Santa Rictrudis de Marchiennes, viuda y abadesa. 12 de mayo.

La primera "vita" que tenemos data de 980, y dice estar basada en avisos y tradiciones de las monjas de Marchiennes. Rictrudis nació en Gascuña, de padres cristianos llamados Ernold y Lichia. Sus padres eran amigos del obispo San Amando (6 de febrero), y lo acogieron cuando el rey Dagoberto lo desterró, luego que el santo denunciara la vida corrupta e inmoral del monarca. Así que pronto Amando y la niña trabaron amistad, él le enseñó la belleza de la religión y de seguir a Jesucristo.

Cuando Rictrudis era apenas una adolescente conoció a San Adabald (2 de febrero), un joven noble y fervoroso, legado del rey en Gascuña y cuñado de Santa Bertha de Blangy (4 de julio). Ambos se casaron pronto y se fueron a Ostrevaen, donde Adabald tenía numerosas posesiones. Tuvieron cuatro hijos: Santa Eusoye (16 de marzo y 18 de noviembre, elevación de las reliquias), Santas Clotsindis y Adalsindis (30 de junio) y San Maroncio (5 de mayo). Este último fue bautizado por San Riquier (26 de abril), el cual además le salvó de morir cuando Rictrudis estaba a caballo con el niño y el animal se desbocó. Por esto, la santa jamás volvió a subir a un caballo, sino que siempre usaba un borrico para trasladarse. Fue una familia piadosa, caritativa. Socorrían a los pobres, visitaban enfermos, acudían a todos los oficios religiosos y enseñaron a sus hijos a orar, a tener compasión y caridad y a detestar el pecado. Ponían paz en las familias, orden en la ciudad, y era buscado su consejo para asuntos importantes.

Pero esta armonía y la fe de la familia fue puesta a prueba: en 652, en un viaje que Adabald tuvo que hacer a Gascuña fue asesinado en Perigord por unos parientes de Rictrudis. Ella, rota de dolor, decidió entonces dedicarse totalmente ella y sus hijos, al servicio de Cristo en alma y cuerpo. Sin embargo, esperó a que el pequeño Maroncio creciera como para entrar de paje al servicio del rey Clodoveo II y ella poder consagrarse. Pasaron los años, el adolescente entró al servicio del rey y Rictrudis preparó su entrada al monasterio de Marchiennes, cuando recibió un mensaje del rey, que había elegido un noble y piadoso esposo para ella. Rictrudis buscó el auxilio de su amigo San Amando, para que le ayudara a desobedecer al rey. Ambos urdieron un plan: Por aquellos días estaba Clodoveo II cerca de Flandes, y Rictrudis le invitó a cenar a su castillo. Estando en la cena, ella se levantó y doblando su rodilla ante el rey, le dijo "Sire, pido su autorización y bendición para cumplir con mi deber". El rey, pensando que se trataba de cumplir su orden, le constestó que le daba su permiso con alegría. Entonces Rictrudis sacó un velo negro que traía escondido, y con un gesto se lo puso en la cabeza y clamó "Sire, a esto me llaman el deber y el deseo. Gracias por su autorización y bendición". El rey se sintió ofendido y salió bruscamente, y aquí entró en juego San Amando, el cual, con palabras amables logró que el rey, ya de buena gana, diera por roto el compromiso que había adquirido con el noble y futuro esposo. Y además, permitió que Rictrudis tomara el velo monástico.

Y Rictrudis, sobre 650, se fue Marchiennes con sus hijas menores Clotsindis y Adalsindis, y Eusoye se fue con su abuela paterna, Santa Gertrudis y su tía Santa Gereberta (ambas a 6 de diciembre) al monasterio de Hamage. La abuela murió cuando Eusoye tenía 12 años, y no sabemos si ya había tomado el hábito monástico, pero es probable que sí, pues a los 12 ya se consideraban a las mujeres aptas para el matrimonio o la vida religiosa. La leyenda cuenta que, como era aún era niña, su madre la llevó consigo a Marchiennes al morir la abuela, pero Eusoye cada noche se transportaba milagrosamente a Hamage, donde tocaba la campanilla y las puertas del monasterio se abrían solas, para que pudiera entrar y pasar la noche en oración. Una noche la sorprendió su hermano San Maroncio y pensando se había escapado, pretendió pegarle con una vara, pero esta se partió en dos antes de tocar a la niña. Visto este portento, Rictrudis dejó que la niña regresara a Hamage, como se veía era voluntad de Dios. A los 13 años sería elegida abadesa y moriría en 660, con solo 23 años.

Adalsindis murió ese mismo año, el 25 de diciembre. Durante tres días Rictrudis soportó con entereza y guardó sus lágrimas de madre, pero al tercer día, oyendo el Evangelio de los Santos Inocentes, en el que se alude al llanto de Raquel por sus hijos, estalló en llanto inconsolable. Cuando terminó el Oficio y las monjas fueron al refectorio, Rictrudis quedó en la iglesia, mientras decía a sus monjas: "Id, queridas hermanas, sin mí, dejadme ser como Raquel al menos este día". Por su parte, Maroncio servía al rey Teodorico, pero finalmente, decidió abandonar la corte y el mundo para dedicarse a Dios. Su madre, temerosa de que no fuera una decisión correcta, consultó a su gran valedor, San Amando, y este le dijo que diría una misa por la intención. Estando celebrándola, vio volar una abeja sobre la cabeza del joven, lo cual tomó el santo prelado por una señal de que era la decisión correcta. Supongamos que sería por el simbolismo de la abeja para la vida monástica.

Luego de una larga vida monástica ejemplar, Rictrudis falleció en 686, dejando el gobierno de la abadía a su hija Clotsindis, que sería abadesa hasta su muerte en 703. Las reliquias de Rictrudis se conservaron en Marchiennes en un magnífico relicario que en 1793 se guardó en París, por los peligros de la Revolución Francesa. A principios del siglo XIX volvieron a Marchiennes, pero sin embargo, el 24 de julio de 1830 la abadía fue saqueada y las reliquias desaparecieron.

Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo V. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.

A 12 de mayo además se celebra a
San Pancracio, mártir.
Santa Juana de Portugal, princesa y dominica.