos los votos). De entre los diputados "conservadores", 26 apoyaron el matrimonio gay, y 32 se opusieron. También se opusieron 4 liberales y la mayoría de la derecha populista.


El episodio neozelandés debía ser un trampolín para Australia, el otro gran país anglosajón que aún no ha redefinido la institución.

Pero se está resistiendo mucho: el católico Tony Abbott, siendo líder de la oposición conservadora, siempre se negó a dar libertad de voto sobre el tema y se mantuvo firme en defensa del matrimonio hombre-mujer. Y ahora que es Primer Ministro desde su éxito electoral en septiembre, el "lobby gay" ve cerradas muchas puertas.

En verano, el entonces Primer Ministro laborista Kevin Rudd dijo que él había cambiado de opinión y ahora apoyaba el matrimonio homosexual. Poco después, los laboristas fueron derrotados en las urnas.


Ese mes de junio, el principal activista del homosexualismo político en Australia, Rodney Croome, explicaba las razones del lobby gay para oponerse a los referendos en los que pueda opinar el pueblo: "podría ser potencialmente polarizante, convertirse en una plataforma que genere miedo contra la comunidad gay y lesbiana, y pensamos que nuestros políticos son elegidos para tomar estas decisiones, en vez de devolvérselas a los votantes. Un referéndum podría ser destructivo, especialmente para las personas jóvenes con atracción por el mismo sexo que están adecuándose a su sexualidad. No necesitan ver el tipo de campañas de odio y miedo que inevitablemente creo que se darían en un referéndum". 

Ahora, el caso croata y el irlandés mostrarán si se dan allí campañas "de odio y miedo".

O si el lobby gay llamará "odio y miedo" -como suelen hacer- a cualquier oposición política, aunque se exprese con toda corrección y respeto.