Santoral hoy: 25 de julio. Beato Rodolfo Acquaviva y compañeros, jesuitas mártires.

Rodolfo Acquaviva nació el 2 de octubre de 1550, y con 17 años tomó el hábito jesuita. Fue ordenado presbítero en 1577 y al año siguiente fue enviado por los superiores a Goa, colonia portuguesa en la India. Allí comenzó a dar clases de filosofía a los estudiantes y a las incipientes vocaciones nativas, destacando por su erudición y oratoria. Junto a otros cuatro sacerdotes jesuitas comenzó una serie de encuentros con el Gran Mogol Akbar, en Fatehpur. Este personaje musulmán tenía gran influencia entre los hindúes y los musulmanes, por su poder, riqueza y cultura. Nuestro Beato sabía que, como los misioneros de antaño, si lograba convertir a un personaje importante, detrás de él se convertirían muchos, llevados por su ejemplo. Todos los sábados se reunían y hablaban en un clima fraterno sobre Dios, el mundo, Cristo, las religiones del mundo, etc. Rodolfo regaló una bellísima edición de la Biblia a Akbar, el cual siempre la tuvo en gran aprecio. Y efectivamente, llegó el momento en que Akbar tuvo que reconocer que en Cristo estaba la verdad, y que Mahoma era inferior a él. Pero a pesar de su reconocimiento de la fe cristiana era verdadera, no tuvo fuerzas para abandonar su estilo de vida y cultura musulmanas, pues poseía cuatro esposas, numerosas riquezas y algunos esclavos. Ante esto nuestro jesuita solo pudo retirarse, y sintiéndolo mucho regresó a Goa, luego de tres años de constante prédica y buenos ejemplos en Fatehpur.

En 1583, el padre Acquaviva fue nombrado como Superior de las Misiones en India. Comenzó una serie de visitas para comprender el estado de las misiones, los logros y los fracasos en la conversión de los misionados. Con esta intención llegó a la península de Salsette para tratar con los demás el asunto de la conversión de los habitantes de dicho lugar, los más reacios al mensaje de Cristo. Rodolfo Acquaviva visitó cada misión, donde mandaba levantar una capilla y una cruz bien visible, en torno a la cual predicar el Evangelio. Los que le acompañaban en esta misión por más de 60 pueblos eran:

Alonso Pacheco: Nació en 1551 en Minaya, Albacete. Había profesado con los jesuitas de Belmonte en 1567. Siempre quiso ir a las misiones de Japón, pero los Superiores le querían en Europa. En una ocasión se reclutaron a doce jesuitas para las misiones en Goa, pero él no fue elegido. Sin embargo, uno de los seleccionados enfermó a última hora y le era imposible partir, por lo que Alonso suplicó a los Superiores y estos le dejaron ir a misiones. Allí fue ordenado presbítero en 1574, y nombrado secretario del Provincial. En 1578 volvió a Europa para buscar a nuevos misioneros, regresando con 13 religiosos jóvenes. Era el responsable de las misiones en Salsette, cuando el P. Acquaviva le relevó en su cargo.

Antonio Francisco: Nació en 1553, en Coimbra, en cuya universidad estudiaba y tenía un brillante futuro, hasta que un hecho ejemplar marcó su vida. En 1570 fueron martirizados por los herejes el Beato Ignacio Azevedo y 39 compañeros jesuitas misioneros. Antonio Francisco quedó tan impresionado por este testimonio de fe, que decidió hacerse jesuita, abandonando el mundo. En 1571, recién profeso, pidió ir a misiones, lo que le fue concedido en 1578, pues fue uno de el P. Alonso Pacheco llevó consigo a Goa. En 1583 recibió la ordenación sacerdotal y le destinaron a las misiones en las Molucas, pero su barco naufragó apenas salió del puerto, y para no demorar en misionar, pues no habría otra salida en meses, se le envió a Salsette, donde había llegado apenas tres meses antes que nuestro Beato, el Rodolfo Acquaviva.

Pedro Berno: Era hijo de una familia de comerciantes de frutas de Ascona, y había nacido en 1553. Estudiaba en el seminario diocesano de Ascona cuando su padre, buscando nuevos negocios, se trasladó a Roma. Entonces Pedro, por no separarse de su familia, pidió el traslado al Colegio Germánico de Roma, donde continuó sus estudios. Sin embargo, poco antes de ser ordenado sacerdote, se sintió llamado a las misiones y en 1577 tomó la sotana jesuita en el noviciado romano de Sant'Andrea al Quirinale. Ese mismo año le llamaron a las misiones de la India, acompañando al P. Rodolfo, aunque antes debía terminar su noviciado en Lisboa, para aprender el portugués y algunas lenguas locales de la India. Llegó a Goa en 1579 y al año siguiente fue ordenado presbítero. Muy pronto aprendió a comunicarse, por lo que le dieron licencias para confesar a los nativos. A fines de ese mismo año le enviaron a la ciudad de Margao, Salsette. Allí misionó tres años, predicando y llevando civilización y progreso a la región. Trabajaba codo con codo con sus misionados, y luego del trabajo les explicaba la doctrina cristiana. Estuvo del lado de los hindúes cuando portugueses violentos asaltaron Cuncolim, destruyendo y robando santuarios de los hindúes, profanando sus tierras y matando una vaca y destruyendo un hormiguero, considerado sagrado por los lugareños, y lo hicieron solo por placer de hacer daño. En esta situación estaban cuando el padre Acquaviva fue designado como el Superior de la misión.

