- “Soy un alma muy pequeña, que sólo puede ofrecer cosas muy pequeñas a Nuestro Señor, pero quiero buscar un camino nuevo hacia el cielo, muy corto, muy recto, un pequeño sendero. Me gustaría encontrar un elevador para ascender hasta Jesús, pues soy demasiado pequeña para subir los empinados escalones de la perfección…”. 
 
- “Lo que agrada a Dios de mi pequeña alma, es que ame, mi pequeñez y mi pobreza”.
 
- "Para mí, la oración es un impulso del corazón, una simple mirada dirigida al cielo, un grito de agradecimiento y de amor, tanto en medio del sufrimiento como en medio de la alegría. En una palabra es algo grande, algo sobrenatural que me dilata el alma y me une a Jesús”. 
 
- “He ahí el misterio de mi vocación, de mi vida entera, y sobre todo el misterio de los privilegios que Jesús ha querido dispensar a mi alma… El no llamó a los que son dignos, sino a los que el quiere como dice San Pablo: "Tendré misericordia de quien quiera y me apiadaré de quien me plazca. No es pues del que quiere o se afana sino de Dios que es misericordioso". 
 
- “El amor todo lo puede: las cosas más imposibles no le parecen difíciles. Jesús no mira tanto la grandeza de las obras, ni siquiera su dificultad, cuanto el amor con que tales obras se hacen...”.
 
- "No poseo el valor para buscar plegarias hermosas en los libros; al no saber cuáles escoger, reacciono como los niños; le digo sencillamente al buen Dios lo que necesito, y Él siempre me comprende”.
 
- "Mi caminito es el camino de una infancia espiritual, el camino de la confianza y de la entrega absoluta”. 
 
- "En lugar de desanimarme, me he dicho a mí misma: Dios no puede inspirar deseos irrealizables; por lo tanto, a pesar de mi pequeñez, puedo aspirar a la santidad”.
 
- “¿Qué ocurriría si un jardinero no conociese bien la naturaleza de los árboles y se empeñase en hacer brotar rosas de un melocotonero...? Haría morir al árbol, que, sin embargo, era bueno y capaz de producir frutos. De la misma manera hay que saber reconocer desde la infancia lo que Dios pide a las almas y secundar la acción de su gracia, sin acelerarla ni frenarla nunca”.
 
- “Mi alegría es cumplir siempre la santa voluntad de mi Jesús, mi único y solo amor. Así, vivo sin miedo, amo el día y la noche por igual”.
 
- "Yo nunca aconsejo nada a nadie sin haberme encomendado a la Virgen Santísima. Ella es la que hace que las palabras que digo tengan eficacia en los que las escuchan”.
 
- "¡Qué grande es el poder de la oración! Se diría que es una reina que en todo momento tiene acceso directo al rey y puede conseguir todo lo que le pide”. 
 
- "La Santísima Virgen me demuestra que nunca deja de protegerme. Enseguida que la invoco, tanto si me sobreviene una inquietud cualquiera, un apuro, inmediatamente recurro a ella, y siempre se hace cargo de mis intereses como la más tierna de las Madres”. 
 
- "En el lavadero mi compañera de trabajo sacudía la ropa con tal fuerza que me salpicaba de jabón la cara. Esto me hacía sufrir, pero jamás le dije nada al respecto, y así ofrecía este pequeño sacrificio por los pecadores”. 
 
- "Lo que me impulsa a ir al Cielo es el pensamiento de poder encender en amor de Dios una multitud de almas que le alabarán eternamente”.
 
- "La vida es un instante entre dos eternidades”. 
 
- "Se sabe muy bien que la Santísima Virgen es la Reina del Cielo y de la Tierra, pero es más Madre que Reina”. 
 
- "Voy a pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra”. 
 
- “Lo acepto todo por amor de Dios, aún toda esa clase de pensamientos extravagantes que me asaltan”.
 
