Motero agresivo de día y portero de discotecas de noche. Pasaba los días rodeado de violencia, drogas y dinero. La historia de Zsolt Szabadkai se parece a la serie de moteros Sons of Anarchy, pero con final feliz, encontrando a Dios. Y sin dejar las motos: hoy es miembro de la Comunidad de Motociclistas Cristianos Húngaros.

Entrevistado por el canal de testimonios del Congreso Eucarístico celebrado en Budapest, ha contado como un trágico suceso le abrió a la vida cristiana. 

Encerrado en sí mismo y las motos

Zsolt recuerda haber sido siempre un fanático de las motos. En moto ha dado tres veces la vuelta a su Hungría natal. "Lo he disfrutado muchísimo a lo largo de mi vida, y ha significado mucho para mí". 

Realizaba largos viajes en moto y llegaba a casa cansado y dolorido. "No quería ni que mi familia me hablara y, a decir verdad, yo no era nada feliz", reconoce hoy.

A Zsolt, su familia y conocidos le hablaban frecuentemente de Dios. Las personas cristianas que conocía le decían viviendo de forma correcta llegaría al Cielo y sería feliz. "Pero yo sólo quería ser feliz `este´ momento", recuerda.

Violencia, droga y codicia en la noche 

"Durante años trabajé de noche como portero en discotecas y clubs nocturnos y estuve metido en las drogas. Me impulsaba la codicia, el poder y el dinero, y la gente a mi alrededor me admiraba. Tenía droga y dinero".

Hasta que llegó el acontecimiento que le hizo reflexionar profundamente.

"Un día dispararon a un amigo cercano", recuerda. Aquel suceso le conmovió y afectó profundamente. No volvió a ser el mismo. "Podía haberme ocurrido a mí. La noche anterior estuvimos hablando, y al día siguiente aparecía muerto en las noticias".

El asesinato de su amigo le invitó a reflexionar. ¿Por qué nunca había ido a la cárcel? ¿Cómo es que la policía nunca había descubierto su mercancía y material ilegal en los registros de su coche?

"Aquellos pensamientos siempre me hacían preguntarme cómo y por qué habían sucedido o si podían ser milagros de Dios".

Sin dejar la moto... pero con moteros cristianos

"En ese momento, empecé a buscar otros moteros con valores y encontré la Comunidad de Motoristas Cristianos de Hungría", explica.

"Solemos salir juntos a las marchas y reuniones, a los eventos religiosos… creo firmemente que podemos aportar algo al reino de Dios", añade.

¿Su objetivo? "Ofrecer una alternativa a aquellos moteros dispuestos a conocer la verdadera alegría y libertad, y compartir con todos la buena noticia sobre el amor de Dios", detalla su página web.

Algunos integrantes de la banda motera cristiana de Zsolt, la Magyar Keresztény Motorosok Közössége.

El trágico suceso y sus nuevas compañías le motivaron a centrarse en lo que le hacía feliz. "Patear o atracar a la gente no me hacía feliz. Ese fue el momento en el que empecé a asentar mi vida y desde entonces, he tomado la decisión de no hacer daño a nadie nunca más, en todo lo que me queda de vida".

El cambio fue radical y dice que comenzó a experimentar "milagros cotidianos. Siempre que uno piensa en cómo será el cielo, cuando le prestas atención a los demás o cuando se quiere dar en lugar de recibir… esa es una comunidad realmente feliz".

"Cuando se entiende esto", añade,  "es gratificante trabajar para que suceda así", especialmente si se compara a su anterior concepción de la vida, en la que la felicidad o se conseguía aquí, o solo venía después de la muerte. "Ahora creo que todo eso también puede hacerse realidad aquí. Y no es complicado", explica: "Si das algo bueno, recibes algo bueno. Si doy amor, seré amado también. Es maravilloso poder experimentarlo".

Una experiencia eucarística que pervive en su día a día

Zsolt, devoto de la Adoración Eucarística, cuenta que tras mucho tiempo acudiendo sigue planteándola como una ocasión llena de retos.

"Francamente, es un verdadero desafío", explica.

Describe una experiencia de adoración especial. "Me senté en la presencia de Jesús y comencé a tener un gran deseo de quedarme allí para siempre. Si pudiera, me sentaría en ese banco de la iglesia durante toda mi vida. Eso es lo que sentí en ese momento, una experiencia increíble que permaneció durante días, y que todavía permanece, tanto en casa como en el trabajo. Sabía que las cosas estaban sucediendo de la mejor manera que podían", concluye.

La historia completa de Zsolt Szabadkai en la serie de testimonios difundida por el Congreso Eucarístico de Budapest (subtítulos en inglés)