El 18 de octubre de 1998, un atentado terrorista del ELN (Ejército de Liberación Nacional) contra un oleoducto a su paso por Machuca, en el departamento de Antioquia, provocó una masacre de cuerpos incinerados y la destrucción del pueblo entre las llamas, al ser arrastrado el crudo por el río.

Murieron 84 personas, entre ellas el marido y los tres hijos de María Cecilia Mosquera, quien pronto se convirtió en líder de la reconstrucción del lugar y símbolo del horror producido por esa guerrilla, de ideología comunista, cuya cúpula, varios de cuyos miembros negocian actualmente con el gobierno, fue condenada por este hecho por un tribunal de Medellín.

Este viernes, María Cecilia saludó unos minutos al Papa a su regreso de Villaviencio, ante la nunciatura apostólica de Bogotá, donde acudieron a verle varias víctimas de la violencia.


“Creí que era el fin del mundo. Mi casa ardía en llamas. Mientras se quemaban mis brazos y mis pies, intenté desesperadamente salvar a mis tres pequeños hijos y a mi marido. Caí inconsciente”, contó. Cuando despertó en el hospital se enteró que todos habían fallecido. “Me quedé sola en el mundo”.


María Cecilia Mosquera, que perdió a su marido y tres hijos, asesinados por el ELN, y sufrió graves quemaduras en el atentado de 1998 en Machuca, se convirtió en un símbolo de las víctimas del terrorismo.

“Le pregunté mil veces a Dios ¿por qué a mí? Me preguntaba si yo había hecho lo suficiente para salvarlos. Las profundas cicatrices en el cuerpo y en el alma me respondieron. Es un dolor muy grande que llevo vivo en el corazón”, dijo María Cecilia, quien no pudo hablar con ninguna persona durante un año.

Solo compartía su dolor físico y espiritual con la imagen de Cristo que estaba en su iglesia: “Era el único que me escuchaba. Pero un día lo robaron”.
 
“Yo no juzgo a los guerrilleros porque sé que hay un Dios que lo ve todo. Pero aún no he podido perdonar”, le dijo al Papa, a quien hizo un ruego: "Pídale a Dios que me regale la gracia de perdonar”.

 
Actualmente, María Cecilia Mosquera trabaja como enfermera de la misericordia en el Hospital de Campo, que dirige la Fundación Víctimas Visibles, y se dedica a impartir catequesis a los niños en Machuca.

La Fundación Víctimas Visibles nació en 2001 con un objetivo, según explica su sitio web: "El reto fue invertir el modelo con el que los medios cubren las noticias relacionadas con el terrorismo donde la voz la tienen los victimarios para devolverles la voz a las víctimas y restaurar su dignidad".


Dios “me ha regalado el don de amarlo y servirlo. Mi alma ha descansado al abrazar a otros. No es fácil, pero sé que es Dios quien perdona en mí…y un día lo lograré”, dijo.
 
Cuando terminó su testimonio, el Papa Francisco abrazó a María Cecilia y luego, visiblemente conmovido, repitió las palabras que ella pronunció: “Dios perdona en mí”.
 
“Son muchos los que no pueden perdonar todavía, pero hoy recibimos una lección de teología, de alta teología, Dios perdona en mí. Basta dejar que Él haga y toda Colombia tendría que abrir sus puertas como las abrió este Hospital de Campo y dejar que entre Él, que perdone en uno, darle el lugar, ‘yo no puedo, pero hacelo vos’”, señaló el Pontífice, según recoge Aciprensa.
 
“Gracias por lo que hacen, gracias y gracias por lo que me enseñaron esta noche. Al pie de la Cruz estaba la Madre, que ha sido despojada de ese Hijo, que ha visto la tortura... todo. Que ella acompañé a las mujeres colombianas y les enseñe, como Ella, el camino a seguir”, concluyó el Papa, e invitó a todos los presentes a rezar con él un Avemaría.
 
El Papa también se acercó a saludar a niños hijos de militares y policías que fueron heridos en combate contra el terrorismo.