El obispo José Ignacio Munilla, titular de la diócesis de San Sebastián, no rehúye el debate sobre la relación entre la Iglesia y el mundo, y los problemas a los que se enfrentan los católicos en la sociedad actual, muy alejada de los valores cristianos.

El prelado vasco fue preguntado por el diario regional La Rioja sobre cuál debe ser la actitud del creyente en una sociedad laica, si beligerante o conformista.  Y Monseñor Munilla respondió citando a San Pablo en su carta a los Romanos, que dice: “no os amoldéis a este mundo, sino transformaos con la renovación de la mente”.  Esto no supone –agregó el obispo- “que haya que estar peleándose con todo el mundo. Lo que sí me atrevo a afirmar es que el mayor peligro del cristianismo en el momento presente no radica en ser minoritario, sino en ser insignificante. El conformismo lleva inevitablemente a la insignificancia y a la irrelevancia. Decía Chesterton que solamente el que está vivo es capaz de remar contra corriente”.

Fe, razón y ciencia

También fue cuestionado sobre si puede haber diálogo entre fe y razón. Según Munilla, “la experiencia nos dice que la crisis de fe ha ido de la mano de la crisis de la razón”. Y puso el ejemplo de cómo “los mismos planes educativos que intentan descarrilar a la religión en el sistema de enseñanza son los que han relegado la filosofía. Alguien dijo que el enemigo de la fe no es la razón sino la ‘superstición’. Baste señalar la invasión en nuestros días de todo tipo de juegos de azar, o la plaga de de todo tipo de adicciones”.

Recordando a Stephen Hawking, el entrevistador insistió y preguntó a Munilla que “si el universo es explicable sin Dios, ¿por qué seguir creyendo?”. Y el obispo recordó que “es un hecho que la mayoría de los grandes científicos han sido creyentes, lo cual tampoco demuestra por sí mismo la existencia de Dios. La pregunta por Dios no implica específicamente a los científicos, sino a todos los seres humanos. No es una cuestión teorética, sino existencial. En cualquier caso, ahora que no está ya entre nosotros, apuesto a que Stephen Hawking tendrá una perspectiva diferente…”.

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Por otro lado, el religioso vasco señaló que “reconocer la existencia de Dios llama a la propia conversión. Si Dios existe, obviamente, todo se funda en Él; y su mensaje nos interpela al olvido de nosotros mismos y a la entrega de nuestra vida por amor a Dios y al prójimo. ¡No parece que esta sea una postura cómoda! Buscar el sentido de la vida no es sinónimo de tomar una pastilla tranquilizante; al igual que negar a dios tampoco es sinónimo de valentía. La pregunta por el sentido de la vida requiere de mucha honestidad, para que no nos engañemos a nosotros mismos”.

¿Aggiormento?

Yendo a un ámbito completamente diferente, el periodista preguntó a Munilla sobre si el aggiornamento de la Iglesia se quedó a medias tras el Concilio Vaticano II. “Por desgracia la palabra aggiornamento fue mal comprendida en muchos ámbitos. En la práctica se tradujo en una mundanización del cristianismo en vez de en una cristianización del mundo. De lo que se trata es de tener frescura para comunicar a nuestro mundo un mensaje eterno. Por ello, obviamente, el aggiornamento no ha terminado”, contestó el religioso vasco.

Los casos de abusos sexuales a menores en el seno de la Iglesia también salieron a relucir en la entrevista y el obispo de San Sebastián señaló que “se trata de un problema de toda la sociedad que sigue requiriendo un profundo análisis. En datos de octubre del año pasado de los 45.155 españoles con antecedentes penales por delitos sexuales, 33 eran clérigos. La participación de miembros de la Iglesia en ese tipo de delitos ha supuesto para nosotros una gran catarsis. Pienso que también debería suponerlo para el resto de la sociedad”.

Los clichés 

Por otro lado, Munilla renegó de las “etiquetas simplistas” de conservadores y progresistas que se dan en el seno de la Iglesia. “Las categorías que deberían importarnos no son las de progresista-conservador, sino la de verdadero-falso, bueno-malo, prudente-imprudente”, contestó. Del mismo modo, recordó que “la pluralidad de los estilos existe, y es buena; pero no me cabe la menor duda de que el Papa Francisco y Juan Pablo II suscribirían la siguiente expresión de Benedicto XVI: ‘el auténtico antídoto del conservadurismo no es el progresismo sino la extroversión misionera’”.

Por último, el prelado habló de los calificativos de conservador que recibe indicando que “la vida le enseña a un obispo a no dejarse incomodar por las etiquetas y los clichés que se le adjudican. Tengo muy claro que cuando me presente delante de Dios, no me preguntará si fui progresista o conservador, sino si cuidé del rebaño que se me encomendó, si defendí la fe de los sencillos ante las herejías del momento, si proclamé la Buena Nueva a un mundo necesitado de sentido, si opté de forma preferente por los pobres y desheredados de la Tierra, si denuncié las injusticias ante las que el mundo calla, si fui un hombre de oración, si mantuve el impulso misionero, si di ejemplo del Evangelio con una vida santa… ¡Lo demás son fuegos de artificiales!”.