En el último decreto de la Congregación para las Causas de los Santos se recogían, entre otras, las virtudes heroicas del sacerdote español Antonio Vicente González (1817-1851), conocido como el “buen pastor canario”, pues nació, realizó su ministerio y murió en este archipiélago.

De este modo, avanza el proceso de beatificación de este ya “venerable”, cuyo testimonio es ahora más actual que nunca, pues fue un joven mártir de la caridad al entregar su vida por los más pobres y enfermos durante una epidemia de cólera.

Tras conocerse la decisión de Roma, el nuevo obispo de Canarias, monseñor José Mazuelos, explicaba que la figura de este “sacerdote entregado” es totalmente “actual en medio de esta pandemia que estamos viviendo y nos anima a todos a seguir dando y ayudando, siendo generosos con los enfermos, siendo generosos con los pobres”.

Un milagro en estudio

“Lo importante es ver un sacerdote joven que no tiene miedo a acoger a los más pobres, a los enfermos y al final morir por la transmisión del cólera”, añadió el obispo canario.

Ahora Roma investiga ya el posible milagro que de ser aprobado haría beato al padre Antonio. El propio prelado de Canarias asegura que este posible milagro habría sucedido entre 2005 y 2006. Se trata de una curación sin explicación científica de una persona que sufría un proceso degenerativo.

El obispo Mazuelos habla a los medios de la figura de este sacerdote canario

Según contó, una familia de la isla de Gran Canaria se encomendó a este sacerdote para que intercediera ante Dios por la curación de uno de los hijos, aquejado de un aneurisma de cuarto grado que le mantuvo dos meses en coma.

El padre Antonio nació en Villa de Agüimes el 5 de abril de 1817. Vivió 34 años pero tuvo una enorme labor pastoral en este tiempo que dejó una gran huella entre los canarios. De hecho, llegó a desempeñar numerosas labores en su corta vida: párroco, fiscal de la diócesis, secretario, vicerrector, catedrático de Teología Fundamental en el seminario… Aunque es recordado especialmente  por su atención por los feligreses, sus admiradas homilías y sobre todo por su profundo amor por los más pobres, necesitados y enfermos.

Pese a ser un gran orador fueron sus obras las que le hicieron ser recordado por su santidad entre el pueblo de Dios, fruto de su testimonio de mártir de la caridad por amor a los pobres.

Mártir de la caridad

Dos episodios marcaron especialmente su corta vida sacerdotal. Primero una tremenda hambruna y la posterior epidemia de cólera que dejó un gran número de muertes en la isla. Debido a su entrega total a estos enfermos, él mismo acabó contrayendo la enfermedad y muriendo a los 34 años a causa del cólera.

En 1847, en la isla de Gran Canaria comenzó la hambruna citada anteriormente. Frente a la iglesia, este sacerdote creó un pionero centro de caridad donde repartía sus ingresos y bienes con los pobres. Acogió y dio ropa a los necesitados, pese a que él tampoco poseía muchos bienes.

Sacerdote, médico y hermano

Ya en 1851, el año de su fallecimiento, comenzó la epidemia de cólera debido a las condiciones insalubres en las que se veían obligadas a vivir las personas más pobres, lo que unido al hambre propició que la enfermedad se extendiera rápidamente.

El padre Antonio Vicente González primero intentó primeramente alimentar a los pobres. Después, como se recuerda en Canarias, “se dedicó a hacer de médico, de padre, de hermano y de sacerdote”.

De este modo, acabó convirtiendo la vivienda en la que realizaba el reparto de alimentos en un pequeño hospital al que acudía cada día para visitar y aliviar a los enfermos. No dejaba a nadie sin cuidar física y espiritualmente.

Fue así como acabó contagiándose. Murió el 22 de junio de 1851, un día después de haber celebrado misa. Entre el pueblo empezó a ser llamado “el buen pastor canario”.