Kirsten Braidwood es una joven estudiante de Historia Medieval en St Andrews University , la universidad más antigua de Escocia, fundada en 1413, por el Papa Benedicto XIII, es decir, el aragonés Pedro Martínez de Luna, el "Papa Luna", cerca de la ciudad de Dundee. Kirsten se ha hecho católica esta Pascua de 2019 después de pensárselo unos años.

No ha sido fácil para ella: viene de una familia atea, convivía con su novio y tuvo que mudarse a otro espacio, y los amigos y compañeros de la universidad no entienden su opción. Pero ella siente que así debía ser.

"Fui educada en una familia atea"

"Me bautizaron en la Iglesia Anglicana pero fui educada en una familia atea", explica en el Scottish Catholic Observer. A los 19 años, en un grupo femenino al que acudía estaban explorando un texto muy especial: el capítulo 16 del Evangelio de Juan. En él, Jesús promete que habrá persecución ("cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios, porque no conocen al Padre ni a mí") pero también promete que el Espíritu Santo dará guía y consuelo a los perseguidos.

"Cuando escuché las palabras fue como si algo empujara mi corazón", explica.

Kirsten, en un cuidado selfie en Facebook

Comparando diversas iglesias

En St Andrews hay muchas iglesias de denominaciones distintas y estilos distintos. Kirsten visitó unas cuantas y exploró las distintas ofertas. "No tenían mucha reverencia ni santidad en su culto, ni ponían énfasis en la Eucaristía", señala.

Cuando se mudó a la cercana ciudad de Dundee, encontró cerca dos iglesias: ambas eran reverentes, agradables y católicas. Se parecían más a lo que ella había conocido en entornos anglicanos (que en Escocia son muy minoritarios, ya que es un país de tradición mayoritaria presbiteriana desde el siglo XVI).

"Ahí podía ver que había un culto real, no solo una adoración simbólica. Tenía esa sensación de que hay una razón para que sea así. Le pedí a Dios que no detuviera ese deseo en mí, y que si Él lo deseaba, yo me haría católica. Y él avivó ese deseo en mí. ¡Sólo podía pensar en eso, era todo lo que pensaba!", recuerda.

Después pudo hablar con el capellán católico de la universidad y confirmar así su decisión.

Cohabitar con el novio, y ateo... no ayuda

Había complicaciones. La familia de Kirsten era atea. Y ahora ella se había ido a vivir con su novio también ateo. La cohabitación extramatrimonial no es la forma católica de hacer las cosas. El capellán de la universidad, el padre Michael John, sabía el ambiente del que ella llegaba y no le metió prisas.

El padre Michael John Galbraith es capellán de
la universidad de Saint Andrews, donde los 
católicos son minoría y de muy diversos orígenes

"Él sabía de mis relaciones, cómo fui educada... eso ayudó. Yo sabía que tenía que cambiar mis actos, pero todo esto lo vivía conviviendo con un ateo. Al final me dije: ¿vale la pena no hacer lo que sí quiero? Y dejé Dundee y mi apartamento. Fue un poco caótico, pero sabía que Dios me ayudaría".

Kirsten explica que su mentalidad ya había cambiado. "Ahora creía en un Dios que creó al hombre y la mujer. Ya no puede ser que las cosas no me importen. Tengo la obligación de decir que no puedo simplemente hacer lo que me viene en gana".

Amigos en la universidad que no lo entienden

"Todavía tengo alrededor gente en la universidad que me discute estas cosas y no me siento muy capaz de expresar mi opinión en voz alta. La universidad la presentan como ese lugar donde haces lo que quieres, donde vas a lo loco con sexo y drogas y todo eso", lamenta Kirsten. Dos amistades suyas que han acudido a los ritos de acogida en la Iglesia "tienen una cisión muy secularizada de las cosas, vienen de una cultura muy contraria" a lo religioso, explica.

De octubre a Navidad acudió al grupo de preparación para entrar en la Iglesia, con los vídeos del obispo Robert Barron sobre la fe católica y la presentación de diversos temas. En enero hubo un mes de descanso y reflexión y de abril a mayo estudiaron con más detenimiento el Catecismo y mejoraron sus lazos como grupo.

A Kirsten le sorprendió la variedad de personas que acudían al grupo. "Había una chica de Hong Kong que no tenía ningún trasfondo cristiano. Otra que tenía un origen ateo. Y tres madres con niños que llevaban un tiempo educando a sus hijos ya como católicos. Yo les tenía algo de celos: eran gente que sabían dónde pertenecen". Toda la gente en los entornos católicos que ha conocido, en el grupo, las parroquias y en la capellanía católica de la universidad era amable y acogedora.

Kirsten se hace un selfie con su crucecita

Las ventajas del Rosario

También le gusta el Rosario, un tipo de oración estable y repetitiva y que ayuda a la relación con María y con Dios. "Siento que puedes sentirte cercano a María, que sufrió mucho y sabe lo que es ser santo. Puedes pedir a María, como tu madre, que te acerque a su Hijo. Estuve en varios grupos de oración en diversas iglesias y tenías que componer tus propias oraciones, hablar en voz alta de cómo te sientes, pero eso no siempre funciona bien si tienes sequía espiritual o simplemente no sabes qué decir. Es genial que la Iglesia Católica tenga cosas como el Rosario para ayudar".

Como católica novata tiene claro que "a misa traes tus cargas, y las presentas en oración; si entiendes eso, creo, es muy útil".