El Papa Francisco en la residencia es más reservado que en sus apariciones públicas e “incluso, a primera vista, a veces puede parecer serio pero, sin duda, tiene muchos detalles de auténtica cercanía, bondad y sencillez”.
 
Lo explica a la revista Paraula el sacerdote Luis Miguel Castillo, que -como el Papa- reside permanentemente en la Casa Santa Marta del Vaticano y trabaja como oficial en la sección de Documentos Latinos de la Secretaría de Estado del Vaticano.
 
Respecto a la cercanía del Pontífice, el latinista valenciano ha explicado que  al término de la misa que Francisco preside durante el año todas las mañanas en la capilla de la residencia, el propio Pontífice sale al vestíbulo para saludar, uno por uno, a los que han participado.
 
Además, ha añadido que el Papa Francisco come en el mismo salón que todos, que su menú es el mismo y que siempre es posible acceder a él directamente si “en algún momento necesitamos contarle algo importante relacionado con nuestra labor o vida personal, porque no pone barreras y, evidentemente, los demás procuramos no invadir su intimidad innecesariamente”.
 
Según recoge la agencia Aván, el sacerdote ha destacado que ha hablado varias veces con el Pontífice a solas, una de ellas cuando se enteró de que el sobrino de Luis Miguel Castillo, de siete años de edad, había fallecido.
 
“El Papa me llamó a su habitación preocupándose por mi y por mi familia y esos detalles siempre resultan entrañables y nos aportan consuelo en una situación que sólo la fe permite superar”, ha manifestado.
 
El sacerdote ha asegurado que para las personas que viven en la residencia es una satisfacción tener al Papa tan cerca y “la vida en la residencia ha cambiado en cuanto a la seguridad porque lógicamente ahora hay mucha más vigilancia y control”.
 
Sin embargo, ha añadido que “eso no nos ha impedido seguir llevando una vida normal, dedicada a nuestros respectivos quehaceres”.