La Fundación CARF, que ayuda a jóvenes seminaristas de todo el mundo a estudiar en Roma, ha difundido el testimonio de uno de sus estudiantes, Simon Plankensteiner, austriaco de 26 años, que durante muchos años estuvo desinteresado de todo lo que tuviera que ver con la fe, pero que hoy desea entregar su vida a evangelizar como miembro de la Obra de Jesús Sumo Sacerdote.

Una familia amorosa, pero no practicante

Simon explica que se crió en una familia llena de amor y sin necesidades, con sus padres y un hermano dos años mayor, en Höchst, un pueblo austriaco "justo en las orillas del lago de Constanza".

"Realmente puedo decir que viví una infancia hermosa y por esto estoy muy agradecido. Lo único que faltaba era la fe. Mi hermano y yo fuimos educados en la fe católica, pero no la practicamos mucho. En realidad, íbamos a misa solo en Navidad. Tengo que confesar que ir a misa siempre fue muy aburrido para mí".

Lejos de Dios, demasiado alcohol

Simon añade que creció lejos de la fe, "como la mayoría de los jóvenes en nuestro entorno". Siempre creyó en Dios y a veces incluso le rezaba cuando tenía que pedirle algo, en momentos de problemas. Pero su vida cotidiana era del todo mundana y hasta desordenada: "iba a los clubes, bebía mucho alcohol, etc..."

Amigos con fe y un buen sacerdote

"Todo cambió alrededor de mi decimoctavo cumpleaños. A través de unos amigos volví a la iglesia, aunque no quería hacerlo. Durante la celebración de una Eucaristía, celebrada por un sacerdote con una gran labor entre los jóvenes, experimenté por primera vez el gusto de participar en la Santa Misa y no me pareció algo aburrido: todo lo contrario", recuerda.

"Desde ese momento comencé a asistir a misa todos los domingos y luego también durante la semana. Entonces me convertí gradualmente".

¿"La chica de mi vida"... o sacerdote?

Durante mucho pienso, Simon no se planteó la vocación sacerdotal. "Yo quería casarme cuando el Señor me enviara a la novia adecuada. Pero después de un tiempo, me dije: “Está bien, o el Señor todavía está tardando en mandarme a la chica de mi vida, ¡o tiene otro plan para mí”.

Y esa frase, ese abrirse a "otro plan", fue lo que inició su viaje vocacional.

"Hablé con mi párroco, quien me ayudó de verdad, y obviamente recé mucho y le pedí a Nuestra Señora que me ayudara a descubrir y aceptar la Voluntad de Dios para mi vida. Sin embargo, debo decir que tenía tanto miedo de que el Señor quisiera que fuera sacerdote que se lo dije en la oración. A pesar de este miedo, siempre quise hacer la Voluntad de Dios y realmente experimenté que el Señor cambió mi corazón, con la fuerte ayuda de Nuestra Señora, hasta el punto de sentir el deseo y la alegría de hacerme sacerdote".

En la foto, Simon con su familia

Un proceso y una comunidad

"Todo el proceso duró aproximadamente un año y medio, y si miro hacia atrás ahora puedo ver muy claramente cuán fuerte estaba actuando el Señor en mi vida", advierte hoy con alegría.

Desde el principio de su llamado sacerdotal supo que quería servir en la Obra de Jesús Sumo Sacerdote, comunidad a la que conoció a través de su párroco. "Desde el principio me sentí atraído por su espiritualidad, que es muy mariana y sacerdotal, e inmediatamente tuve la certeza de que el Señor me llama en esta obra. Dios me ha otorgado este regalo de poder ser parte de esta comunidad y de esta manera ha confirmado el deseo que ya había puesto en mi corazón antes".

En 2015 ingresó al seminario de la Obra de Jesús Sumo Sacerdote de Jesús en Ariccia, cerca de Roma. Lleva allí casi 5 años y ahora está en su primer año de estudios teológicos.

La Fundación CARF ayuda económicamente a que Simon y otros seminaristas de la Obra de Jesús Sumo Sacerdote y de otras comunidades puedan estudiar en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma. "Les prometo orar por todos ustedes y también les pido su oración para que me convierta en un santo sacerdote según el Sagrado Corazón de Jesús", comenta Simon desde el boletín de CARF.