El Papa Francisco ha recibido este miércoles en audiencia privada al Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I y, posteriormente, en audiencia general en la Sala Clementina del palacio apostólico vaticano a los Delegados Fraternos de otras iglesias y comunidades cristianas, así como de otras religiones.

En la Misa de Inicio de Pontificado estuvieron presentes 33 delegaciones de Iglesias y denominaciones cristianas, entre ellas, 14 orientales y 10 occidentales. Subieron al altar a abrazar al nuevo Papa el Patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, y el Katolikós armenio, Karekin II. Otros líderes presentes en Roma son el metropolita Hilarión del Patriarcado de Moscú (con quien Francisco ha tenido un encuentro personal); el arzobispo anglicano de York, John Tucker Mugabi Sentamu; y el secretario del Consejo Mundial de Iglesias, Fykse Tveit, entre otros.



En la audiencia del miércoles han participado también delegados del patriarcado greco-ortodoxo de Alejandría, del patriarcado greco-ortodoxo de Antioquía, de la Iglesia Ortodoxa rusa, el patriarcado de Georgia, de Serbia, de Rumanía, de Chipre, de Grecia y de Albania. También estaban delegados de comunidades cristianas como la anglicana, federación mundial luterana, metodista, bautistas, pentecostales, evangélicas, del consejo mundial de las Iglesias.

Además, representantes de las Iglesias ortodoxas orientales , la Iglesia copta de Alejandría, el patriarcado siro-ortodoxo, la Iglesia armenia y los armenios de Cilicia. Acudieron también delegados de la Iglesia Ortodoxa de Ucrania, el patriarcado armenio de Turquía, y la comunidad monástica ecuménica de Taizé, Francia.

Otros asistentes eran los representantes de la comunidad hebrea de Roma, del Rabinato de Israel, del American Jewish Committee, del congreso mundial judío y de la Anti-Defamation League, entre otros. De otras religiones, representantes musulmanes de Italia, Serbia, Bulgaria, así como delegados budistas, sij, jainistas e hindúes.

"En primer lugar, doy gracias de corazón a lo que mi hermano Andrés nos ha dicho", dijo Francisco en su intervención, refiriéndose a Bartolomé I, heredero, según una tradición, de la sede del apóstol Andrés, hermanod e Pedro, en Bizancio.

"Me da mucha alegría reunirme con vosotros hoy, los delegados de las Iglesias Ortodoxas, de las Iglesias Orientales Ortodoxas y las Comunidades eclesiales de Occidente. Gracias por querer tomar parte en la celebración que marcó el comienzo de mi ministerio como Obispo de Roma y Sucesor de Pedro", dijo Francisco.

Para Francisco, es necesaria "una oración más urgente por la unidad de todos los creyentes en Cristo", que sume "el plan de Dios y nuestra cooperación sincera".

Recordó que el Año de la Fe, que convocó Benedicto XVI y Francisco alaba, conmemora "el quincuagésimo aniversario del Concilio Vaticano II, proponiendo una especie de peregrinación a lo que es lo esencial para todo cristiano: la relación personal y transformadora con Jesús Cristo, Hijo de Dios, muerto y resucitado por nuestra salvación".

Francisco recordó también palabras de su predecesor Juan XXIII: "La Iglesia Católica considera su deber trabajar activamente con el fin de cumplir el gran misterio de la unidad que Cristo Jesús con fervientes oraciones al Padre Celestial pidió en inminencia de su sacrificio", y pronunció las palabras de Cristo: "ut unum sint", que sean uno, para "ser capaces de dar testimonio libre, alegre y valiente. Este será nuestro mejor servicio a la causa de la entre los cristianos, un servicio de esperanza para un mundo que sigue marcado por la división, por las disputas y rivalidades".

"Por mi parte, deseo asegurar, en la estela de mis predecesores, que se continuará el trabajo en el camino del diálogo ecuménico, y agradezco al Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad Cristiana, por la ayuda que se siga prestando, en mi nombre, para esta noble causa. Os pido, queridos hermanos y hermanas, para llevar mi cordial saludo y la seguridad de mi recuerdo en el Señor Jesús a las Iglesias y comunidades cristianas que están representados aquí, y pido la caridad de una especial oración por mi persona, para que pueda ser un pastor según el corazón de Cristo", solicitó a los cristianos.

A los judíos les recordó que "nos une un vínculo espiritual muy especial", explicado en el Decreto Nostra Aetate del Vaticano II: "el misterio divino de salvación en los Patriarcas, Moisés y los profetas". "Estoy seguro de que, con la ayuda del Todopoderoso, podremos seguir provechosamente el diálogo fraterno", anunció.

Después saludó a los musulmanes, que, dijo, "adoran al único Dios, viviente y misericordioso, y lo invocan en la oración". En la presencia de estos musulmanes, Francisco dijo ver "una nueva voluntad de crecer en el respeto mutuo y la cooperación para el bien común de la humanidad".

Insistió en la importancia de "la promoción de la amistad y el respeto entre hombres y mujeres de diferentes tradiciones religiosas" y agradeció el trabajo del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso.

Pidió a todos ser conscientes de "la responsabilidad que todos llevamos en nuestro mundo, de toda la creación, a la que debemos amar y apreciar. Y podemos hacer mucho por el bien de los menos afortunados, los que son débiles y el sufrimiento, promover la justicia, promover la reconciliación, la consolidación de la paz. Pero por encima de todo, debemos mantener viva en el mundo la sed de lo absoluto, no permitiendo que prevalezca una visión de la persona humana de una sola dimensión, según la cual el hombre se reduce a lo que produce y lo que consume: se trata de una de las trampas más peligrosas para nuestro tiempo".