Concluida la misa de envío, celebrada este domingo ante dos milones de personas, antes del rezo del Angelus el Papa presentó a la Virgen María como modelo de las tres cosas que acababa de pedir en la homilía: "Id, sin miedo, a servir". Al decir esas palabras, se había llevado la mano a la oreja para dar a entender que no oía y pedir una proclamación más fuerte: "Id, sin miedo, a servir".

Pero, ¿de quién aprender esas tres cosas? "Ahora dirigimos nuestra mirada a la Madre del cielo, la Virgen María. En estos días, Jesús les ha repetido con insistencia la invitación a ser sus discípulos misioneros; han escuchado la voz del Buen Pastor que les ha llamado por su nombre y han reconocido la voz que les llamaba... La Virgen Inmaculada intercede por nosotros en el Cielo como una buena madre que cuida de sus hijos. Que María nos enseñe con su vida qué significa ser discípulo misionero".

Y nos lo puede enseñar porque ella lo hizo antes: "Cada vez que rezamos el Angelus, recordamos el evento que ha cambiado para siempre la historia de los hombres. Cuando el ángel Gabriel anunció a María que iba a ser la Madre de Jesús, del Salvador, ella, aun sin comprender del todo el significado de aquella llamada, se fió de Dios y respondió: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). Pero, ¿qué hizo inmediatamente después? Después de recibir la gracia de ser la Madre del Verbo encarnado, no se quedó con aquel don; marchó, salió de su casa y se fue rápidamente a ayudar a su pariente Isabel, que tenía necesidad de ayuda (cf. Lc 1,38-39); realizó un gesto de amor, de caridad, de servicio concreto, llevando a Jesús en su seno. Y este gesto lo hizo diligentemente".

"Queridos amigos, éste es nuestro modelo", concluyó Francisco: "La que ha recibido el don más precioso de parte de Dios, como primer gesto de respuesta se pone en camino para servir y llevar a Jesús. Pidamos a la Virgen que nos ayude también a nosotros a llevar la alegría de Cristo a nuestros familiares, compañeros, amigos, a todos", que para eso se había convocado la JMJ.

Inmediatamente después de estas palabras convocó la siguiente: "Queridos jóvenes, tenemos una cita en la próxima Jornada Mundial de la Juventud, en 2016, en Cracovia, Polonia". Donde fue arzobispo Karol Wojtyla, para entonces ya San Juan Pablo II.