¿Cómo afrontar la muerte y la enfermedad, especialmente cuando se es joven? “De la muerte brota la Vida y de la cruz la Resurrección”. Con esta frase y con su ejemplo de vida respondió con creces a esta pregunta Camille Homolle, una chica que con tan sólo 25 años pasó de este mundo al Padre tras padecer cáncer durante años.

Sin embargo, lejos de entristecerse, esta joven francesa aprovechó la enfermedad para prepararse para el Cielo y para evangelizar ya incluso muerta a su familia y amigos. El padre Christian Mahéas acompañó durante todo este tiempo a Camille en su camino espiritual. Ahora confiesa que quedó maravillado porque “en medio de esta desgracia terrible se vio la Gracia de Dios”. Este sacerdote quedó impresionado de jóvenes como ella que “viven su enfermedad y la proximidad de la muerte como una forma real de vida que es una gracia que llega a sus familias”.


En las pasadas Navidades esta joven parisina supo que la medicina no podría hacer nada por ella y que más tarde o más temprano moriría. Cuenta el padre Mahéas que “se fue de peregrinación con su familia. Vi volver a Camille con un rostro luminoso y pacificado. No había recibido la gracia de la curación física, sino la de la fe profunda que deseaba tan ardientemente. Supe que estaba lista”.

Camille afrontó su muerte con naturalidad y con la vista puesta en la vida eterna. Por ello, el 15 de marzo le entregó a su sacerdote una larga carta que debía entregar a sus padres el día de su muerte. A continuación juntos prepararon la misa funeral.


Ella misma quiso elegir las lecturas. La primera era del libro de la Sabiduría cuando habla de que “Dios creó al hombre para la incorruptibilidad, le hizo imagen de su misma naturaleza”. El salmo escogido fue el 86 que pide a Dios: “guarda mi alma, porque yo te amo, salva a tu siervo que confía en ti”. Por último esta joven eligió un Evangelio de San Juan, un precioso pasaje en el que Jesús dice a sus discípulos que “no se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones, si no, os lo habría dicho”.

Tampoco las canciones fueron al azar. Para la entrada quiso que fuera uno titulado “Más cerca de mi Dios yo quiero descansar”. Para la comunión quiso que sus seres queridos cantasen “No tengo otro deseo que pertenecerte” y para el final dejó el canto de Simeón, “Ahora ya puedes dejar que me vaya en paz”.


En el funeral, el sacerdote entregó la carta que Camille había escrito en marzo. Ahora era el momento. “He vivido una vida maravillosa”, afirmaba. “Hago hincapié en este punto porque incluso estos dos años han estado llenos de felicidad. Aunque agotadores me han permitido descubrir dónde está la verdadera alegría: la alegría de la fe. ¡Qué hermosas situaciones parecen terribles a primera vista!”.

En su carta Camille agradece que “este amor que continuamente recibí me dio la fuerza para no perderme en el abatimiento y buscar la meta de mi vida, mi viaje. La he encontrado y estoy llena de alegría”.

De este modo, dirigiéndose a sus seres queridos y amigos añade que “el duelo es un tiempo de sufrimiento y soledad, un vacío terrestre terrible. Pero cuando te entregas al amor de Dios, nos damos cuenta de que los muertos están siempre ahí y nos guían. Son pequeños ángeles que nos llevan, nos sostienen, nos quieren y es importante dejarles un lugar en nuestros corazones. Estos pequeños ángeles son felices, afortunados”.


Era ella misma la que en su propio funeral estaba consolando a la gente que tanto quería. “Este duelo es un aprendizaje que se hace poco a poco, otro tipo de relación con los que se fueron, relación más bella y constructiva”. La clave está en que este vacío “puede ser llenado por el amor infinito de Dios y de los difuntos del Cielo. La tristeza en este tiempo es comprensible, pero Camille exhorta a su familia a que “esta fase no dure demasiado tiempo para evitar endurecer nuestros corazones”. “Somos felices y estamos siempre ahí”, asegura esta joven en la carta.

Por ello, invita a mirar más allá. Asegura que “la vida terrena no durará mucho tiempo y tenemos que prepararnos para la vida eterna. Por medio de nuestras oraciones y acciones nos preparamos para este paso feliz”. Y es que aunque “algunos se van antes que otros, estos pocos años no son nada en comparación con la eternidad del Amor que nos espera”.


Incluso recomienda las cosas que a ella le han ayudado a hacer el paso de este mundo al Padre. “No dudéis en pedir ayuda a los sacerdotes, en acudir a los Sacramentos y a las personas guiadas por la fe e impregnadas del Espíritu Santo”.

Para acabar la carta hace esta exhortación: “No te encierres en tu dolor y déjate alimentar por los lazos del amor, amistad y la familia que te rodea. Estos lazos sacarán la fuerza para superar el dolor. Ten confianza y entrégate totalmente en los brazos de María para entrar en la esperanza de la salvación”. “Mis oraciones están con vosotros y os acompañarán siempre”, concluye.

Es por esto por lo que el sacerdote que tanto vivió con ella llegara a esta conclusión tras su muerte, tal y como contó a Famille Chrétienne: " Camille me dio a entender que un santo no era alguien perfecto. Es alguien que con cuya vida refleja el corazón del Evangelio: de la muerte brota la Vida, y de la cruz la Resurrección”.