A punto de cumplir 76 años, el cardenal Stanislaw Dziwisz, sigue siendo una de las grandes referencias a la hora de evocar a San Juan Pablo II, de quien fue su amigo y secretario personal desde los tiempos en que Karol Wojtyla era arzobispo de Cracovia. Consagrado obispo en 1998, tras el retiro del cardenal Franciszek Macharski en 2005 fue designado arzobispo de Cracovia pocos meses después del fallecimiento del Papa polaco.

Este 2 de abril se cumplen diez años de ese momento, y con ese motivo le ha entrevistado el corresponsal del National Catholic Register en Cracovia, Filip Mazurczak.

"Era un santo, era un santo", repite. Y al recordar que cinco millones de personas estuvieron presentes en Roma en aquellos días, afirma con rotunidad: "El mundo entero, la humanidad entera asistió al regreso de Juan Pablo II a la casa del Padre. Creo que su muerte y funeral fue su encíclica más hermosa. Fue un testimonio de su vida y de su fe, y esto aún permanece. Su amor a Dios y al prójimo permanece. La gente vuelve sobre su figura y quiere profundizar en el conocimiento de su vida y de quién era. Tenemos que recordar su legado, su producción literaria y académica, sus enseñanzas como obispo y como Papa. No sólo por su contenido, sino también por su lenguaje. Era comunicador y convincente y siempre le guiaron el bien del hombre y su fe profunda".


Según el cardenal Dziwisz, Juan Pablo II era convincente porque "su sufrimiento fue real y auténtico", y como Papa "no sólo desempeñó un papel, sino que vivió su ministerio hacia Dios y los hombres. Por eso la gente aceptaba lo que decía. Para muchos, Juan Pablo II evidenciaba la forma de vivir los Evangelios y eso les convencía".

Entre las contribuciones del Papa Wojtyla, su sucesor en Cracovia cita su teología de la Santísima Trinidad plasmada en las encíclicas Redemptor Hominis, Dives in Misericordia y Dominum et Vivificantem, su forma de mostrar "que Dios está presente en el mundo criticando dos sistemas totalitarios, el nazismo y el comunismo, y dos sistemas económicos, el socialismo y el materialismo (Centesimus Annus)" y viajando por todo el mundo y su condición de "Papa de la vida" a defender "al no nacido y a los ancianos". También recuerda sus documentos sobre la mujer y su teología del cuerpo, "una novedad que enriquece enormemente la doctrina teológica sobre la familia, el matrimonio y el noviazgo".

"La enseñanza de Juan Pablo II sobre el respeto a la vida, sobre la contracepción y el problema de los matrimonios en crisis", responde el purpurado cuando le preguntan por las polémicas actuales en torno al sínodo, "es muy profunda e importante. En esto Juan Pablo II puede ser difícil de comprender por el mundo moderno, pues él proponía que los problemas de los matrimonios en crisis se resolviesen con los Evangelios y con las enseñanzas de Cristo".


Una de las cuestiones por las que Mazurczak pregunta al cardenal es las abundantes peticiones de reliquias del santo Papa: "Tras conocer a Juan Pablo II en vida, muchas personas profundizaron en sus vidas y descubrieron a Dios. Ahondaban en su fe y su actitud hacia los demás cambiaba. Comenzaban a sentir un mayor amor por el prójimo. Esto también sucede ahora. El deseo de crecer cerca de Juan Pablo II consiguiendo reliquias muestra que estas personas quieren crecer en su fe y acercarse a Dios".

Y es que parece ser muy eficaz en las gracias que se le piden: "En vida, muchas personas agradecieron a Dios gracias recibidas tras encontrarse con Juan Pablo II, en particular parejas sin hijos que eran bendecidas con niños tras conocerle. Esto también sucede ahora, lo cual demuestra que la gente le echa de menos y quiere sentirle cerca. Rezan a Dios por su intercesión".

Porque "él mostró a todos el camino hacia Cristo. No quería tener a la gente a su lado, sino guiar a los jóvenes hasta Dios".