Cuando el pasado 6 de febrero Francisco nombró a Dominique Rey consultor del Pontificio Consejo para los Laicos, tuvo muy en cuenta que el de Fréjus-Toulon es uno de los obispos del mundo más comprometidos con los métodos de la Nueva Evangelización. El prelado francés ampara y fomenta en su diócesis (en el sureste de Francia) toda aquella iniciativa en la que detecte impulso evangelizador, no importa si es tradicionalista o carismática, vinculada al Opus Dei o al Camino Neocatecumenal, bien probada o aún por experimentar.


Una prueba es su apoyo sin fisuras a los originales Les Hommes Adorateurs [Los Hombres Adoradores], que nacieron de una iniciativa parroquial de Luc-en-Provence para congregar a varones para la adoración al Santísimo todos los primeros jueves de mes, y de las peregrinaciones de tres días de padres de familia al santuario de Nuestra Señora de las Gracias en Cotignac.

¿Qué son los Hombres Adoradores? Su cartel de presentación ya ofrece una idea. En él vemos aparecer en lontananza un helicóptero como los del Séptimo de Caballería que en la película de Francis Ford Coppola Apocalipsis Now (1979) atacan al son de la wagneriana cabalgata de las walkirias bajo el mando de un enloquecido coronel Kilgore (Robert Duvall). Traducción: es un grupo de devotos del Santísimo a quienes les gustan las películas del Vietnam.

Además, la imagen que encabeza su página web es una célebre fotografía en la que se ve a un capellán católico decir misa, rodeado de marines arrodillados, en Saipán, en las Islas Marianas, donde en junio en 1944 se libró una dura batalla durante la Segunda Guerra Munidal.

Y entre los últimos posts subidos al blog encontramos una escena de la célebre pelea que pone fin a El hombre tranquilo (John Ford, 1952), con John Wayne sacudiéndole un puñetazo a Victor McLaglen (ahí reivindican la masculinidad frente a "los seres asexuados que la sociedad quiere que seamos"), o a un jugador de rugby ensangrentado ilustrando un artículo sobre las nobles virtudes que encierra este deporte.


Tampoco temen los Hombres Adoradores elogiar, con espíritu chestertoniano, el deleite de saborear "católicamente" el whisky y la cerveza (el cristiano, dicen, no bebe para alegrarse, sino porque está alegre), y alternan esas entradas con otras elogiando la temperanza y la mesura en el placer de la bebida: el señorío de sí mismo también es "ser hombre".

Sus modelos son contrarrevolucionarios como Luis XVI o Charles de Bonchamps, el emperador Carlos de Austria, mexicanos como el Padre Pro o Anacleto González Flores, G.K. Chesterton o Hilaire Belloc... Y reivindican gestos perdidos o escondidos como santiguarse en público, bendecir a los hijos o arrodillarse sin pudor.


Todo ellos es el entorno cultural de lo esencial: los Hombres Adoradores son ante todo hombres de todas las diócesis -el movimiento se está extendiendo en forma de grupos de tres (contingentes, los llaman)- que se reúnen ante el Santísimo. Y su página web está llena de pequeños artículos con consejos para la espiritualidad conyugal, la oración a San Miguel Arcángel contra las acechanzas del demonio, reflexiones sobre la muerte, la importancia de un director espiritual o 17 signos de falta de humildad.

Pero, sobre todo -dicen al presentarse- se trata de seguir las directrices del Papa Francisco en la festividad del Corpus Christi del año pasado: "Jesús habla en silencio en el Misterio de la Eucaristía y nos recuerda cada vez que seguirle significa salir de nosotros mismos y hacer de nuestra vida no una posesión nuestra, sino un don a Él y al prójimo".

Esto y el Santísimo son lo esencial en los Hombres Adoradores y lo que en ellos ha visto monseñor Dominique Rey. El resto, de las armas de combate a las escenas de western, de las pintas espumosas a los maltas escoceses, son sólo señas de identidad de quienes reivindican la devoción también como "cosa de hombres duros". Por si alguien lo dudaba.