El Papa emérito Benedicto XVI ha aparecido en público esta semana para recibir a los representantes del gobierno de Baviera (Alemania), para agradecer la donación del árbol de Navidad de la Plaza de San Pedro.

«Este árbol ilumina no solo la Plaza de San Pedro, sino el mundo entero», afirmó el Papa emérito, quien señaló que «todos lo pueden percibir como un signo de luz, amistad, reconciliación y bondad. Este árbol nos dice que Dios es nuestro amigo, y que por lo tanto somos hermanos los unos de los otros. Este es un mensaje que necesitamos ahora mismo, cuando hay tantas amenazas de hostilidad y terror. Necesitamos fortalecer nuestra amistad para llevar luz al mundo», afirmó el Pontífice agradeciendo el regalo. 


Ya en su primer año de Pontificado, hace una década, Benedicto XVI alabó la simbología del árbol de Navidad. El 21 de diciembre de 2005 explicó: “Al encender las luces del Nacimiento y del árbol de Navidad en nuestras casas, ¡que nuestro ánimo se abra a la verdadera luz espiritual traída a todos los hombres y mujeres de buena voluntad! … Frente a una cultura consumista que tiende a ignorar los símbolos cristianos de las fiestas navideñas, preparémonos para celebrar con alegría el nacimiento del Salvador, transmitiendo a las nuevas generaciones los valores de las tradiciones que forman parte del patrimonio de nuestra fe y cultura”.

El año anterior, su predecesor, San Juan Pablo II, dio más detalles sobre la simbología y espiritualidad de este árbol.

“En invierno, el abeto siempre verde se convierte en signo de la vida que no muere […] El mensaje del árbol de Navidad es, por tanto, que la vida es ‘siempre verde’ si se hace don, no tanto de cosas materiales, sino de sí mismo: en la amistad y en el afecto sincero, en la ayuda fraterna y en el perdón, en el tiempo compartido y en la escucha recíproca” (Juan Pablo II, Audiencia, 19 de diciembre de 2004).

Y añadió: “Generalmente, en el árbol decorado y a sus pies se colocan los regalos de Navidad. El símbolo se hace elocuente también desde el punto de vista típicamente cristiano: recuerda al ‘árbol de la vida’ (Cf. Génesis 2, 9), representación de Cristo, supremo don de Dios a la humanidad” (Juan Pablo II, Ídem).

Un ejemplo de la carga cristiana del árbol es que el régimen soviético lo prohibió entre 1928 y 1935, cuando lo recuperó asegurándose de que la estrella en la punta fuera roja y los adornos incluyesen hoces y martillos (lo contamos aquí).