El milagro del amor y de la fe. El amor de una familia que supo permanecer unida en cinco años de calvario por el estado vegetativo de su hijo Giorgio. La fe de una madre que todos los días, rezando a Dios, pedía: "Señor, tú lo puedes todo. Sé que un día nos sorprenderás".

La madre, Rosa Vigani, y el padre, Gianluigi Grena, nunca perdieron la esperanza de ver salir del estado vegetativo a su hijo de 22 años, víctima de un trágico accidente de tráfico el 15 de mayo de 2010, en la autopista A4, en cerca de Bergamo. De pronto había quedado pendiente de un hilo finísimo la vida de un joven que estaba esperando los últimos papeleos para ser promocionado a delegado de zona de una compañía de seguros, que había crecido en el oratorio, primero como monaguillo y luego como catequista y animador.


Hasta diciembre de 2011 fue una odisea inacabable entre la unidad de reanimación del hospital de Bergamo, la de la clínica de la Fundación Salvatore Maugeri de Pavía, la neurocirugía en la Multimédica de Castellanza y la residencia clínica Quarenghi de San Pellegrino para la rehabilitación. Pero las conclusiones eran siempre las mismas: no había mejora en la interacción con el entorno.

A finales de 2011 los padres de Giorgio se encontraron ante una encrucijada: una larga hospitalización en una institución o el retorno al hogar. "No lo pensé ni un segundo", explica Rosa: "Giorgio debía estar en su casa. La habíamos acondicionado para ello y a él le habíamos atendido cada día de cada mes de cada año con el mismo cariño, aunque no hubiese reacciones aparentes. Jamás he llorado y ni siquiera me he preguntado por qué nos sucedió a nosotros. Sólo he rezado incesantemente, la fe ha sido una constante en el camino porque me dio la certeza de que antes o después a Giorgio le pasaría algo grande".


Giorgio, con su "princesa" Ginevra en las rodillas.

La familia continuó en el largo viaje de la esperanza, que significa cansancio, sacrificios inmensos, dolor, también enormes inversiones. "Entre musicoterapia, logopedia y rehabilitación de pago las cifras alcanzaban siempre los cuatro mil euros al mes", explica la madre: "No lamento nada, por supuesto, sólo quiero subrayar que no es justo que las instituciones abandonen precisamente a los más frágiles, a los más indefensos. En estos casos también la burocracia parece hecha a propósito para desanimar, más que para facilitar las cosas a las familias, que ya pagan muchísimo en términos de fatiga física y mental".


Pero algo grande sucede un día en la familia Grena. Desde el pasado 31 de marzo, Giorgio muestra una progresiva implicación con su entorno, empieza a hablar de nuevo, y aunque con voz trémula y tenue consigue responder a las preguntas de sus familiares y de los médicos.

Le preguntan cuál es su cantante favorita, y responde que Madonna. Luego cuál es la ciudad más hermosa, y dice que Milán. Giorgio se convierte así en uno de los rarísimos casos, sobre todo fuera del hospital, de despertar espontáneo.


La historia de Giorgio se contó por primera vez este domingo en el casino de San Pellegrino Terme, en el encuentro anual sobre tratamientos de rehabilitación organizado por la Asociación Génesis para la recuperación del traumatismo craneal, desde 1989 dependiente de la residencia clínica Quarenghi, que lucha por la dignidad y los derechos de las personas en estado vegetativo y con conciencia muy reducida.

El neurólogo Gian Pietro Salvi, responsable del Centro de Rehabilitación Neuromotriz, es socio fundador de la asociación y el organizador del encuentro, y junto con el doctor Giorgio Maggioni, de la Fundación Maugeri de Pavía, lleva el caso de Giorgio, bajo control en el establecimiento de la Val Bembrana. Giorgio asistió a todo el congreso, siguiendo con la mirada las intervenciones y los audiovisuales. Tenía sobre sus rodillas a su sobrina Ginevra, a quien llama "mi princesa".

"Giorgio es uno de los rarísimos casos de despertar espontáneo", afirma Salvi: "Se conocen quince en todo el mundo. Sobre todo porque a él jamás se le administraron fármacos estimulantes para recuperar la conciencia. Pero quiero subrayar que el congreso ha dado a conocer una historia, no un caso clínico. Exponemos los hechos y que cada cual extraiga sus conclusiones".

Una historia que aún ha de tener un largo recorrido, por medio de un proceso de rehabilitación neuropsicológica en la residencia clínica Quaranghi que está dando resultados esperanzadores, pero que da pie también a una angustiosa llamada por parte de Paolo Fogar, presidente de la federación nacional de asociaciones del trauma craneal después de los dos años, y de Paola Dellera, presidente de la asociación de traumatizados craneales de Bergamo: "Lucharemos para que la historia de Giorgio sirva a otras familias. Falta ese trabajo en red sobre el terreno que debería ser competencia de las instituciones y que, sin embargo, pesa demasiado sobre las familias. Porque la vida, incluso en estado de coma, sigue siendo vida".

Publicado en Avvenire.