En su catequesis de la Audiencia General – celebrada el primer miércoles de agosto en el aula Pablo VI, luego de la pausa estiva del mes de julio-, y ante la presencia de varios miles de fieles y peregrinos procedentes de numerosos países, el Papa Francisco, prosiguió sus reflexiones sobre la familia centrándose, en esta ocasión, en cómo cuidar a aquellos que después del fracaso de su matrimonio, han comenzado una nueva unión.

Hablando en italiano el Santo Padre explicó que si bien esta situación contradice el Sacramento cristiano, la Iglesia, sin embargo, con su mirada de maestra que viene de un corazón de madre animado por el Espíritu Santo, busca siempre el bien y la salvación de las personas. Es por ello, explicó el Papa, que la Iglesia siente el deber por amor de la verdad de discernir bien las situaciones, por ejemplo, entre quienes han sufrido una separación y quienes la han provocado.

Si en estos casos -continuó el Obispo de Roma– miramos a estos nuevos vínculos con los ojos de los niños, vemos todavía más la urgencia de desarrollar en nuestras comunidades una acogida real hacia las personas que viven estas situaciones. De ahí la necesidad de que el estilo de la comunidad, expresada en lenguajes y actitudes, sea siempre atento a las personas, a partir de los pequeños. Es importante –recalcó el Papa– que ellos sientan a la Iglesia como madre atenta a todos, siempre dispuesta a la escucha y al encuentro.

El Santo Padre recordó que la Iglesia no ha sido ni insensible ni perezosa y que gracias a la profundización de los pastores, ha crecido mucho en la conciencia de la necesidad de una acogida fraterna y atenta, hacia los bautizados que han establecido una nueva convivencia después del fracaso matrimonial. De hecho, subrayó el Pontífice, estas personas no están en absoluto excomulgadas, y no deben ser tratadas como tales: ellas son siempre parte de la Iglesia.

De ahí la invitación de Francisco a los Pastores a manifestar abiertamente la disponibilidad a acogerlos y a alentarlos para que vivan y desarrollen siempre más su pertenencia a Cristo y a la Iglesia a través de la oración, la educación cristiana de los hijos y el compromiso por la justicia y la paz.

Finalmente, citando el modelo bíblico del Buen Pastor que da la vida por sus ovejas, el Papa explicó que esta actitud es un modelo también para la Iglesia, que acoge a sus hijos como una madre que dona su vida por ellos. Al mismo tiempo, afirmó Francisco, todos los cristianos están llamados a imitar al Buen Pastor, y sobre todo, las familias cristianas pueden colaborar con el cuidado de las familias heridas. Cada uno, dijo el Papa, haga su parte en el asumir la actitud del Buen Pastor que conoce cada una de sus ovejas y no excluye ninguna de su amor infinito.