La penosa historia de «Vatileaks» se repite en el Vaticano, pero al menos en versión menor, y limitada a documentos de la «operación limpieza» de las finanzas vaticanas emprendida por el Papa Francisco poco después de su elección en marzo del 2013.

El sacerdote español, Lucio Ángel Vallejo Balda, secretario de la Prefectura de Asuntos Económicos, ha sido arrestado por la Gendarmería Vaticana este fin de semana y puesto a disposición del fiscal como presunto responsable de una grave filtración de documentos reservados.

En la misma operación fue arrestada también la italiana Francesca Chaouqui, lobista de la consultora Ernst Young, incorporada por Vallejo Balda a la comisión creada por el Papa Francisco en julio del 2013 para investigar el funcionamiento de las 270 entidades económicas del Vaticano .

A primera hora de la tarde del lunes, el Vaticano informó que la Oficina del Promotor de Justicia (Fiscal) había confirmado el arresto del sacerdote español, pero en cambio había permitido la puesta en libertad, probablemente bajo garantías, de la especialista en relaciones públicas italiana.

El comunicado oficial recuerda severamente que «la divulgación de documentos reservados es un delito tipificado en Ley Número 9 del Estado del Vaticano» pero, sobre todo, «una grave traición a la confianza del Papa».


Como secretario de la Prefectura de Asuntos Económicos, Lucio Angel Vallejo Balda era, en la practica el «número dos» de la supervisión de cuentas de la galaxia de organismos del Vaticano hasta que la reforma del Papa Francisco llevó a crear, en febrero del 2014, la nueva Secretaria de Economía, encomendada al cardenal australiano George Pell.

Aunque Vallejo Balda había comentado que iba a ser el «número dos» del nuevo organismo económico central, el Papa entregó esa responsabilidad a otra persona, dejando al monseñor español en su mismo puesto de una entidad que se vuelve marginal, pues pasa a ser parte del equipo del Revisor de Cuentas, un nuevo cargo que desempeña el manager italiano Libero Milone, cuyo ordenador sufrió una intrusión hace poco tiempo.


Las investigaciones que han llevado al arresto se intensificaron cuando dos editoriales italianas anunciaron la publicación simultánea de sendos libros sobre las anomalías en las finanzas del Vaticano.

El primero es «Via Crucis» de Gianluigi Nuzzi, el periodista italiano que publicó en mayo del 2012 los documentos robados del antedespacho del Papa por el entonces mayordomo de Benedicto XVI, Paolo Gabriele.

El segundo es «Avarizia», de Emiliano Fittipaldi, un autor menos conocido.

Los documentos filtrados y las conversaciones grabadas clandestinamente al Papa, al parecer con un teléfono móvil, provienen de las reuniones de la comisión investigadora de las estructuras económico-administrativas del Vaticano (COSEA).

La comisión, cuyo trabajo duró menos de un año, estuvo presidida por el maltés Joseph F. X. Zahra, mientras que Vallejo Balda actuaba de secretario. Los otros seis componentes eran cinco expertos en finanzas procedentes de Francia, Alemania, España y Singapur, y la experta en relaciones públicas de Ernst Young Italia, Francesca Chaouqui.

Monseñor Vallejo Balda es un riojano de 54 años, abogado por la UNED y teólogo por Salamanca. Fue ecónomo de la diócesis de Astorga, y colaboró en la organización financiera de la JMJ de Madrid en 2011.

Ese mismo año, Benedicto XVI le trajo a Roma como secretario de la Prefectura de Asuntos Económicos. Su misión, que era la de poner orden en el sistema, se hizo posible solo con la llegada de Francisco.


En su comunicado del lunes, el Vaticano hizo notar que la publicación de libros con documentos reservados «no contribuyen a establecer claridad y verdad sino más bien a general confusión e interpretaciones parciales y tendenciosas».

Saliendo también al paso de las excusas dadas en 2012 por el «mayordomo infiel» y el periodista italiano que publicó los documentos reservados de Benedicto XVI, el Vaticano insiste en que «se debe evitar absolutamente el error de pensar que publicarlos sea un modo de ayudar al Papa».