La música es un instrumento muy útil para la evangelización y para llegar a los más jóvenes. Guillermo Esteban, conocido en el ambiente musical como Grilex, lo hace a través del rap, y sus letras ya han ayudado a varios jóvenes que tenían intención de suicidarse.

Este rapero pese a tener tan sólo 22 años ya ha experimentado en su vida una crisis de fe importante y una fuerte conversión. Volvió a la Iglesia con los cursos Alpha tras ser invitado por una "chica muy guapa" y ahora que ha descubierto el amor de Dios quiere dedicar su talento para ayudar a los otros y llevarles a la felicidad que él ha encontrado con Dios. En una entrevista en Alfa y Omega habla de su conversión y de su música:


- A los 7 años. Me gustaban las letras, cómo se expresaba la gente… En contraste con otros géneros musicales, el rap tiene muchas palabras, mucho mensaje, y puede transmitir muchos sentimientos, más que una canción convencional.


- Mucho más adelante. Me puse a ello y poco a poco fui descubriendo ese don. También empecé a darme cuenta de que la gente empezaba a aplaudir todo lo que hacía, se me empezó a subir el ego. Empecé a soltar puyas en mis letras, a meterme con la gente, a escribir letras negativas… Y a medida que iba haciendo daño a otras personas, con letras agresivas, crecía más y más mi “éxito” entre la gente del rap. Pero yo por dentro me sentía cada vez más vacío.


- Me alejé de todo, de mis amigos de entonces, de mi parroquia… Me sentía superior, iba con el dedo señalando a los demás… Me separé tanto que llegó un momento en que vi a la Iglesia como una secta.


Mis padres siempre nos han educado en la fe. Pero los hijos que hemos crecido así tenemos un problema: hemos nacido en la tierra del profeta. Es muy difícil para nosotros experimentar la enormidad de Jesucristo porque nos lo han contado desde pequeños. ¿Por qué los conversos están tan locos por Dios? Porque han tenido un contraste muy fuerte en su vida.


- Curiosamente, fue mi madre la que me invitó un día a Misa en la parroquia. Yo no quería ir, pero fui, y antes de entrar una chica muy guapa se me acercó y me dijo: 'Anda, ¡tú eres Grilex!»'. Y al rato de hablar me invitó a un curso Alpha. Yo fui solo porque iba ella…


- Empecé a ir por Alpha, y vi cosas a las que no estaba acostumbrado. Lo principal, la sonrisa gratuita de los que iban allí a servir. No me engancharon los debates, solo me acuerdo de los rostros de felicidad de la gente que servía.


- Sí, hasta que una buena amiga mía me dijo: «Jo, qué pena que tengas un don tan potente y hagas semejante basura». Yo que tenía un orgullo tan grande y que todo el mundo me aplaudía, ¡y viene ella y me dice que lo hago es perder el tiempo! Lo que hice inmediatamente fue bloquearla en el móvil, y no volví a hablar con ella hasta pasados siete meses. Pero es que durante esos siete meses no escribí una sola letra, nada de nada. Y en ese tiempo Dios me fue poniendo personas y circunstancias que poco a poco me fueron acercando a Él: convivencias, parroquias…, y Dios me fue entrando por ahí. Todo lo que yo creía que era un rollo, al final era fantástico.


- Yo seguía con dudas, pero volví a hablar con esta amiga, y me dijo: 'Tú que señalas tanto a la gente de Iglesia, quiero decirte que la Iglesia es un hospital de campaña. No te vas a encontrar a las mejores personas, sino a las personas más heridas, porque Dios no vino a sanar a los sanos, sino a los que están rotos'. Y ahí fue cuando pensé: 'Este es mi sitio. Yo pertenezco a esta Iglesia'.


- Sí, y por eso puedo entender a los que critican desde fuera, porque yo he pasado por eso. Me he dado cuenta de que somos poca cosa pero felices con el Señor. También me hablaron de la Confesión. Me metí por probar, para restaurar el vacío que tenía por dentro. No tenía nada que perder… Y cuando salí lo hice totalmente restaurado. No hay nada más gratificante que el perdón de los pecados. Voy cada semana, con gratitud, a que Dios me restaure el alma.


- Sí. Lo que pasó es me infundieron el Espíritu Santo.


- Fue en una convivencia, no me acuerdo quién la organizaba. Yo solo sé que estuve llorando todo el fin de semana. Me sentía pleno y amado por dentro. Me impusieron las manos y cambió mi vida. Sentí un fuego, como si abrieran la llave del gas a máxima potencia. Y a raíz de ahí, mi vida cambió. Y mi música cambió también. Me cambió el Señor cuando empecé a dejarme amar por Él.


- Sobre todo quiero ayudar a las personas que están lejos. Las letras del disco que estoy grabando son asequibles para todos. Aunque introduzco oraciones y partes del Evangelio en mis canciones, no es un rap solo para católicos. Son letras abiertas, que todo el mundo puede escuchar, y que te pueden llevar a Dios. Siento una llamada, no para alimentar la fe de los católicos, sino para estar en primera línea y llamar a la gente que no cree, muchos que están como estuve yo. Si Dios me cambió a mí, ¿cómo no cambiará a otros?


- Me pasó algo muy fuerte. Hay mucha gente que me sigue en las redes sociales, y allí una chica me mandó un mensaje: «Grilex, que sepas que gracias a una canción tuya, no me he suicidado». Me impactó tanto que le dediqué una canción a esa chica y a todos aquellos a los que les ronda esa idea en la cabeza, gente que está mal por tristeza, por baja autoestima, por anorexia, por no sentirse amado y aceptado… Y a raíz de eso, me ha vuelto a escribir gente con ese mismo mensaje: «Gracias, porque por tu canción no me he suicidado». Y yo que me siento muy poca cosa. Es un don y una responsabilidad.


- Pues mira, desde fuera se les ve como unos tirados y unos dejados, pero para nada es así. Muchos tienen una profundidad en sus letras impresionante, que ya querrían muchos. Yo hablo con ellos con libertad y desde el respeto. Un ejemplo es mi productor, Krobe, que no me pidió sacrificar mi fe a cambio del dinero. Respetó mi objetivo: evangelizar a través del rap.