El obispo de Fréjus-Toulon, en el suroeste mediterráneo francés, puso en marcha criterios de Nueva Evangelización desde que fue nombrado, en 2000, cuando tenía 47 años. Hoy, cumplidos los 61, Dominique Rey puede presentar resultados de esa evangelización "nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión", según la célebre definición de Juan Pablo II en su discurso al CELAM de 9 de marzo de 1983.

Entre otros resultados, las vocaciones: en su diócesis, que abarca una población de unos seiscientos mil católicos, los seminaristas son ya más de 60, una proporción que constituye un auténtico boom por comparación con otras.


No todos provienen de su territorio, explica en una amplia entrevista concedida a la página web diocesana: "Ese número se debe en parte a la acogida a nuevas realidades eclesiales que se han implantado en la diócesis y que la enriquecen con su carisma y sus vocaciones. Además, constato que los jóvenes funcionan en una cultura de redes, y ya no con referencias territoriales. A muchos que carecen de raíces locales les atraen diócesis que presentan una fisonomía misionera, lo que explica la atracción que esta diócesis ejerce sobre jóvenes originarios de fuera del departamento".

Este año monseñor Rey ordenará cinco seminaristas, dos de los cuales dirán la misa tradicional ("deseo que podamos aplicar plenamente el motu proprio Summorum Pontificum de Benedicto XVI") y todos ellos incardinados en Fréjus-Toulon.

"Creo que el sacerdote del siglo XXI debe tener tres características", explica el obispo: "Primero, la integridad. Por esta palabra entiendo que el ministro ordenado debe asumir su identidad sacerdotal, arraigarla en el plano espiritual por una verdadera relación con Cristo, en una búsqueda constante de coherencia de vida, ejemplaridad evangélica y fidelidad al Magisterio. En segundo lugar, la proximidad. La tentación del sacerdote es el clericalismo, cayendo como una losa sobre aquellos a quien se supone debería servir. Esta proximidad se vive en el interior de la Iglesia realzando el papel de los laicos y dándoles la posibilidad de ejercitar una verdadera corresponsabilidad pastoral. Esta proximidad se aplica igualmente en el ámbito de la misión. A ejemplo de Cristo, sólo se puede dar testimonio de la fe y dar cuenta de nuestra esperanza yendo a las personas allí donde se encuentran. La tercera cualidad del sacerdote, que vive hoy en el contexto del ´eclipse de Dios´ y de la marginación de la Iglesia, debe ser el celo misionero. Se trata de ir a buscar a las personas, una postura de ´acudir a las periferias existenciales´, como recuerda el Papa Francisco".


De los 222 sacerdotes activos en Fréjus-Toulon, 96 (un 43%) están vinculados a diversos tipos de comunidades: institutos religiosos, asociaciones sacerdotales, comunidades nuevas de laicos, etc.

"Este número y esta diversidad son una gran fortuna. Permiten abarcar más terreno y por tanto desarrollar una pastoral de presencia y proximidad", explica el obispo, a diferencia de aquellas diócesis donde el envejecimiento de sacerdotes y su escaso número obligan al reagrupaiento: "Además, este número relativamente importante de sacerdotes en la diócesis favorece la formación de polos misioneros, en particular en los grandes municipios. De esta forma los sacerdotes se unen en torno a una misión común con una cierta comunidad de vida y oración que evita el aislamiento y el desánimo".

La diversidad presenta un desafío: la comunión, "para que nuestra Iglesia no sea una simple yuxtaposición de carismas y sensibilidades pastorales". Rey lo afronta con peregrinaciones y encuentros sacerdotales "en el respeto a los dones que cada uno aporta al servicio de la única Iglesia de Cristo, de la que somos ministros y servidores: sólo ella tiene el carisma de todos los carismas".

Monseñor Rey señala otro desafío: la encarnación. "Los recién llegados a la diócesis deben insertarse en la historia de una Iglesia particular y en un presbiteriado marcado por fuertes tradiciones. Las nuevas generaciones son a menudo esclavas del zapping y están acostumbradas a reaccionar con inmediatez emocional. Servir a Cristo y a los hombres exige trabajar en las fidelidades y en la permanencia, aceptando atravesar zonas de incomodidad y resistencias interiores o exteriores", aconseja.


Añade el prelado, siguiendo la Evangelii Gaudium de Francisco, que "no nos podemos quedar en una pastoral de mantenimiento y de apoyo, hay que hacer los cambios necesarios para llegar a la gente de la calle, captar las necesidades espirituales de nuestro tiempo, movilizarnos hacia las nuevas formas de pobreza: pobrezas materiales, sí, pero también relacionales, afectivas y morales. Esta conversión pastoral pasa en primer lugar por la conversión de los pastores en cuanto a la forma de gobernar la comunidad de forma más comprometida, más dinámica".


En cuanto a la actitud de los fieles con los sacerdotes, monseñor Rey pide que "ayuden a los sacerdotes a creer en su ministerio, a ir hasta el final en su misión. El ejercicio del ministero es para cada uno de ellos una escuela de santidad por el don de sí mismos al servicio de los demás. Los fieles deben apoyarles para que sean verdaderos padres, llamados por Cristo a engendrar en la fe al pueblo cristianos con los sacramentos y el anuncio de la Palabra. Los laicos deben mirar a los sacerdotes como un don de Dios y ayudarles a llevar la pesada carga de su ministerio, pero también a santificarse y a convertirse, porque son pecadores, como ellos".

"Podría resumirlo en cuatro verbos", concluye: "Rezar por ellos, amarlos, ayudarles espiritual, fraternal y materialmente y acompañarles en los caminos de la misión".

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