El 7 de febrero se inauguran los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi (Rusia), y Anne Schleper se entrena a tope con la selección norteamericana de hockey sobre hielo, subcampeona olímpica en Vancouver (Canadá) en 2010.

La joven, nacida en St Cloud (Minnessotta) en 1990, es una de las estrellas del equipo y con gran proyección, tras destacar en todas las categorías inferiores e incorporarse a la liga profesional en 2012 con los Boston Blades. Esa temporada fue la mejor de su equipo en la Universidad de Minnessotta y conquistaron el campeonato universitario. Mide 1,77 m, pesa 77 kg y es toda una garantía en defensa.

Anne, católica practicante, ha dejado buen recuerdo en la  diócesis de St Cloud, porque colaboró durante toda su juventud en distintas actividades parroquiales. Forma parte de un círculo de estudio y lectura de las Sagradas Escrituras formado por jugadores de hockey, y en el instituto se enroló también en el grupo de Biblia.

Así que The Visitor, el periódico diocesano, apuesta firmemente por su éxito deportivo y le ha consagrado un artículo en el que la joven es muy expresiva sobre su religiosidad. Juega, dice, para dar gloria a Dios: "No cumpliría su voluntad si no le invitase también a la pista de hielo".

"En mi vida y en mi juego siento la libertad cuando fijo mis ojos en Jesús y no en este mundo", añade. Porque "la vida pasa demasiado deprisa como para intentar agradar a otro ser humano o trabajar sin descanso por cosas que antes o después perecerán".

Es el "no servir a señor que se me pueda morir" de  Francisco de Borja, pero con el palo de hockey de los gladiadores del frío en la mano, en vez de la espada del santo jesuita.