«¿Quiere abortar?», es la pregunta inmediata que una mujer recibe en Cuba cuando el médico descubre que está embarazada. Por motivos como éste, María Concepción Morales Peralta, presidenta del movimiento Pro-Vida Cuba, se ha puesto manos a la obra para intentar cambiar esta situación. La isla caribeña tiene doce millones de habitantes, y estadísticamente la media de cada familia está en 1,6 niños, lo que se traduce en un índice de natalidad equivalente al de los países europeos con la tasa de nacimientos más baja, registrando también una evolución demográfica negativa.
 
«Educación para el amor», es el nuevo programa que ha puesto en marcha Pro-Vida para luchar por un cambio de mentalidad, con el apoyo de la asociación católica internacional Ayuda a la Iglesia Necesitada que, a su vez, lleva años luchando para que no haya más abortos.
 
La doctora Morales Peralta lo tiene muy claro: «Nosotros no intentamos cambiar la legislación como hacen otras iniciativas en otros países; nosotros queremos cambiar la mentalidad». Con este objetivo, ofrecen con regularidad ponencias, cursos y talleres donde informan a los estudiantes sobre las consecuencias del aborto y de determinados métodos anticonceptivos, así como sobre las ventajas de una planificación familiar natural. Explica la doctora que miles de jóvenes de toda Iberoamérica que estudian Medicina en Cuba se encuentran con una enseñanza acorde a una mentalidad que sólo propaga el aborto y la contracepción, y que impide una visión diferente: «Muchos se quedan horrorizados, porque llegan a Cuba con una visión de la vida completamente diferente y no saben cómo enfrentarse a este problema».
 
Para darse cuenta de la magnitud de esta corriente, podemos viajar a diversos países y comprobar que iniciativas que apuestan por el ideal del amor, son necesarias para no vernos obligados a hablar del rechazado derecho a la vida. Uno de los ejemplos, al que puede conducir el absurdo de esta actitud, queda patente en los llamados «abortos tardíos» practicados en Alemania. Estos casos son posibles gracias a la despenalización del aborto hasta poco antes del alumbramiento, al poder alegar indicios de que el niño podría nacer con alguna discapacidad y así «evitar que la mujer embarazada corra peligro de muerte o sufra graves daños físicos o psicológicos», según dicta la ley pertinente.
 
Y es que en tales circunstancias, la población se va haciendo a la idea de que matar a un niño antes de dar a luz no es nada malo, sino más bien un derecho al que pueden acogerse libremente. La respuesta para quienes se muestran a favor públicamente de este comportamiento es, en la mayoría de los casos, el rechazo y, otros, se limitan a guardar silencio o mirar hacia otro lado. Pero podemos ir más lejos, a lugares, como Cuba, donde «el aborto es considerado un medio legítimo para la planificación familiar», asegura María Concepción.
 
Lo que ofrece el Estado es lo ya explicado. La Iglesia apuesta en firme por informar, en primer lugar, a la generación joven, sobre lo que es un aborto y las consecuencias que tiene, y por las alternativas reales que tiene la mujer embarazada.