Durante más de cuatro décadas el sacerdote capuchino Serafin Kaszuba vagó por los vastos territorios de la Unión Soviética ejerciendo de manera clandestina su ministerio sacerdotal, celebrando misas en casas y llevando la palabra de Dios en un momento en el que los cristianos eran masacrados.

Era conocido como el vagabundo de Dios tras recorrer lo que hoy es Ucrania, Kazajistán, Bielorrusia, Lituania, Letonia y Estonia. Durante décadas logró burlar a la inteligencia soviética, fue encarcelado pero logró escapar de la cárcel para seguir con su misión y debido a su ritmo de vida cayó gravemente enfermo. Se recuperó hasta que murió en 1970. El pasado mes de octubre el Papa Francisco aprobó el decreto de la Congregación para la Causa de los Santos que reconocía sus virtudes heroicas, por lo que ya es considerado “venerable”.




El padre Kaszuba nació en 1910 cerca de Lviv, actualmente Ucrania aunque en ese momento era parte del imperio austro-húngaro. Ingresó en el noviciado capuchino en Polonia a la edad de 18 años. Hizo los votos perpetuos en 1932 y se ordenó sacerdote un año más tarde.

En 1940 llegó a la zona ucraniana de Lviv y Volinia, que había sido ocupada por la URSS, más tarde lo fue por la Alemania nazi, hasta que de nuevo fue tomada por los soviéticos. Mientras tanto, este sacerdote también tuvo que lidiar con los nacionalistas del ejército insurgente ucraniano, que mientras que luchaba contra nazis y comunistas también realizó una limpieza étnica de los polacos que allí vivían.

El religioso capuchino se negó a abandonar a sus feligreses y recorría todos los pueblos y asentamientos que estaban siendo arrasados por los nacionalistas. Milagrosamente logró salvar la vida tras el ataque a su vivienda.


Tal y como recuerda National Catholic Register, ya bajo el yugo comunista, Kaszuba pudo registrarse legalmente como sacerdote en 1945 en la ciudad ucraniana de Rivne, y centró su ministerio en la zona fronteriza con Polonia, mientras viajaba también para atender a los católicos que esteban en los territorios letones y lituanos.




En 1958, la URSS le prohibió ejercer el sacerdocio pero este capuchino hizo caso omiso y empezó a ejercerlo de manera secreta en Ucrania, Bielorrusia, Lituania y Estonia, trasladándose en 1963 a Kazajistán, donde los soviéticos habían deportado a decenas de miles de católicos polacos. Allí les atendía espiritualmente en secreto mientras que oficialmente su trabajo era de encuadernador.

Finalmente, la inteligencia soviética le detectó  por lo que fue arrestado y condenado a prisión. Sin embargo, tras apenas un año en la cárcel logró escapar pero lejos de huir lejos siguió ejerciendo el sacerdocio de manera clandestina en Kazajistán.


Tras tantos años de clandestinidad y viajes, el padre Kaszuba enfermó de tuberculosis mientras sufría una sordera progresiva por lo que pudo regresar a Polonia, estado satélite soviético, donde pudo ser hospitalizado  en 1968 donde le realizaron una operación quirúrgica en el pulmón.




Una vez recuperado volvió a Kazajistán y Ucrania en 1970 donde siguió atendiendo a los miles de católicos allí deportados hasta que murió en 1977, que se produjo mientras rezaba el rezaba el breviario en Lviv, muy cerca de su localidad natal.

Muchas de las familias que fueron ayudadas por este religioso capuchino no olvidaron su importante labor tras su muerte y a día de hoy todavía se conservan en las casas los altares privado donde este “venerable” sacerdote celebró la Eucaristía durante décadas de manera clandestina.