Francisco Aranha: Era portugués, natural de Braga, donde nació sobre 1551. Su tío fue el gran Gaspar Aranha, primer arzobispo de Goa, al que conoció cuando tenía nueve años, en una visita a Portugal, y quedó Francisco tan impresionado de lo que contaba sobre las misiones, que decidió aún tan pequeño, ser misionero. En 1571 entró como Hermano en la Compañía de Jesús, y ese mismo año fue destinado a misiones. Como la mayoría de Hermanos en Órdenes Religiosas, era muy diestro para la carpintería, la arquitectura y el arte. Fue quien diseñó varias iglesias en Salsette. Sabía del amor de los hindúes por la belleza de lo sagrado, y que esta podía ser un buen instrumento de evangelización. Cuando llegó el P. Acquaviva, proyectaba una gran iglesia en Cuncolim, centro de la península, y donde la oposición contra los cristianos era más fuerte.

Y ya que conocemos a los cinco, y los tenemos juntos, seguimos con la historia: El 25 de julio de 1583, los cinco jesuitas estaban en Cuncolim, donde recientemente los portugueses habían hecho de las suyas, profanando los templos hindúes. Los lugareños estaban enfadados con los misioneros, a los que hacían cómplices de los portugueses. Para colmo, Acquaviva había plantado una cruz donde había habido un minúsculo santuario destruido. Precisamente la había levantado allí porque estaba fuera de la ciudad, para no exacerbar más los ánimos. Sin embargo, los hindúes lo tomaron como otra afrenta colonialista y se fueron contra los religiosos, sin darles tiempo de explicarse siquiera. Un portugués que acompañaba a los religiosos intentó sacar un arma, pero el padre Pacheco se lo impidió y le dijo: "No hemos venido a combatir".

Acquaviva fue el primero en caer de un golpe. El Hermano Aranha fue golpeado con un sable y alanceado en el pecho, aunque no le mataron. Con el Padre Berno, el mismo que había trabajado con ellos y les quería tanto, fueron más crueles aún, pues le culpaban de haber traído a los portugueses destructores: Le introdujeron un hierro en los ojos y le cortaron una oreja, y así le arrastraron por la tierra hasta matarle a golpes. Luego martirizaron al P. Pacheco. No contentos con esto, los paganos asesinaron a una docena de sus conciudadanos que ya eran cristianos, e hirieron a otros, y quemaron las casas de todos. El Hermano Francisco Aranha había logrado escabullirse arrastrándose en medio de la confusión de muertes y heridas, pero al día siguiente fue visto en el bosque por una mujer, que dio el aviso. Fue capturado y le apuñalaron todo el cuerpo, pero aun así no moría. Le llevaron a rastras ante una de sus divinidades y le obligaron a rendirle culto, pero él se negó diciendo: "No soy necio ni cobarde, como para abandonar a mi Dios e inclinarme ante madera o piedra". Y le aplastaron la cabeza de un hachazo. Los Beatos cuerpos fueron abandonados, pero un tiempo más tarde, cuando los ánimos se calmaron, los portugueses los recuperaron y los llevaron a Goa, donde les recibieron solemnemente y pronto recibieron culto. Los dos brazos de Rodolfo se trasladaron a Roma y Nápoles.

Para ser mártires, tuvieron un proceso complicado, pues no se veía claro si la causa del asesinato era la justa indignación de los hindúes, o el odio a la fe cristiana como tal. Tampoco ayudaron ciertos relatos apócrifos del siglo XVIII, en los cuales los mártires clamaban haber destruido ellos los templos y gritarlo ante los paganos, para ser martirizados. Eran añadidos que buscaban hacerlos héroes, pero añadidos en fin. En 1741 Benedicto XIV decretó que puesto que los misioneros no eran culpables de la acción de los portugueses, y que habían sido asesinados también cristianos locales, había "odium fidei" presente. Sin embargo, estos cristianos de Salsette, dos niños incluso, no fueron incluidos en la causa de canonización. Finalmente, los cinco mártires jesuitas fueron beatificados por León XIII el 30 de abril 1893, a los 310 años de su martirio.

A 25 de julio además se celebra
Santa Glodsindis de Metz, abadesa.
Thea, Valentina y Pablo, mártires.