Los grupos abortistas italianos están muy preocupados por el cariz provida que se da en la profesión médica, especialmente entre los ginecólogos que deberían realizar los abortos, donde existe una ley abortista desde hace más de 40 años.

Denuncian que cada vez es más complicado abortar debido a que en muchas regiones más del 70% de los ginecólogos se declaran objetores de conciencia. Hay regiones en las que el porcentaje está cerca del 90%.

Un grupo de ginecólogas feministas encabezadas por Silvana Agatone ha iniciado una campaña para exigir al Gobierno la aplicación total de la ley del aborto ante los temores de que el nuevo ejecutivo italiano “haga retroceder los derechos de las mujeres”.

Una ley del aborto permisiva

En la petición realizada a la ministra de Sanidad se denuncia que en Italia cada vez es más complicado abortar. La ley del aborto está vigente desde 1978 y permite abortar gratuitamente sin restricciones durante los primeros 90 días de embarazo.  En un proceso más avanzado se puede abortar en caso de peligro para la madre o malformaciones en el feto.

Pero esta misma ley ampara el derecho a la objeción de conciencia, al cual se están acogiendo la mayoría de los médicos italianos y por la cual no tienen que realizar abortos si no quieren.

Según datos ofrecidos por EFE y recogidos del Ministerio de Salud de Italia, en 2005 los ginecólogos objetores registrados eran el 58,7% en todo el país, mientras que en 2016 eran ya el 70,9%, aunque en regiones del sur como Basilicata se llegaba al 88,1%.

Ataque a la objeción de conciencia

Según estos datos oficiales, de los 614 hospitales italianos se puede abortar en 371, más del 60%. Sin embargo, para Silvana Agatone la objeción de conciencia “provoca humillación y abandono de la paciente” abocando a las mujeres al aborto clandestino.

En un comentario difícilmente creíble, esta activista asegura: “Pongo en cuestión los datos del ministerio, que dicen que en 2016 hubo 84.926 abortos, 2.713 menos que en 2015. No es cierto que haya menos abortos, sino que muchas mujeres se ven obligadas a hacerlo en la clandestinidad porque hay muchas regiones donde es muy difícil encontrar un médico que quiera practicarlo”.

“No podemos dejar que nos pasen por encima. No tememos que nos quiten el derecho al aborto, ya sabemos que quieren hacerlo”, agrega. Además, la activista abortista muestra su enorme preocupación por lo que está pasando en ciudades como Verona, que se declaró provida y dedica ahora los fondos públicos a proyectos provida.