Este domingo el Papa visitó la parroquia de San Juan Bautista de La Salle, en el barrio romano del Torrino, donde celebró misa en un ambiente entrañable y familiar. Tanto, que arrancó su homilía agradeciendo que "en el Papa veáis también a papá, algo bellísimo" que, confesó, le llena de ánimo.

En su glosa a las lecturas del segundo domingo de Cuaresma, Benedicto XVI puso en relación el sacrificio que Abraham estuvo dispuesto a hacer de su hijo Isaac porque Dios se lo pedía ("con el hijo sacrificaba el futuro, porque sin el hijo la tierra prometida no era nada, acababa en nada") con el del Padre entregando al Hijo, Jesucristo, para nuestra salvación.

Esa entrega demuestra que "estamos en el corazón de Dios, y ésa es nuestra gran confianza. Esto crea amor, y en el amor caminamos hacia Dios. Si Dios ha entregado a su propio Hijo por todos nosotros, nadie podrá acusarnos, nadie podrá condenarnos, nadie podrá separarnos de su inmenso amor".

Estas verdades esenciales de la fe las recordó el Papa en unos momentos en que son muy ignoradas. Por eso quiso animar el trabajo de formación y preparación sacramental de la parroquia que visitaba, tanto más necesario en los tiempos de la Nueva Evangelización, y que tiene validez universal: "Conozco el esfuerzo que ponéis en la preparación de los niños y jóvenes a los sacramentos de la vida cristiana. El próximo Año de la Fe será una ocasión propicia para que crezca y se consolide la experiencia de la catequesis sobre las grandes verdades de la fe cristiana".

"Así", concluyó, "todo el barrio podrá conocer y profundizar en el Credo de la Iglesia, y superar ese «analfabetismo religioso» que es uno de los grandes problemas de nuestro tiempo".