Durante los primeros días del Pontificado de Francisco se está analizando y comentando todo lo que rodea al nuevo Pontífice. Algo que era previsible.

Su naturalidad y su estilo de vida sencillo austero están prevaleciendo durante estos días y son ya muchos los gestos que se han publicado: como acudió a pagar la factura de la pensión, como comía con el resto de cardenales o su llamada a la Casa General de los Jesuitas.
 
Este sábado, los periodistas fueron recibidos en audiencia por el Papa. Allí apareció él y con él unos zapatos desgastados. Estaban como escondidos por la sotana pero se le podían ver. Son los mismos zapatos que han recorrido las calles de Buenos Aires, las villas miseria donde la pobreza y la violencia abundan por doquier. Ahora, esos mismos zapatos visten a un Papa, le llevan en su caminar y dan una muestra más de la universalidad y grandeza de la Iglesia.
 
Por ello, observando estos zapatos, que no dejan de ser más que un detalle, lleva a uno a recordar la primera homilía que Francisco hizo como Papa y donde los zapatos tienen un valor simbólico. Insistió mucho en el “movimiento”, la Iglesia y la vida están en movimiento.
“Nuestra vida es un camino. Cuando nos detenemos, la cosa no va. Caminar siempre, en presencia del Señor, en la luz del Señor, buscando vivir de modo irreprensible que Dios pide a Abraham en su promesa”, afirmaba el recién elegido Papa.
 
Zapatos desgastados de caminar, de buscar, de atender. Así añadió que “cuando caminamos sin la Cruz, cuando edificamos sin la Cruz y confesamos a un Cristo sin Cruz, no somos discípulos del Señor”.