Tras la bendición a través de la frontera y la misa en Ciudad Juárez, el Papa Francisco acudió al Aeropuerto Internacional Abraham González de esta misma ciudad, donde le esperaban las autoridades mexicanas para despedirle, con una banda de música de mariachi.

El pontífice fue recibido por el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, con quien intercambió algunas palabras para luego dirigirse a una sala interior, donde mantuvieron un diálogo privado. También participó en la despedida la Primera Dama, Angélica Rivera de Peña, así como los titulares de las secretarías de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y de Relaciones Exteriores, Claudia Ruiz Massieu Salinas, entre otros.



Otras personalidades presentes en la despedida fueron el embajador de México ante El Vaticano, Mariano Palacios Alcocer; la procuradora general de la República Arely Gómez González, y el gobernador de Chihuahua, César Horacio Duarte Jáquez. Y los eclesiásticos: el arzobispo primado de México, Norberto Rivera Carrera; el coordinador general de la visita del Papa a México y secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Eugenio Lira Rugarcía; así como el obispo de Ciudad Juárez, José Guadalupe Torres Campos.

Sonó el himno de México, que todos escucharon con formalidad. Unos niños en cierto momento se saltaron la cinta de seguridad para abrazarse al Papa y pedirle que vuelva.




El Papa había hecho su discurso de despedida a los mexicanos al finald e la misa en el recinto ferial de Ciudad Juárez. El Santo Padre dio las gracias a Dios “por haberme permitido esta visita a México”.

También agradeció “el esfuerzo de quienes han hecho posible esta peregrinación”. Así como a las “autoridades federales y locales, el interés y la solícita ayuda con la que han contribuido al buen desarrollo de este propósito”. El Santo Padre agradeció de corazón “a todos los que han colaborado de distintos modos en esta visita pastoral”. También “a tantos servidores anónimos que desde el silencio han dado lo mejor de sí para que estos días fueran una fiesta de familia, gracias”.

Asimismo, reconoció que “se ha sentido acogido, recibido por el cariño, la fiesta, la esperanza de esta gran familia mexicana, gracias por abrirme las puertas de sus vidas, de su nación”.

Por todo ello, el Santo Padre sugirió que “aquello que nos deletrea y nos marca el camino es la presencia misteriosa pero real de Dios en la carne concreta de todas las personas, especialmente de las más pobres y necesitadas de México”.

La noche –advirtió– nos puede parecer enorme y muy oscura. Pero en estos días ha podido ver “que en este pueblo existen muchas luces que anuncian esperanza”, “en muchos de sus testimonios, en muchos de sus rostros, la presencia de Dios que sigue caminando en esta tierra guiándolos y sosteniendo la esperanza”, “muchos hombres y mujeres, con su esfuerzo de cada día, hacen posible que esta sociedad mexicana no se quede a oscuras”. Explicó que durante los trayectos muchos hombres y mujeres le acercaban a sus hijos y aseguró: “son el futuro de México, cuidémoslos, amémoslos”, “son profetas del mañana, son signo de un nuevo amanecer”.

El vuelo de Ciudad Juárez a Roma dura 12 horas, y su llegada se estipula a las 15.15, hora local.