La tienda es un revuelo de monjas vestidas de riguroso hábito de color negro o azul marino, que van de un lado para otro mirando los artículos expuestos en las estanterías. También hay algún que otro fraile franciscano con su característica túnica marrón y cordón con tres nudos. La caja registradora no para de facturar y se forman colas para pagar.

"Este sector sufre menos la crisis que otro", asegura satisfecho Gianni Sacchetti, uno de los dependientes de la Comandini, una de las tiendas de artículos religiosos con más solera de Roma.

Situada a unos centenares de metros de las puertas del Vaticano, vende cruces, medallas, rosarios y todo tipo de objetos eclesiásticos desde hace más de medio siglo. Se inauguró en 1950.

Con la celebración del Jubileo en el año 2000, muchos comercios en la capital italiana ya se reconvirtieron en tiendas de artículos religiosos. Pero con la llegada de Jorge Bergoglio al Vaticano hace poco más de dos años, se produjo un auténtico milagro económico.

Estos comercios resucitaron después de casi una década de declive durante el Papado de Benedicto XVI, y muchos chinos también empezaron a dedicarse al pujante negocio de la venta de cruces y santos. Ahora las tiendas de artículos religiosos en las inmediaciones del Vaticano se cuentan por decenas. En algunas calles hay una al lado de otra.

"¿Qué color te gusta más, el blanco o el rosa?", pregunta una monja a otra, mostrándole dos rosarios y sin saber por cuál decidirse. Algunos establecimientos son como "tiendas de todo a un euro". La clientela va metiendo en pequeños barreños de plástico todo aquello que desea comprar, y se encuentran auténticas gangas: paquetes de cien cruces por diez euros, o diez medallas de San Francisco, San Pedro o Santa Rita por sólo nueve.

"Las tiendas de chinos también son baratas pero la calidad es peor", susurra sor Amalia, una religiosa ecuatoriana que hace ocho años vive en un convento a varios kilómetros de Roma, y aprovecha para comprar artículos religiosos cada vez que visita el Vaticano en alguna fecha señalada, como Pascua, Navidad, el día del Padre o de la Virgen.

Las tiendas de artículos religiosos abren todos los días del año. Son un negocio esclavo. Pero la jornada de más ventas es sin duda el miércoles, "el día que el Papa tiene audiencia", destaca Adriano Angelis, encargado de Soprani, otro comercio histórico en Roma. Vende artículos religiosos desde 1975.

Según Angelis, lo que ahora tiene más salida son los rosarios y la cruz con la parábola del buen pastor, que es la que lleva Bergoglio. Y lo que menos, las figuras grandes de santos, cuyo precio oscila entre los 120 y 150 euros. Hay otros artículos con coste aún más prohibitivo. Un cáliz puede valer 500 euros, y un sagrario, cinco mil. Es lo más caro.

También se pueden encontrar casullas, camisas con alzacuellos para sacerdotes, fajines de seda, vino dulce para celebrar la misa, e incluso hostias con fecha de caducidad en 2016. Lo único que no hay en estas tiendas son hábitos para monja.

El Papa Francisco anunció a mediados de marzo la celebración de un Año Santo extraordinario a partir del próximo diciembre hasta noviembre de 2016. Todos los periódicos italianos recogieron la noticia en primera página. No es para menos. En el último jubileo veinticinco millones de peregrinos viajaron a la capital italiana. El nuevo año santo puede atraer a tantos visitantes que el milagro económico sea posible no sólo en los comercios de artículos religiosos, sino en toda Roma.