Desde que era muy joven Ester Palma tenía una clara llamada de Dios para anunciar el Evangelio y servir a los pobres de Corea del Norte. Unos años después este sueño está más cerca que nunca de cumplirse. Esta consagrada de los Siervos del Evangelio de la Misericordia de Dios lleva ya más de 20 años como misionera pese a que tan sólo tiene 43. Los últimos 12 lleva en Corea del Sur, cerca de la frontera que algún día quisiera poder cruzar. Mientras tanto, la misión le ha traído regalos como ser la traductora del Papa Francisco durante su visita a Corea en 2014.

Su vocación surgió desde que era muy joven debido a sus grandes inquietudes. “Desde que tenía 19 años he soñado en un mundo pacífico en el que jóvenes y niños tuvieran el derecho a ser felices. Durante mis estudios universitarios, aprendí a conocer Corea del Norte y la dureza de la vida en este país. Después comencé a estudiar para convertirme en traductora y poder trabajar en instituciones internacionales de derechos humanos en Extremo Oriente”, relata.

"¿A quién enviaré?"

Entonces, un día sintió esa llamada y explica que “tuve la oportunidad de participar en un encuentro de oración en el que sentí el corazón de Jesús lleno de compasión y ternura por el pueblo de Corea del Norte. Jesús me dijo, a través de su Palabra: ‘He escuchado el grito de mi pueblo. ¿A quién enviaré?’. Comprendí por la meditación del Éxodo que el amor que tenía en el corazón por Corea del Norte era Dios que me llamaba a dedicar toda mi vida a mostrar su amor y a compartir su felicidad con su gente”.

Ester es misionera desde hace 23 años y actualmente vive en Corea del Sur. “Rezo a Dios para que un día pueda ir al Norte y vivir allí, junto a los jóvenes y a los niños, como una humilde sierva de Su misericordia”, concluye Ester.

La importancia de llegar a los jóvenes

Esta española asegura que la presencia de misioneros católicos en Corea del Sur puede ser una sorpresa para muchos al tratarse un país del primer mundo y muy avanzado desde el punto de vista tecnológico y económico. Sin embargo, Ester explica que  “en todos los países es necesario el amor de Jesús y especialmente aquí, entre los jóvenes, nuestra misión es importante. La sociedad coreana es muy exigente, los jóvenes viven en ambientes extremadamente competitivos que producen altos niveles de estrés y mucha tristeza. Los jóvenes no tienen el tiempo de soñar y de pensar en sí mismos o en el significado de sus vidas, mientras están tan empeñados en estudiar para tener un buen currículum”.

De este modo, tal y como recoge Obras Misionales Pontificas, la labor de misioneros como Ester es estar cerca de estos jóvenes y estar dispuestos a escucharlos: “Estamos aquí para mostrarles la belleza del plan de Dios para cada uno de nosotros”. Y es que tiene claro que “Dios quiere que seamos felices, que tengamos una vida llena de significado. Dios quiere que descubramos nuestra vocación en este mundo”. En este

"Es posible encontrar la felicidad"

La misión de Ester en Corea y de los demás consagrados es, sobre todo, la de estar cerca de los jóvenes y estar dispuestos a escucharlos. “Estamos aquí para mostrarles la belleza del plan de Dios para cada uno de nosotros”, comenta Ester. “Dios quiere que seamos felices, que tengamos una vida llena de significado. Dios quiere que descubramos nuestra vocación en este mundo”. “Los misioneros tienen una gran tarea”, prosigue Ester: “Mostrar a los jóvenes, con el testimonio, que es posible encontrar la felicidad cuando entregamos totalmente nuestra vida a los demás, sirviendo a los pobres y trabajando por un mundo de justicia y paz”.

Lo que más me llena de mi servicio es ver que a través de nuestra pobre vida Dios toca el corazón de las personas y las transforma. Personas que vienen a nosotros cansados, con heridas muy fuertes, personas con la vida muy rota, y que, en un momento de oración, en un momento de encuentro, salen totalmente renovadas, transformadas”, incide esta granadina, pequeña de cuatro hermanos.

Ester es también cibermisionera

Pero en Ester hay también otra vertiente misionera. Además de su labor en Corea del Sur como consagrada es además una incansable cibermisionera, por lo que su misión excede las fronteras y lleva el mensaje del Evangelio a cualquier rincón al que llegue internet.

Esta misionera ha descubierto la importancia de las redes sociales en la evangelización de los jóvenes. Hace falta hablarles de Dios en sus medios y en sus lenguajes. Y ella ha encontrado el punto. A través de sus ingeniosos vídeos muestra la vida de la misión, pero también forma, anima y exhorta.

“Queremos estar donde están los jóvenes, que se encuentran en las redes sociales. Pero no como meros consumidores de contenido, sino como creadores, generadores de contenido, de mensajes positivos y también entrar en contacto con quienes están ahí”, afirma Ester.

“En internet está muy extendidos mensajes de odio” y con su aportación en internet “se puede colaborar a contrarrestar estando presentes, aunque nuestra aportación sea solo una gota”.