El pasado domingo 24 de noviembre hizo 80 años que se puso en marcha el mayor organismo científico de la historia de España, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). En la actualidad ocupa el 7º lugar del mundo en cuanto a organismo público dedicado a la ciencia. Conserva intactas sus condiciones fundacionales: multidisciplinar, internacional, profesional, descentralizador, colaborador con las universidades y promotor de las aplicaciones de la ciencia.

Pero hay otra característica que no por menos conocida es menos importante: promotor de la promoción científica de la mujer. Sí, porque fue en el CSIC donde desarrolló su carrera la que es considerada científica española más importante del siglo XX: Margarita Salas. Al comenzar la Transición, en 1975, el CSIC había pasado de tener algo más del 10% de mujeres en su plantilla a alcanzar más del 30%. Y resulta que, a pesar de todos los discursos que no dudan en acusar de oscurantistas y machistas a quienes formaron parte de esta egregia institución durante las cuatro décadas de privación de libertades democráticas tal como las entendemos hoy... seguimos en el mismo porcentaje. Ni siquiera el lamentable feminismo de género ha hecho más por la promoción de la mujer en la ciencia que quienes echaron a andar el CSIC.

¿Y quiénes fueron? Pues personas consideradas por la leyenda progre o por la memoria histórica como los más abyectos enemigos de la ciencia: católicos practicantes. Sí: José Ibáñez-Martín, presidente fundador del CSIC, de la Asociación Católica de Propagandistas; Jose María Albareda, edafólogo de prestigio internacional y sacerdote del Opus Dei; Miguel Asín Palacios, arabista e islamólogo y cura católico; Antonio de Gregorio Rocasolano, químico y ferviente religioso; y Juan Marcilla Arrazola, ingeniero agrónomo que sufrió prisión en una cheka de Madrid, formaron el quinteto fundador del CSIC, todos ellos con una consolidada posición política, científica o académica.

El autor de estas líneas, científico en el CSIC, acaba de publicar Iglesia católica y ciencia en la España del siglo XX. Si quieres leer una entrevista en ReL sobre esta obra, pincha aquí. Para  leer otros artículos de Alfonso V. Carrascosa en ReL, pincha aquí.

Dieron continuidad a la Edad de Plata que se había iniciado bajo la monarquía parlamentaria católica de Alfonso XIII con la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE). Ibáñez-Martín y Albareda tuvieron que evadirse desde el Madrid del Frente Popular para evitar ser asesinados, igual que lo hicieron muchos, como Severo Ochoa. Nunca en el CSIC se pidió creer en nada para entrar, no se hizo acepción de personas por más que acusen los detractores materialistas de los orígenes de tal institución.

Coincide tan interesante aniversario con la caída del Muro de Berlín, también este mes de noviembre, el día 9, concretamente. Treinta años hace ahora. Cuando le preguntaron a San Juan Pablo II sobre su papel en la caída contestó: "El muro se ha caído solo", haciendo alusión a que semejante barbaridad está condenada a no perpetuarse en el tiempo. Nada tuvieron que ver quienes profesaron la ideología atea y materialista que levantó el Muro con quienes echaron a andar el CSIC: el desarrollo científico español del siglo XX lo llevaron adelante las derechas y los católicos fundamentalmente, digan lo que digan la leyenda progre o el discurso laicista.