FRAGMENTO DE LA HOMILIA DEL PADRE JERZY POPIELUSZKO DEL 26 DE AGOSTO DE 1984

Desde hace dos años, se dice que SOLIDARNOSC sufre una herida que sangra sin interrupción pero que no es una herida mortal, porque la esperanza no se puede matar. Hoy, más que nunca vemos y sentimos que la esperanza del agosto de 1980 vive y trae frutos. Lo vemos especialmente admirando la fidelidad de los ideales de nuestros hermanos, que regresan de la cárcel. Hoy, estas esperanzas tiene un valor todavía mayor, porque han entrado en los corazones y las mentes de los hombres y aquello que entra en el corazón, que está profundamente ligado al hombre, no se puede arrancar por ninguna orden o prohibición.

Quiero recordaros una historia que ocurrió en el continente africano, en un país consumido por el hambre, en el que uno de los gobernantes prohibió a sus propios súbditos utilizar la palabra “hambre”, con la amenaza de pena de muerte. Anunció después de esto a todo el mundo que el problema del hambre en su país ya no existía. ... en nuestro país hermanos, el hambre existe y existirá.

SOLIDARNOSC representa la esperanza de apagar el hambre en el corazón del hombre, el hambre de amor, de justicia y de verdad. No se puede pisotear esta palabra y fingir que pertenece a un pasado poco loable. En todo el mundo está palabra se pronuncia con respeto. Nuestro Santo Padre dice que es una palabra digna de alabanza, y ha sido honorada con el más grande reconocimiento el mundo: El premio Nobel de la Paz a la Madre Teresa.

Nuestras esperanzas de agosto de 1980 viven todavía y nosotros tenemos el deber de seguir cultivándolas en nuestro interior y compartirlas con nuestros hermanos. Hace falta quitarnos el peso del miedo que nos paraliza, que inmoviliza los corazones y mentes de los hombres. Repito aquí una frase que habéis oído con frecuencia: “Sólo debemos tener miedo de traicionar a Cristo por cuatro monedas de estéril tranquilidad”.

P. Jerzy Popieluszko