La intensa mañana de trabajo de Francisco este sábado ha tenido como centro asuntos sociales a los que el Papa ha dedicado particular atención desde el inicio de su pontificado: inmigración, empleo, medio ambiente, nuevas formas de esclavitud y periferias existenciales.


En su primera audiencia, correspondiente a la visita de Estado del nuevo presidente italiano, Sergio Mattarella, el pontífice agradeció el esfuerzo de sus gobiernos por socorrer y ayudar a los inmigrantes que intentan llegar al país en pateras: "Deseo expresar mi gratitud por el esfuerzo que Italia está realizando para acoger a numerosos inmigrantes que, arriesgando su vida, solicitan acogida. Es evidente que las proporciones del fenómeno requieren una implicación mucho más amplia. No debemos cansarnos de solicitar un empeño más extenso a nivel europeo e internacional”.

Además, el Papa destacó la cuestión del paro, y en particular la escasez de trabajo entre los jóvenes cuyo "grito de dolor" interpela "a los poderes públicos, las organizaciones intermedias, los empresarios privados y la comunidad eclesial” porque el empleo está relacionado "con la dignidad de las personas, con la posibilidad de construir una existencia digna y libre”.

Por último, hizo una llamada a la protección del medio ambiente "para tratar de mitigar los crecientes desequilibrios y contaminaciones, que a veces provocan verdaderos desastres ambientales... Es necesario adquirir plena conciencia de nuestros comportamientos sobre la creación”.


A continuación Francisco se dirigió a los participantes en la XXI Sesión Plenaria de la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales, reunida hasta el próximo martes en el Vaticano para debatir sobre la trata de personas.

El Papa señaló que “entre los hermanos más necesitados están aquellos que sufren la tragedia de las modernas formas de esclavitud, del trabajo forzado, de la prostitución, del tráfico de órganos, de la droga”. Recordó a santos que, como San Pedro Claver y San Juan de Mata, en el pasado lucharon contra la esclavitud. Su abolición fue “consecuencia directa del mensaje de libertad traído al mundo por Cristo”. Pero ahora, “en un sistema económico global dominado por la ganancia, se han desarrollado nuevas formas de esclavitud peores y más inhumanas que aquellas del pasado”.

"Estamos llamados a denunciarlas y a combatirlas”, dijo, y pidió que los traficantes sean puestos en manos de la justicia, "reutilizando sus injustas ganancias para la rehabilitación de las víctimas” y buscando “modalidades idóneas para penalizar a quienes se hacen cómplices de este mercado deshumano”: “Estamos llamados a mejorar las modalidades de rescate y de inclusión social de las víctimas, actualizando también las normas sobre el derecho de asilo”, subrayó.


Por último, el Papa recibió en la Sala Clementina del Palacio Apostólico a miembros de la Asociación Católica Internacional al Servicio de la Juventud Femenina, nacida en tiempos de León XIII y todavía hoy dedicada a un "generoso compromiso en el servicio a las jóvenes que viven en situaciones de precariedad y de sufrimiento. Su creciente número y las múltiples formas de pobreza que sufren nos interpelan y deben suscitar una nueva creatividad, para ofrecerles la ayuda material y espiritual que necesitan".

"Las jóvenes que ustedes acompañan tienen ante todo necesidad de atención y de escucha. ¡Éste es el desafío para ustedes! ¡El apostolado tan humano y tan divino de la escucha, que agota, pero que hace tanto bien!", exhortó el Papa: "Así las podrán ayudar a crecer en la confianza, a encontrar puntos de referencia y a progresar en la madurez humana y espiritual, alimentada por los valores evangélicos. ¡Que ustedes puedan ser para ellas testigos creíbles, para que experimenten la alegría de saberse amadas por Dios, Padre suyo, y llamadas a la felicidad!".

Las chicas a las que la asociación acompaña y ayuda también tienen mucho que enseñarnos en su debilidad: "Nos recuerdan que somos frágiles y que dependemos de Dios y de los demás. Que la mirada misericordiosa del Padre nos ayude a acoger nuestras pobrezas para ir adelante con confianza. Y a comprometernos juntos en esa ‘revolución de la ternura’, cuyo camino nos abrió Jesús mediante su Encarnación. Es bello ser sus discípulos y misioneros, para consolar, iluminar, aliviar, escuchar, liberar, acompañar".