Ayer la Iglesia en España celebró el Día de las Vocaciones Nativas. Nuestro país destinó el año pasado 2,8 millones de euros en apoyar al clero en países de misión. Incluso con el apoyo de su familia y su diócesis, los 6 años de formación de cada cura en África o Asia necesitan 2.000 euros que lleguen de Occidente. Daniel Cerezo, superior de los Misioneros Combonianos en España, está convencido de la eficacia multiplicadora de cada euro invertido en formación.

– ¿Cómo sacar el mejor partido a un donativo para evangelizar?
– Lo mejor es invertir en personas y en formación y lograr así unefecto multiplicador. Conseguir catequistas y religiosos bien preparados. Yo en África entrené catequistas, que es algo fundamental. Hay que dejar que la Iglesia local sea la protagonista. También en China dediqué 17 años a este efecto multiplicador, a formar religiosos, sacerdotes y líderes laicos.

- ¿Qué fortalezas y debilidades tienen los clérigos nativos en África?
– Como fortaleza, su entusiasmo por Cristo, y que sintonizan muy bien con la gente. Son buenos al inculturizar el Evangelio. Entre las debilidades, está el reto de la castidad, difícil en una cultura muy natalista. Además, ser clérigo da un cierto status que dificulta vivir la pobreza evangélica. Un sacerdote diocesano afronta estas tentaciones con más soledad. Los religiosos, en cambio, lo prevenimos viviendo varios en comunidad.

– ¿Cuándo ha pasado más miedo como misionero?
– En Uganda, en 1980, con Idi Amín recién salido del país. Caos, balas por la noche que silbaban entre los árboles, soldados borrachos. Cada mañana, al ir al seminario, veíamos nuevos cadáveres por la calle. También pasé miedo años después en un control en el norte de Uganda. Me pararon los soldados, dos de ellos estaban borrachos y jugaban con una granada de mano. «Usted no pasa», decían. Por suerte llegó un capitán y nos dejó pasar. Una tercera ocasión de mucho miedo fue en la frontera norte, cuando los karimoyon nos robaban el ganado entre disparos. Teníamos la parroquia llena de gente sencilla a la que mataban por tonterías.

– ¿Y lágrimas?
– Del 80 al 85, lloré mucho en Uganda en entierros de víctimas de matanzas absurdas; también en el hospital, al ver amputaciones e infecciones por causas evitables. Y el hambre en África por la sequía: cuando ves morir de hambre a alguien, se te parte el corazón. En China lloré con los obispos fieles, que habían estado hasta 35 años en las cárceles comunistas. Sí, se fortalecía mi fe, pero me desconcertaban tantos años de sufrimiento.

– ¿Cómo ve el diálogo del cristianismo con el islam?
– No es fácil. Nosotros les conocemos bastante bien mientras que ellos no nos conocen casi nada. El cristianismo se va reformando, renovando... pero el islam sigue con categorías del siglo IX. Las grandes conferencias sobre ecumenismo sirven para dar titulares y poco más. En cambio, hay un diálogo eficaz en lo concreto, al colaborar para abrir pozos, hospitales, etc. El islam es misionero, nosotros también, esto es así, y hemos de poder entendernos para no dar mal ejemplo a los alejados de Dios.

– ¿Y China?

–  Allí hay un gobierno ateo y materialista que quiere tener todo el control. Sin embargo, florecen todas las religiones. El consumismo que está llegando es peor que la presión gubernamental. Los oficiales hoy prefieren dedicarse a los negocios. La ideología marxista ya no se la creen ni los dirigentes. Solo la usan para acceder a los negocios y hacer dinero. Muchos individuos se encuentran solos, sin referencias. Cuando cierra una fábrica marxista, miles quedan descolocados, sin capacidad de reciclarse.

A los jóvenes les atrae lo que viene de Occidente, incluyendo el cristianismo. El año pasado, se bautizaron públicamente 23.500 adultos en la Iglesia católica oficial. En la clandestina, no se sabe. Una parroquia es un espacio de libertad, donde puedes decir lo que piensas, y eso, que escasea en China, atrae a muchos.

Respecto al trato con otras religiones, la compasión es lo más ecuménico, la misericordia que define a nuestro Dios, el colaborar en la ayuda al necesitado.

– ¿El comunismo puede haber preparado a China para el cristianismo?

– No, es un sistema sanguinario, opresivo, la gente lo sabe y quiere alternativas. El Partido sustituyó al Emperador y a su dinastía. El comunismo pone la lucha de clases, la violencia, en el centro de todo. Por el contrario, el cristianismo pone en el centro la misericordia, y ante eso el alma china se derrite. Yo lo he visto en los catecúmenos, los he visto llorar cuando ven que Dios se acerca también a un fracasado, mientras que el marxismo solo acepta triunfadores.

– ¿Cómo van los combonianos de vocaciones?

– Bajan en Europa. En España tenemos sólo 3 jóvenes en postulantado. Pero en África, Sudamérica y Filipinas tenemos muchas vocaciones. También hay laicos misioneros combonianos y simpatizantes que van de misión algunos meses.

Daniel Cerezo es de Padilla de Abajo, un pueblo de Burgos; «de una familia sencilla y religiosa». Con 6 años, hace medio siglo, le impresionaron las colas de pobres que bajaban de la montaña en las fiestas de agosto y pedían en casa de su abuelo. Después llegaron unos misioneros y pasaron una película en blanco y negro sobre las misiones en África. A los 11 años entró en el seminario diocesano. Conoció a los combonianos por la revista «Mundo Negro». Estudió en Londres, en Uganda y se ordenó comboniano en 1981, una de las congregaciones más volcadas en África. Pasó cinco años en Uganda, seis en España formando jóvenes, y después 17 años en China, por lo que tiene una gran experiencia en la primera evangelización en Asia.          
La orden de los Misioneros Combonianos fue fundada por el santo italiano Daniel Comboni en 1867, con el objetivo de anunciar a Jesucristo a los pueblos que no lo conocen y colaborar con las iglesias más necesitadas.