Paul Williams creció en una familia ligada a la religión anglicana. De adolescente se unió al coro de la parroquia —«me encantaba cantar música sacra», reconoce—, se confirmó en la década de los sesenta y llevaba la Sagrada Comunión a las casas. Pero más adelante, en su juventud, empezó a cambiar, dejó el coro y no frecuentó más la parroquia: «Me dejé el pelo largo y comencé a vestir extraño», explica.

Paul fue a la Universidad de Sussex para estudiar Filosofía. Para ese entonces, «al igual que muchos en la década de 1960», había desarrollado un gran interés por la meditación y las cosas indias. Canalizó todo ese interés de forma particular en la Filosofía india, e hizo el doctorado en Filosofía budista por la Universidad de Oxford. El cambio interior había comenzado.


«Hacia 1973 ya había empezado a pensar en mi mismo como budista. Finalmente me hice budista formalmente según la tradición del Dalai Lama del budismo tibetano», continua contando. En la década de 1980, Paul comenzó a enseñar en la Universidad de Bristol, y fue allí donde creó un centro budista. También comenzó a enseñar la práctica del Budismo en centros budistas. «Además de mi trabajo académico en la Filosofía budista en la Universidad, escribí y di conferencias como budista tibetano. Aparecí en la televisión y la radio». Williams ya era conocido por su posición y su defensa de la religión budista. Llegó a participar en diálogos públicos y privados con cristianos, incluyendo a Hans Küng y Raimundo Pannikkar.

«Estaba interesado en la Filosofía, pero también estaba interesado en la meditación y el exótico Oriente. A muchos de nosotros nos parecía atractivo el budismo, entre otras cosas, porque parecía mucho más racional que las demás opciones, pero también mucho, mucho más exótico», reconoce. En particular, el budismo le parecía «mucho más sensato» que una religión teísta como el Cristianismo.


Los budistas no creen en Dios, explica Paul. «No parecía haber ninguna razón para creer en Dios, y la existencia del mal se convertía para nosotros en un argumento positivo contra la existencia de Dios. Cuando di un paso atrás y traté de ser lo más objetivo posible, Dios me parecía cada vez menos probable. En el budismo uno tiene un inmenso, sofisticado y exótico sistema de moralidad, espiritualidad y filosofía que no requiere de Dios en absoluto», razona. «De golpe, todas las dificultades que involucra la aceptación de la existencia de Dios se quedaron a un lado».

Sin embargo, con los años Paul desarrollo un «malestar creciente» con respecto a la reencarnación y a la doctrina del karma. «Los budistas dicen que todos hemos renacido un número infinito de veces. No se necesita a ningún Dios para dar comienzo porque no existe un comienzo. Las cosas han estado por ahí (en alguna parte) por toda la eternidad». La reencarnación nunca ha sido parte de la ortodoxia cristiana. Y hay buenas razones para ello. Es incompatible con ciertas doctrinas cristianas absolutamente centrales, incluidas el valor inestimable de cada persona de forma individual y la justicia de Dios. «Si la reencarnación es cierta, siendo realistas, no tenemos esperanza. Es una doctrina sin esperanza. Como budista, me di cuenta de que no tenía ninguna esperanza», admite Paul.

«Me di cuenta de que, si el Budismo era la verdad, a menos que alcanzase la iluminación en esta vida, —que es cuando el ciclo completo de la reencarnación llega a su fin—, no tenía esperanza. Cada uno de nosotros, la persona que somos, se pierde para siempre. Si me reencarnaba, la persona que soy ahora en este vida dejaba de existir, porque el budismo niega explicitamente la posibilidad de renacer siendo la misma persona. Y eso para mí representaba una completa falta de esperanza. ¿Estaba absolutamente seguro de que la religión budista tenía razón? La reencarnación suponía, entonces, una incompatibilidad con el valor infinito de la persona», se pregunta.


Pero el cristianismo es la religión del valor infinito de la persona, y así lo descubrió Paul en su viraje espiritual. La persona que somos o que podemos llegar a ser no es algo accidental o sin importancia: «Cada persona es una creación individual de Dios, infinitamente amada y valorada como tal por Dios. En esto se basa toda la moral cristiana, desde el valor de la familia, hasta el altruismo y la abnegación de los santos. Y debido a que somos infinitamente valiosos para Dios, Jesucristo murió para salvarnos a cada uno de nosotros. No murió para salvar a seres reencarnados. Y nosotros somos las personas que somos, con nuestra historia, nuestra familia y nuestros amigos», razona.

Fueron estos pensamientos los que comenzaron a producir un cambio interior en Paul. Si se podía sobrevivir a la muerte —y la fe de los cristianos que tiene origen en la resurección de Cristo se basa en esto—, no podía ser en términos de reencarnación, porque la reencarnación y el valor infinito de la persona son incompatibles. «La visión cristiana de la muerte es de esperanza y de triunfo, porque no ve la muerte como un vacío, una nada. La historia no ha terminado para las personas que somos, y sabemos que no nos separaremos para siempre de nuestros amigos y familiares».


«Fueron pensamientos como estos los que, poco a poco, me llevaron lejos del Budismo. Los cristianos tienen esperanza y yo quería tenerla, así que volví a reexaminar las cosas que había rechazado. Me convencí de que era racional creer en Dios, mucho más racional que no creer en Él. Y al llegar a creer en Dios, ya no podía ser budista, tenía que ser un teísta». Al examinar todas las posibilidades, Paul se sorprendió al darse cuenta de que la resurrección de Jesucristo de entre los muertos era la explicación más racional. «Eso es lo que me hizo pensar que el cristianismo era la opción más racional de entre las religiones teístas. Y, como cristiano, di la prioridad a la Iglesia Católica. Ahora vivo en gratitud y esperanza. Y nunca, nunca, ni por un momento, me he arrepentido de mi decisión», concluye. Más aún, incluso casado y con tres hijos, decidió hacerse miembro laico de la Orden de los Religiosos Dominicos.

Paul Williams ha escrito varios libros sobre el cristianismo y el budismo: The Unexpected Way (El camino inesperado), Buddhism from a Catholic Perspective (El Budismo desde una perspectiva católica) y una colaboración para The Catholic Church and the World Religions (La Iglesia Católica y las religiones del mundo)