A las doce de la mañana de este domingo, miles de personas se congregaron en la Plaza de San Pedro para escuchar el tradicional discurso de Navidad del Papa, al que siguió la bendición Urbi et Orbi, que, con las condiciones establecidas, permite ganar a quien la reciba la indulgencia plenaria.

"El Señor viene al mundo en una cueva y es colocado en un pesebre para los animales", comenzó recordando Francisco, quien consagró precisamente al pesebre su reflexión en la homilía de la misa de Nochebuena. El Niño viene a nosotros "en el silencio y la oscuridad de la noche", porque "Él mismo es la Palabra que da sentido a la existencia, Él es la luz que ilumina el camino". Así, Dios comparte con nosotros "alegrías y dolores, esperanzas e inquietudes", todo lo necesita y "llama a la puerta de nuestro corazón para encontrar calor y refugio". 

La Guardia Suiza y el Ejército italiano formaron para escuchar los respectivos himnos y el discurso de Navidad del Papa y recibir la bendición Urbi et Orbi.

El Papa invitó a los presentes a dejarse "envolver" por esa luz y vencer "el letargo del sueño espiritual y las falsas imágenes de la fiesta que hacen olvidar quién es el festejado". Ese Jesús es "nuestra paz, esa paz que el mundo no puede dar".

Pero para ello debemos despojarnos de los pesos que nos tienen bloqueados, que son "el apego al poder y al dinero, la soberbia, la hipocresía, la mentira". 

Escenarios de conflicto

Francisco constató también "con dolor" que, mientras nos es dado el Príncipe de la paz, continúan soplando "vientos de guerra" sobre la humanidad. Mencionó la "guerra insensata" de Ucrania; la Siria "martirizada"; la Tierra Santa, donde "en los últimos meses han aumentado las violencias y los choques, con muertos y heridos" y para la que pidió "confianza recíproca entre palestinos e israelíes"; Líbano, para que pueda "volver a levantarse" con el apoyo de la comunidad internacional; la región del Sahel, que ve sacudida la "pacífica convivencia" entre pueblos y tradiciones; Yemen, Myanmar e Irán, para los que pidió tregua y reconciliación; o Haiti y otros países de América sometidos a "tensiones políticas y sociales". 

Francisco recordó que Belén significa "casa del pan", lo que nos debe hacer pensar "en las personas que pasan hambre, sobre todo los niños, mientras todos los días se tiran grandes cantidades de alimentos y se consumen recursos en las armas". También, y cuando en estos días "disfrutamos de la alegría de reencontrarnos con los nuestros, pensemos en las familias más heridas por la vida, y que en estos tiempos de crisis económica sufren el desempleo y carecen de lo necesario para vivir".

Por último, el Papa pidió sacudirnos la "enfermedad de la indiferencia" hacia los pobres, los refugiados, los marginados, las personas solas, los encarcelados, los huérfanos y los ancianos, que corren "el riesgo de terminar descartados".

Mirando la sencillez de Belén, concluyó, "dejémonos sorprender por el suceso impensable de que Dios se hace hombre por nuestra salvación, dejémonos conmover por el amor de Dios y sigamos a Jesús, quien se ha despojado de su gloria para hacernos partícipes de su plenitud".