El 6 de agosto de 1945 cayó sobre Hiroshima la primera de las dos bombas atómicas que, con un intervalo de tres días, los aliados lanzaron sobre suelo japonés. Se cumplen pues setenta años de una tragedia que costó la vida a no menos de cien mil personas (el 80% civiles), la mitad de ellas en el momento mismo del impacto y el resto a lo largo de las semanas posteriores, ya fuese a consecuencia de las quemaduras o de trastornos producidos por la radiación.


Hubo supervivientes, incluso en la zona cero, esto es, en un radio de un kilómetro como base del cono formado con el punto de explosión, a seiscientos metros del suelo. Pero destacaron de forma muy especial cuatro sacerdotes jesuitas alemanes, que en ese momento (las 8.15 de la mañana) se encontraban en la casa parroquial de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, que fue de los pocos edificios que quedaron en pie, pero en estado ruinoso. Dos tercios de los edificios de la ciudad desaparecieron.

Los padres Hugo Lassalle (18981990) -superior de los jesuitas en Japón-, Hubert Schiffer (19151982) -párroco- , Wilhelm Kleinsorge (19071977) y Hubert Cieslik (19141988), quien dejo luego por escrito lo sucedido y es fuente fiable, se encontraban diciendo misa, desayunando o en las dependencias del edificio cuando sintieron el resplandor y el estallido y, en unos instantes, una destrucción absoluta alrededor. Sufrieron daños menores producto de cristales rotos o de las piedras que les golpearon e hirieron, pero ninguna consecuencia de la temperatura infernal que desintegró a sus vecinos de manera instantánea. Varias personas más de las que servían a la rectoría salvaron también la vida.


Hugo Lassalle, S.I.


Hubert Schiffer, S.I., años después con uno de los pilotos del Enola Gay, el B-29 que lanzó la bomba sobre Hiroshima.

Cuando fueron atendidos por los asombrados médicos días después, les advirtieron de que, en cualquier caso, la radiación recibida les produciría con el tiempo graves lesiones, enfermedades y la muerte. Pero lo cierto es que no presentaban efecto alguno en su cuerpo, no desarrollaron ningún trastorno y todavía en 1976, cuando el padre Schiffer asistió al Congreso Eucarístico de Filadelfia y contó su historia, todos ellos vivían. Se calcula que fueron examinados por decenas de doctores unas doscientas veces a lo largo de los años posteriores, sin que se hayase en sus cuerpos rastro radiactivo alguno.


Wilhelm Kleinsorge, S.I.


Hubert Cieslik, S.I., fuente fiable sobre lo sucedido aquel 6 de agosto en la misión jesuita de Hiroshima.

Es el conocido como "milagro de Hiroshima", no tanto por la supervivencia en sí, pues hubo otros casos, como por la concentración de salvados y por la inexistencia prolongada de efecto alguno de la bomba en sus cuerpos. Por lo demás, los interesados nunca dudaron de que habían gozado de la protección divina, y en particular de la Santísima Virgen: "Vivíamos el mensaje de Fátima y rezábamos juntos el Rosario todos los días", explicaron.



De hecho, el padre Schiffer escribió luego un libro titulado The Rosary of Hiroshima [El Rosario de Hiroshima] enmarcando no el posible milagro con el que fue beneficiado, sino los acontecimientos mismos de la guerra y de la posguerra, en el marco del mensaje de la Virgen a Sor Lucía.

Artículo publicado originalmente en Cari Filii.