Maria Voce, presidenta de los Focolares, comenta que este reconocimiento «nos alienta a creer en la lógica del Evangelio, del grano de trigo que cae a tierra, muere, y da mucho fruto». «Su ejemplo luminoso nos ayudará a dar a conocer la luz del carisma y a anunciar al mundo que Dios es Amor», añade la sucesora de Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los focolares.
 
Esperada durante once años por sus padres, Chiara nació en Sassello, en el norte de Italia, el 29 de octubre de 1971. A los nueve años encontró el Movimiento de los Focolares al participar con sus padres en Roma en el Family Fest, encuentro mundial organizado por esta realidad eclesial que tendría un impacto decisivo en los tres. Era sumamente activa en el Movimiento Gen (Generación Nueva), de los Focolares, donde descubrió que Dios es Amor.
 
Tenía 17 años cuando un fuerte dolor en la espalda, que sintió durante un partido de tenis, provocó sospechas entre los médicos, quienes tras los primeros exámenes se dieron cuenta de que era cáncer de huesos. Con el tiempo, se repitieron las hospitalizaciones y los tratamientos se hicieron cada vez más dolorosos. Después de cada «sorpresa» dolorosa, Chiara repetía: «Por ti, Jesús, ¡si tú lo quieres, yo también lo quiero!».
 
Pronto llegaría una de las pruebas más duras: Chiara perdió el uso de las piernas. Una dolorosa operación no sirvió de nada. El dolor era inmenso, y la joven deportista atraviesa un túnel oscuro. A una de sus amigas, confía: «Si tuviera que escoger entre caminar e ir al Paraíso, no tendría dudas, escogería ir al Paraíso. Ya sólo me interesa eso».
 

Su relación con Chiara Lubich, quien la llamaba «Luz» (Chiara Luce), se fue haciendo cada vez más intensa. Cuando en el verano de 1990 los médicos decidieron interrumpir los tratamientos, pues la enfermedad era imparable, el 19 de julio, la joven informa a Chiara Lubich con estas palabras: «La medicina ha depuesto las armas. Al interrumpir los tratamientos, los dolores en la espalda han aumentado, casi no puedo moverme. Me siento tan pequeña y el camino que hay que recorrer tan duro... Con frecuencia, me da la impresión de que me sofoca el dolor. Es el Esposo que sale a mi encuentro, ¿verdad? Sí yo también repito contigo: ´si Tú lo quieres, yo también lo quiero´... ¡Contigo estoy segura de que junto a Él conquistaremos el mundo!».
 
Chiara Libich a vuelta de correo le respondió: «No tengas miedo, Chiara, de decirle “sí”, momento tras momento. Él te dará la fuerza, ten la certeza. Yo también rezo por ello y siempre estoy contigo. Dios te ama intensamente y quiere penetrar en la intimidad de tu alma y hacer que experimentes gotas de cielo. “Chiara Luz” es el nombre que he pensado para ti. ¿Te gusta? Es la luz del Ideal que conquista el mundo. Te lo mando con todo mi afecto...».

Chiara falleció el 7 de octubre de 1990. Había preparado todo: los cantos de su funeral, las flores, el peinado, el vestido --blanco, de bodas--... Las últimas palabras que le dirigió a su madre fueron: «¡Sé feliz, yo lo soy!». Su padre le preguntó si quería donar las córneas de los ojos, y ella respondió con una sonrisa de aprobación.
 
La causa de beatificación fue abierta en 1990 y el milagro reconocido ha tenido lugar en la ciudad italiana de Trieste.