Fundadas en 1915 por San Luis Orione (18721940), las Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad celebran estos días en Roma su capítulo general, y fueron recibidas este viernes en audiencia por el Papa, quien les dirigió unas palabras para iluminar el lema que preside su reunión: Donarse todas a Dios para darnos todas al prójimo: discípulas misioneras, testigos alegres de la caridad en las periferias del mundo.

“En nombre de la Iglesia, de los muchos pobres, en modo especial mujeres y niños, y de los muchos enfermos físicos y písquicos a quienes asistís, os agradezco vuestra labor apostólica en las diversas actividades de pastoral juvenil, en las escuelas, en las casas para ancianos, en los pequeños ‘Cottolengos’, en las catequesis y en los oratorios, con las nuevas pobrezas y en todos aquellos lugares en los cuales os ha puesto la Divina Providencia”, saludó el Papa.

"Os llamáis y sois por vocación 'misioneras', es decir, evangelizadoras y, al mismo tiempo, estáis al servicio de los pobres. Hermanas, sed misioneras sin fronteras. A todos, especialmente a los pobres en los cuales estáis llamadas a reconocer la carne de Cristo, llevad la alegría del Evangelio que es Jesús mismo. Mostrad a todos la belleza del amor de Dios que se manifiesta en el rostro misericordioso de Cristo. Con esta belleza, llenad el corazón de todas las personas que os encontréis”.

Francisco invitó a las religiosas a "cultivar la comunión con el Señor, en la oración y en la comunión”, porque “en la Iglesia la misión nace del encuentro con Cristo”.

Francisco explicó que al misionero "se le pide también ser una persona libre que vive sin nada propio": “No me canso de repetir que la comodidad, la acidia [pereza] y la mundanidad son fuerzas que le impiden al misionero ‘salir’, ‘partir’, ponerse en camino y, en definitiva, compartir el don del Evangelio”.

El misionero “no puede ponerse en camino con el corazón lleno de cosas (comodidad), con el corazón vacío (acedia), o buscando cosas fuera de la gloria de Dios (mundanidad)”. En cambio debe estar libre de todo este lastre y cadenas, viviendo solo para el Señor, en un camino constante de conversión personal. Esto es, debe ser “una persona habitada por el Espíritu Santo”, viento "que empuja hacia los lugares más impensables para anunciar el Evangelio”.

“Dejaos provocar", le pidió, "por el grito de ayuda de tantas situaciones de dolor y de sufrimiento. Como profetas de la misericordia, anunciad el perdón y el abrazo del Padre, fuente de alegría, de serenidad y de paz".

Y concluyó proponiendo como ejemplo para su misión y servicio a los pobres "la imagen de la Visitación”, cuya emulación debe servir a las religiosas de Don Orione para anunciar a los hombres de hoy "que Dios es amor y puede colmar de significado el corazón de quien le busca y se deja encontrar por él”.