- “Santo ángel de mi guarda, cúbreme siempre con tus alas, para que nunca tenga la desgracia de ofender a Jesús”.
 
- “Jesús, no quiero probar ninguna alegría fuera de ti”.
 
- “Mi alegría es ser pequeña, permanecer pequeña, así, si alguna vez en el camino caigo, me levanto enseguida, y mi Jesús me coge de la mano”.
 
- “Jesús, enséñame a renunciar siempre a mí misma para agradar a mis hermanas”.
 
- "La santidad consiste en la disposición del corazón”.
 
- “¿Qué me importa mi vida? ¿Qué me importa la muerte? ¡Amarte, ése es mi gozo! ¡Mi única dicha, amarte...!”.
 
- “Vivir de amor no es en la cima del Tabor su tienda plantar el peregrino de la vida. Es subir al Calvario a zaga de las huellas de Jesús, y valorar la cruz como un tesoro2.
 
- “Vivir de amor es disipar el miedo, aventar el recuerdo de pasadas caídas. De aquellos mis pecados no veo ya la huella, junto al fuego divino se han quemado”.
 
- “Vivir de amor es navegar sin tregua en las almas sembrando paz y gozo. ¡Oh mi Piloto amado!, la caridad me urge, pues te veo en las almas, mis hermanos. La caridad me guía, ella es mi estrella, remo siempre a su luz. En mi vela yo llevo grabada mi divisa: ¡Vivir de amor!”.
 
- “Vivir de amor es mientras Jesús duerme permanecer en calma en medio de la mar aborrascada. No temas, ¡oh Señor!, que te despierte, espero en paz la orilla de los cielos...”.
 
- “Vivir de amor es imitar, Jesús, la hazaña de María cuando bañó de lágrimas y perfumes preciosos tus fatigados y divinos pies y los besó arrobada, enjugándolos luego con sus largos cabellos... Y alzándose del suelo, rompió el frasco y tu cabeza María perfumó”.
 
- “Morir de amor, es ésta mi esperanza, cuando vea romperse mis cadenas. Mi Dios será mi recompensa grande, otros bienes no quiero poseer. Quiero ser abrasada por su amor, quiero verle y unirme a él para siempre. Este será mi cielo y mi destino: ¡¡¡Vivir de amor...!!!”.
 
- “Yo quisiera ser el cáliz en el que adoro la sangre de mi Dios y Salvador. Mas puedo en la santa Misa recogerla cada día”.
 
- “¡Morir de amor, dulcísimo martirio, y es el martirio que sufrir quisiera! Llama de amor, consúmeme sin tregua. ¡Oh vida de un momento, muy pesada tu carga se me hace! ¡Oh divino Jesús!, haz realidad mi sueño: ¡morir de amor!”.
 
- “El altar es un Calvario donde por mí y para mí se derrama gota a gota toda Su sangre divina”.
 
- “¡Oh qué suerte para mí! Fui contada entre los granos de maduro y puro trigo destinados a perder por Jesús su ser y vida. Oh exquisito arrobamiento! Tu esposa querida soy, ven, mi Amado, vive en mí. Ven, tu belleza me encanta, ven a transformarme en ti!”.
 
- “Tu amor es mi martirio, mi único martirio. Cuanto más él se enciende en mis entrañas, tanto más mis entrañas te desean... ¡¡¡Jesús, haz que yo muera de amor por ti...!!! 
 
- “¡Qué lástima me dan las almas que se pierden...! Es tan fácil extraviarse por los senderos floridos del mundo...”.
 
- “¡Cuántas almas llegarían a la santidad si fuesen bien dirigidas...! Sé muy bien que Dios no tiene necesidad de nadie para realizar su obra. Pero así como permite a un hábil jardinero cultivar plantas delicadas y le da para ello los conocimientos necesarios, reservándose para sí la misión de fecundarlas, de la misma manera quiere Jesús ser ayudado en su divino cultivo de las almas”.