«Hay veces que nuestros sagrarios son profanados y la reacción de los fieles es tibia, cuando es un hecho infinitamente más grave que la profanación de una imagen. Comprendo y siento vuestra pena y dolor, pero más pena y dolor siento cuando es profanado un sagrario, donde Dios está presente con el mismo realismo y verdad que cuando andaba por los caminos polvorientos de Palestina», de esta manera tan gráfica y clara se manifestó el arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, en una abarrotada basílica del Gran Poder, durante la homilía de la Eucaristía de acción de gracias por la reposición del Señor al culto.

Si hace dos semanas Asenjo, tras la negativa de los hermanos de la Esperanza de Triana a que su Cristo fuera a Madrid para un vía crucis, dijo que "las hermandades fuera de la Iglesia se convertían en meras asociaciones culturales, como tantas otras", ayer se volvió a despachar a gusto y lanzó una nueva réplica a los numerosos hermanos mayores, dirigentes cofradieros y cofrades anónimos que se encontraban en la basílica del Gran Poder.

El prelado afirmó que Dios se manifiesta de muchas maneras en la vida de un cristiano: "Esta imagen representa al Señor, pero no es la única forma en la que se presenta ante nosotros. Dios está presente en su palabra, en nuestros hermanos, pero sobre todo en el sacramento de su forma y sangre".


Asenjo alentó a los cofrades y devotos a poner más atención y dedicación a Jesús Sacramentado: "Los sagrarios son el corazón de nuestros templos y comunidades, por eso son el centro del altar, al igual que la eucaristía es el corazón de la Iglesia".

En sus improvisadas palabras, Asenjo abundó en el significado de las imágenes sagradas como mero vehículo para encontrarse con Dios: "Veneramos a las imágenes no por el valor del material con el que estén hechas, sino por lo que representan. Según se puso de manifiesto en el Concilio de Nicea, cuando honramos a las imágenes honramos a los arquetipos que representan".


La importancia de la Iglesia como institución fue otro de los argumentos esgrimidos por el arzobispo durante la predicación. "Es el medio creado por Jesucristo para estar presente entre nosotros y el único acceso al padre. La Iglesia es el único mediador entre Dios y los hombres. En el hipotético y poco probable caso de que el mundo perdiera a la Iglesia, no sólo perdería a Cristo, también la redención".


En este punto, Asenjo aseveró que las cofradías "forman parte de la Iglesia Diocesana y sus parroquias y que los cofrades tienen que crecer en comunión con ellas, con los sacerdotes, con el obispo y con el Papa: "Se tienen que sentir miembros de esta gran familia, remando con el mismo criterio, con la misma mentalidad y en la misma dirección".

El arzobispo comenzó la homilía calificando la agresión al Señor como "lamentable e incalificable" y concluyó pidiendo que el suceso "nos haya hecho crecer en nuestra fe". Asenjo también se acordó del agresor, "probablemente un enfermo, y le pedimos al Señor que le devuelva la salud y que si ha actuado desde el mal, que toque su corazón y lo convierta", concluyó.