El doctor John Bruchalski nació en una familia católica practicante del estado de Virginia, Estados Unidos, aunque su paso por el instituto y por la universidad le formó en unos valores contrarios a la fe de su familia. Curiosamente eran centros católicos.

Allí aprendió que para un pleno desarrollo de la sexualidad tanto el aborto como la contracepción son herramientas básicas y normales.



Se especializó en ginecología, y durante sus años de internado practicó abortos sin la menor duda de estar haciendo lo correcto. Le enseñaron que el aborto simplemente debía ser un "no-problema" que no tenía por qué interferir en su fe católica. Al contrario, algo absolutamente compatible.

Sin embargo, a medida que trataba a más mujeres, más se daba cuenta de que lejos de solucionar un tema de sexualidad femenina, en realidad les creaba mayores problemas, trastornos y traumas de los que ya traían. Se dio cuenta de que había que tratar a dos pacientes, y que uno de ellos, el más indefenso, había que eliminarlo.

Ese no-problema realmente sí existía: "Yo no veo la felicidad o la alegría en mi clínica –explica en una página web. Cuanto más aborto y más anticoncepción, más relaciones rotas, más infecciones, más destrucción, más amargura".

A la vez observaba que los médicos que practicaban abortos se desentendían de los nuevos problemas que se originaban. Y como estaba en periodo de formación, los médicos tutores de su internado no ofrecían más respuesta que seguir haciendo más y más abortos.

En su tercer año de internado fue unos días de vacaciones con un amigo a México. Allí visitaron a la Virgen de Guadalupe, y como católico bautizado que era, rezó.

John explica que escuchó en ese momento una voz totalmente inesperada: "¿Por qué me estás haciendo daño?"

No la contestó y de alguna manera dejó aparcada la posible respuesta. Huía. Bruchalski sí sabía qué tenía que hacer: dejar de practicar abortos y defender la vida humana.

Los cambios no suelen venir de golpe y, efectivamente, la visita al Tepeyac, la colina en la que se apareció la Virgen de Guadalupe al indio Juan Diego, fue un eslabón más su proceso de revisión profesional. Así que los abortos y las esterilizaciones continuaron.

Un tiempo después, estando aún en su internado, se fue con su familia a Medjugorje, en Bosnia-Hercegovina, donde un grupo de videntes afirman haber visto apariciones de la Virgen y en donde hay constantes conversiones.



Aquello resultó aún más sorprendente. Cierto día, encontró a una joven belga, a quién lógicamente no conocía de nada, que le explicó que tenía un mensaje de la Virgen para él. Esta mujer empezó a contarle cosas de su vida que un desconocido no podría saber.

"Fue un cambio de vida para mí". Volvió a la vida de fe y llegando a Estados Unidos informó a sus profesores que se acababan los abortos y las esterilizaciones.

Las preguntas del inicio empezaron a resonar de nuevo en su cabeza. El Dr. Bruchalski empezó formarse no sólo como médico defensor de la vida humana desde un punto de vista técnico, sino que también descubrió los textos del papa Juan Pablo II en la que habla sobre la Teología del Cuerpo.

El resultado fue que John, junto a su mujer y con el apoyo de tres médicos y una enfermera, creó el Tepeyac Family Center en el garaje de su casa, haciendo de este consultorio primero y clínica después, un centro pionero y modélico en la defensa de la vida humana y en la atención específica a cada caso que se les presenta. El paciente es contemplado en su integridad tanto en lo médico, como en lo psicológico y en lo familiar.



El hecho es que el Tepeyac Family Center se ha convertido en un refugio seguro para "embarazos en crisis", en donde se difunde la esperanza a través del cuidado de una salud que respete los procesos naturales del cuerpo y de la psicología de la mujer, el derecho a la vida del niño por nacer y el final eterno del alma de la madre gestante.

En la vida de John, en donde antes esterilizaba, ahora forma a mujeres y parejas en métodos naturales de regulación de la natalidad; en casos de infertilidad en vez de acudir a la fecundación in vitro, recurre a lo que verdaderamente genera el trastorno, proponiendo así la solución ética y más económica.

"Creemos que si la familia o la mujer vive en un ambiente de amor, el aborto se vuelve impensable", explica el médico. "Nosotros odiamos la enfermedad, pero amamos al paciente. A él le damos lo mejor y especialmente a los más débiles y vulnerables".

Una cifra: en más del 30% de los nacimientos que atienden, las madres no tienen seguro médico con el que pagar los servicios, pero ninguna de ellas queda desatendida.



¿Qué demuestra? Que los embarazos no deseados no acabarían en aborto si hubiese posibilidades de acogida, de acompañamiento, de apoyo… En su clínica hay una especial acogida a los pobres y a las familias sin recursos.

El Tepeyac Family Center (www.tepeyacfamilycenter.com) opera bajo una organización paraguas llamada Divine Mercy Care, que recauda fondos y aumenta la conciencia a través de programas educativos. Su red de servicios incluye un hospital perinatal, y en los próximos años se espera ofrecer medicina de familia, pediatría y un programa de salud mental.

"Idealmente, nos gustaría ser una ciudad sobre una montaña –como dice el Evangelio-, en donde haya un grupo multidisciplinar que se dedica a la salud del ser humano en cuerpo, alma y espíritu", explica. "Un centro médico y un sistema médico donde se respeta la persona humana como hecha a imagen y semejanza de nuestro Dios”.

"Esto eso que la Virgen me pidió", concluye el Dr. Bruchalski.